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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


sábado 29 de diciembre de 2007

Cosas sin importancia



Acabo de tender por la casa una colada de ropa. Podrá considerarse una estupidez que lo escriba, pero es que me parece un hecho importante en mi vida. Por la felicidad que supone en su sencillez cotidiana. Una colada más, una oportunidad más para descubrir nuevas palabras o escudriñar algunos versos de memoria. Media hora dedicada a trasegar con camisas, sábanas, toallas… El tacto de su humedad me ha recordado hoy cuando acompañaba a mi abuela al lavadero de su pueblo. Era en verano y era en la infancia. La ropa y yo sobre un viejo carretillo de madera roja, cuya única rueda de hierro dejaba por la calle el eco oxidado de su sonido.

Otras mujeres ya estaban allí, arrodilladas frente a la corriente del agua. A mí me gustaba descalzarme del polvo y sumergir los pies en los líquidos pliegues de su brillo. Estaba muy fría. La abuela me daba una prenda cualquiera y yo la lavaba con aquel enorme jabón de tajo, que se me escapaba de entre las manos como si fuera hielo. Todavía escucho las carcajadas de aquellas mujeres, casi todas vestidas de negro, cuando la muerte vestía de luto y el olvido no tenía tanta prisa. Y yo las salpicaba con mis juegos… Hablaban entre ellas de sus maridos e hijos, y de las cosechas.

El tacto de la humedad de las prendas logra que se me arruguen las yemas de los dedos, mientras las ordeno. Y las pongo en los radiadores, porque fuera hay niebla. Las camisas las cuelgo en perchas. Y me quedo contemplándolas con fijeza, ahí, sin cuerpo, vacías. Son el reflejo de los días, de los colegios, de los juegos, de mi trabajo. En ellas está el roce de otras vidas. El abrazo, la palmada en la espalda o en el hombro, el brusco agarrón del fútbol… O esa huella de tinta que no se acaba de ir del todo. ¡Qué importantes son estas cosas sin importancia! Porque las haces con alma, y casi siempre sin ganas.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Esas cosas son las que verdaderamente importan, las que tienen aliento de eternidad.

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo contigo.

Elías dijo...

Me parece un escrito ejemplar y muy emotivo, de verdad.

Anónimo dijo...

Me da mucho gusto ver la impronta de lo doméstico en su escritura. La hace más cercana.

Paloma dijo...

A mi me encanta tender la ropa. Un tendal lleno de ropa bien tendida, con las pinzas bien puestas, la ropa estiradita, y mucha ropa, de muchas edades y colores. No sé por qué, pero me produce alegría cada vez que lleno las cuerdas con la ropa de los míos, y después contemplo la obra bien hecha y siento que ese es mi hogar.