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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


domingo 30 de agosto de 2009

El desafío de la educación de los hijos.


Son muchas las personas que toman la opción del mal (no puedo calificarlo de otra forma). Entre ellas no pocos jóvenes. Con total desparpajo y frialdad, con una inteligencia embrutecida que es incapaz de razonar y escuchar a los demás, en un rechazo absoluto -o casi- a cuanto les rodea o incomoda.

No es un problema del Estado, ni de los institutos o colegios, que tienen su indudable responsabilidad. Ni siquiera de la presión social. Los padres debemos ser mucho más conscientes de esta realidad. Porque las cosas no suceden de repente, de un día para otro.

La televisión, internet o cualquier otro cacharro tecnológico no van a educar por nosotros a nuestros hijos. No podemos aparcarlos con las cuidadoras, con los sufridos abuelos o con los vecinos de enfrente.

Los niños, desde muy pequeños, perciben todo con gran nitidez, y necesitan del cariño de sus padres, de su conversación y buen ejemplo. Aprenden lo que ven y escuchan. Y si la familia se limita a vaguedades sin cuento y a concederles todo lo que piden, no deberíamos extrañarnos el día de mañana, cuando vayan por libre y nos echen en cara nuestro egoísmo.

Debemos sacar inmediatas conclusiones. Todavía estamos a tiempo. Y nuestra sociedad será lo que nuestros hijos sean. Y la educación es, en su fundamento, algo nuestro, de los padres. ¡Apañados íbamos si la dejáramos en manos del ministerio de turno o de los boy-scouts! No debemos abdicar de esta sacrificada pero gozosa responsabilidad.

Porque en efecto, la educación requiere un gran esfuerzo, requiere estudio y dedicación, requiere imaginación y opciones, requiere estar encima de los hijos y decir que NO en muchísimas ocasiones.

No dejemos que por apatía nos arrebaten a nuestros hijos.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Quizá esa opción del mal tiene también un reflejo en ese preocupante desinteres de la juventud actual por aceptar compromisos a largo plazo. Hay que educar insistiendo en el valor de asumir riesgos, y de aprender que en tantas facetas de la vida el exito de verdad esta al final del camino, donde una de las claves es aprender a remontar aparentes fracasos que pueden ser vistos así en el corto plazo, pero de muy distinta forma una vez que uno mira hacia atras habiendo llegado a la meta.

Anónimo dijo...

Lo ha dicho el Papa hace muy poco: tenemos que acostumbrarnos los cristianos -igual esta no es la palabra- a vivir contracorriente, siempre a la contra de una sociedad descristianizada y menos feliz cada día.

Guerrera de la LUZ dijo...

Es muy fácil educar a nuestros hijos. Lo difícil es vencer nuestro egoísmo y nuestra pereza. Eso sí que es chungo.

Besos.

Anónimo dijo...

Educar es lo mismo

que poner un motor o una barca ...;

hay que medir, pensar, equilibrar ...;

y poner todo en marcha.

Pero para eso,

uno tiene que llevar en el alma

un poco de marino, ...

un poco de pirata, ...

un poco de poeta, ...

y un kilo y medio de paciencia concentrada.

Pero es consolador soñar

mientras uno trabaja,

que ese barco, ese niño,

irá muy lejos por el agua.

Soñar que ese navío

llevará nuestra carga de palabras

hacia puertos distantes, hacia islas lejanas.

Soñar que cuando un día

esté durmiendo nuestra propia barca,

en barcos nuevos seguirá nuestra bandera enarbolada.

Gabriel Celaya.

Anónimo dijo...

Para aprender vinimos.

Para mirar en torno y descubrir el mundo.

Para surcar en busca de palabras

que nombren nuestro asombro.

Para buscar en rosas virtuales

la esencia de la rosa.

Para crecer al tiempo que mengua nuestra sombra.

Para saber que somos porque fuimos

y seremos aún y algún día sabremos

quizá que habremos sido.

Para alzar con las manos, los ojos y los labios

la vida que soñamos y caminar unidos

por un puente de luz tendido entre los cuerpos.

Para vencer hermanos la sangre de la guerra

y su triste arrogancia de dolor y de muerte.

Para borrar fronteras y alzar una muralla

solidaria de versos,

una alcazaba tierna de jazmines

desde donde lanzar flechas de amor

que den al corazón directamente.

Anónimo dijo...

Porque educar es un arte, es crear, es llevar en nuestra alma y nuestro ser algo de marino, de poeta y de pirata; es poner algo de nosotros mismos en una obra, tal y como dijo Sócrates: “es despertar el potencial interior del ser humano para que pueda desarrollarlo y ejercitarlo”.

Educar es preparar a una persona para que pueda vivir su historia personal del mejor modo posible. Seducirla y despertar su interés y gusto con valores que la hagan libre para vivir y forjar su futuro.

El sueño de todo educador es poder ser la luz del faro que guía, orienta e ilumina el camino, a través de las enseñanzas, las experiencias, el conocimiento y las relaciones interpersonales.

Ser educador es convertirse en esas estrellas que son para esos barcos, para esos niños, signo y guía que mantienen el rumbo sin perder el norte.

Anónimo dijo...

¿Merecerán la pena tantos esfuerzos y disgustos? Los hijos te chupan la vida.
Una mamá agotada.