Bienvenidos

Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.




miércoles, 19 de junio de 2013

La clave de todo





(Para Mario Medina)



“Que todo lo consigue quien a sí mismo se vence: 
todo lo posee quien nada desea: 
todo lo puede quien tiene a Dios consigo: 
todo lo pierde quien de Dios se aparta”. 
(De un devocionario de 1832).




No desear nada. Es fácil decirlo, o escribirlo. 
Pero quién es el guapo (o guapa) 
que no desea nada, que se pone a ello, 
que le traen al fresco las mil minucias 
que se nos ocurren a cada momento. 

Austeridad discreta, vida 
frugal, pasar con lo imprescindible, 
sin crearse rocambolescas necesidades. 
Ay, con la de objetos tan apetecibles, 
y el dinero, y esa chica (o ese chico). Y esa ropa 
y esas vacaciones. (Parece que va contra natura). 
¿Cómo no voy a desear nada? ¿Cómo voy a vivir 
sin hacer realidad todas mis fantasías? 
El mundo es un descomunal escaparate 
de coruscantes deseos. 

“Todo lo posee quien nada desea”. 
Esos juegos de palabras 
serán muy profundos, pero no está la vida 
de la gente para muchos jeroglíficos. 
¿Quién entiende este galimatías tan místico? 
Pero se puede pensar un poco, considerarlo 
con cierta dosis de silencio. Veamos. El asunto 
está en la sobriedad de hábitos y costumbres. 

Que predomine el alma. 
Que la inteligencia y la voluntad 
están para lo que más conviene 
a la felicidad del sujeto, 
sin dejarnos llevar por la apetencia, 
por la concupiscencia de los sentidos 
o de la imaginación, siempre tan floreciente. 
Optar por llevarnos la contraria 
de cuando en cuando, hacernos fuerza. 

Un poquito de sacrificio enrecia. 
Por aquí se asoma la virtud -¡oh, sí, las virtudes!- 
de la templanza, sin ir más lejos, 
que nos puede venir muy bien 
para un mejor gobierno del alma, 
para una visión más plena 
de nuestro propio ser, de su existencia.

Puede que sean muchos los que malvivan 
de antojos, para una vida -se supone- 
lo más agradable posible. Placentera, 
matizarán otros. Que bastantes penas, etcétera. 
Que tampoco es para tanto, vamos. 

Pero me fijo en la palabra “todo”, 
y luego en la palabra “nada”. 
“Todo lo posee quien nada desea”. 
¿A que “todo” se refiere la frase? ¿Y a qué “nada”? 
“Todo lo posee…”. ¿Qué significa ese “todo”? 
Quizá se trate de una plenitud 
de estirpe espiritual. ¿Ese “todo” 
será el colmo del gozo, de una alegría 
que no está en la frivolidad, 
ni en el consumo, ni en esas elucubraciones 
y ensoñaciones y brillos y escaparates?

Instintivamente huimos de la exigencia 
que conlleva dominar los más variados apetitos. 
La tensión es fuerte, dura es la pelea 
sobre tan prolífica tentación. 
El corazón pesa a base del acopio de tantas cosas:
caprichos vagos, vanidad o florituras. 
Y sólo se asciende en el desprendimiento. 


“Todo”. “Nada”. “Todo”. ¿De qué se trata? 
¿De quién se trata? Dios, el alma. El alma en Dios. 
El vuelo, la felicidad, la gracia. 
Y vamos profundizando. ¿Conformarnos? 
No, no. Amar. De eso se trata. 

Amar a Dios y tener señorío sobre uno mismo. 
Pureza, mansedumbre, mesura. 
Sin fraudulentos arrebatos de vacíos y tristeza. 
El contento no es asunto de dinero, 
de patrimonio, o de colmar cualquier apetencia. 
Ese “todo” es la forma de afrontar la vida 
-la nuestra en primer lugar- y la conciencia. 

Ese “todo” es saber esgrimir con valentía
el alma en los desplantes de los días; 
en saber poner buena cara al asco, 
a la privación o a la desgracia. 
Ese “todo” radica en considerar la “nada” que somos, 
aunque pueda parecer que no nos falta de nada, 
o que somos algo (¡maldita ilusión!). 

Y podemos seguir ahondando otro poco más: 
no desear “nada” es desearlo “todo”. 
Y no es una fácil paradoja o juego de palabras. 
Es aspirar a la esencia, al alma de todo, 
al amor donde germina “todo”, y donde todos 
podemos llegar a encontrar la felicidad 
que anhelamos desde cualquier perspectiva. 

Sin cortapisas ni pecados 
que lastren por más tiempo el corazón 
en el progresivo vuelo
de ternura y santidad que es la sabiduría.







(Pintura de Paul Klee)


martes, 18 de junio de 2013

Cuando es el amor




Cuando al poema no le salen las palabras. 
Cuando acaricias enamorado sus vestidos. 
Cuando parece imposible amar más todavía. 
Cuando te quedas pensativo toda la mañana. 
Cuando sentado en el sillón pronuncias su alma. 
Cuando contemplas el cielo y dejas los libros.
Cuando encuentras en su corazón la poesía.
Cuando sólo deseas amarla y estar juntos.
Cuando todo se resume en el perfume de su piel.
Cuando el poema que escribes es sólo ella.
Cuando no concibes la vida de otra belleza.
Cuando su amor es lo único que sabes y quieres.
Cuando es Ana una de las bienaventuranzas de Cristo.

lunes, 17 de junio de 2013

Destellos




La vida. A vueltas con ella 
en sus recovecos de brisa, el gozo 
de vivirla, y aquellos versos... 

La vida, con sus costuras, 
y siempre esos flecos de literatura 
donde parece que todo está por nacer. 

Suena una música. Imagino 
delfines y una arena muy blanca. 
La vida y su elegía, y ese poso 
de palabras que alguien cantó una vez. 

Mi vida, la vida. Cada piedra 
que lanzaba de niño hacia la luz del cielo 
o a los destellos del agua. 

Pujante vida, estremecida 
de emociones y atardeceres y sueños. 





(Pintura de Natalia Goncharova)

domingo, 16 de junio de 2013

Disfrútala, sin más





Ante la belleza. 
Pero tiene algo de obsesivo 
el apresurado intento del poema. 

¿No sería lo más sensato 
disfrutarla sin más añadiduras?

Así, sencillamente.








(Pintura de Francine Van Hove)

sábado, 15 de junio de 2013

Poema-acuarela




Ayer, al mediodía, 
me senté al lado de una fuente. 
Cerrados los ojos escuchaba 
su sonido: líquida nostalgia 
en surtidores de luz y espuma. 
Y el alma removía el agua 
con las manos. Quietud, sosiego 
en salpicaduras de Dios y brillos. 
Sobrenatural atisbo: música, 
revelación, reflejo, aroma, ritmo. 
Poesía de agua. Acuarela 
donde se iba diluyendo mi vida
en el resplandor de su melodía. 







(Acuarela de Ramón Gaya)

viernes, 14 de junio de 2013

Lo único que somos





Tú me quieres. 
Yo te quiero.
En esto se resume todo:

tus ojos y los poemas
que se han escrito hasta la fecha
en cualquier idioma del alma;
y las grandes cordilleras,
y los océanos de belleza. 

Tú me quieres
y yo te quiero.

Nuestro amor es el quicio,
y es la causa que explica
el lenguaje universal del arte,
o las diferentes tonalidades
de Dios en el color verde.

Nos queremos.
Pero las palabras no saben
la absoluta intimidad
de lo que significa el amor
en nosotros.

Tú me quieres.
Yo te quiero.

Eso es todo.
Todo: 
lo único que somos.





(Pintura de Elin Kleopatra Danielson-Gambogi)


jueves, 13 de junio de 2013

Escudriñando en la biblioteca de mi vida





Me hace muy feliz 
ir de estantería en estantería, 
y remover despacio mi vida
por las páginas de sus días, ojear
la literatura, y su poesía, 
y sentarme en el suelo, o en una silla 
-quizá a la luz de una ventana-, 
cercado de portadas y lomos y libros 
abiertos todavía 
por distintos sueños.







(Pintura de Norman Rockwell)