mi alma del peso del cuerpo,
y no se acelere más el paso del tiempo
en esa prisa voraz hacia ninguna parte.
Ahí, quieto, miro el descuido de algún destello
que guiñe en el cristal el rostro del cielo.
Esa luz azul ceñida al sosiego
de un amor que abrasará tus miedos.





3 comentarios:
Buenos días y buen poema. Lo imprimo y me voy a trabajar, que ya es hora. Lo leeré despacio luego.
Ya lo he leído. Y varias veces. ¿Qué quieres que te diga?
La vida tiene su agotamiento y a veces te reconforta el reflejo de la belleza de un buen poema.
Publicar un comentario en la entrada