W. H. AUDEN
Siempre llegan. Siempre llegan esos momentos
en los que no te reconoces y eres otro muy distinto
al que suele habitar entre la prosodia de tus versos.
Gritos, sinrazones, ecos de una ira que se enrosca
a tu corazón como una boa constrictor
que quiebra la columna vertebral de tu mansedumbre.
¡Estás cansado de tantas cosas! Pero sobre todo
de ti mismo, necio incorregible y tan bobo.
No puedes más y te desmoronas en lágrimas
que lavan la impostura de aquellas palabras.
¿Por qué siempre hacemos daño a los que más queremos?
¿Por qué conspira nuestra iniquidad en las almas que nos aman?
Lloras con razón… Lloras como expiación y como homenaje.
Lloras porque la vida es una necesaria indulgencia, una velada
alrededor del tiempo y de la vulnerable intimidad del dolor.
Cuesta mucho pedir perdón, pero es peor el espanto
de la tristeza que tortura las vértebras del alma .
¡Perdonadme todos, os lo suplico! Perdonadme.





3 comentarios:
No sé lo que habrás hecho, pero desde luego no hay mal que por bien no sea. Un poemazo espectacular. Más que la perfección poética me gusta tu transparencia. Es como si te conociera desde hace mucho tiempo. (Y la verdad es que no te conozco de nada).
En la humillación de la petición de perdón, se esconde el intrépido gigante del amor.
¡Bravo!
Estáis perdonado ;)
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