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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


jueves 20 de diciembre de 2007

Lo que nadie sabe de los Reyes Magos


Para Jaime, Cristina y Juan



Casi nadie sabe que los tres Reyes Magos además de gobernar sus territorios de Oriente, y de ser grandes sabios en astronomía, en botánica, en matemáticas y en medicina -entre otras materias-, eran muy aficionados a la literatura, a recoger historias y leyendas, e incluso a componer ellos mismos cuentos y poemas. Sí señores, Melchor, Gaspar y Baltasar eran poetas. Lo cual no es de extrañar, dada su afición a pasar horas y horas contemplando la inmensidad del cielo y a calibrar el alma de los hombres.

Lo que casi nadie sabe es que los tres ya se conocían antes del asunto de la gran estrella. Aquella que descubrieron casi al mismo tiempo y que les llevaría ante la presencia de la eternidad: Dios hecho niño. El caso es que se conocían por asuntos de libros, de los pergaminos y rollos de entonces. Poseían tres de las mejores bibliotecas de aquella época. Era tal su pasión que llegó un momento en que dejaron de lado a intermediarios y mensajeros, e incluso a los siempre beneficiosos espías. Y comenzaron a cartearse entre ellos.

Al principio, el asunto de dichas epístolas era de naturaleza exclusivamente bibliófila. Se intercambiaban libros raros, se informaban sobre la posible localización de una traducción árabe de la Metafísica de Aristóteles en una casa de apuestas de Roma, o de cualquier tema similar. Todo lo que pudiera ser susceptible de lectura les interesaba sobremanera. Y entre carta y carta, disposición y disposición, escribían algunos poemas.

Gaspar era un hombre de extremada sensibilidad y le daba más por lo lírico. Su cántico causaba una gran emoción en quien le leía o escuchaba, y se centraba mucho en la naturaleza, en la belleza de la luz cuando jugaba al escondite con las cosas. Melchor y Baltasar le admiraban. Gracias a su poesía ese intercambio epistolar fue haciéndose más íntimo, se fue llenando de confidencias y ahondamientos. Se contaban sus anhelos más profundos, sus deseos más rotundos. Eran ya amigos.

Por eso, poco a poco fueron interesándose más en la religión, en la existencia de Dios, en la necesidad que el hombre tiene de ser feliz, de buscar la plenitud de su ser. Cada vez hablaban más del alma… Pero el mal acechaba las fronteras de sus reinos y el corazón de sus habitantes. Baltasar era el más piadoso de los tres. Estudiaba las religiones y ninguna le satisfacía del todo. Pero rezaba. Y lo hacía con frecuencia sirviéndose de los poemas de su amigo Gaspar o de otros poetas. Poetas persas, babilonios, hebreos, indios, griegos, romanos, egipcios… Cada verso lo leía y releía, era un grito de amor que lanzaba al cielo.

Y en ese cielo fue donde un día vio Baltasar la gran estrella. Grande, hermosa como ninguna otra. Tomó el cálamo en su mano y con gran urgencia escribió a sus amigos Gaspar y Melchor. Después de unas semanas en idas y venidas de correos veteranos montados en briosos corceles, decidieron reunirse. Y fue así como comenzó la gran aventura de sus vidas. Se sintieron llamados por algo que trascendía sus reinos, su sabiduría, sus pergaminos… Melchor era el más erudito en astronomía, pero también en la cultura del pueblo judío. Había estudiado detenidamente la Torá, por lo visto un conjunto de libros de inspiración divina, compuesto en su cuerpo central por cinco supuestamente escritos por un tal Moisés. Había también libros de otros profetas menores, y otros más, donde destacaba el de los Salmos, escritos por el rey David. En algún lugar de esa obra judía se hablaba de un Mesías que redimiría al mundo de toda maldad y pecado.

Aquel viaje fue increíble. ¡Dios entre los hombres! Y todas las conversaciones convergían en ese niño que iba a nacer. Los tres Reyes Magos fueron los primeros apóstoles de Jesús de Nazareth. Recorrieron sus propios reinos, y otros más, hablando, escribiendo y cantando sobre ese niño. Eran portadores de la esperanza, de una fe recién nacida. Mientras Gaspar no dejaba de componer poemas... El último que quedó con vida fue Baltasar. Reunió todas las cartas que se habían escrito entre ellos, y los miles de versos de Gaspar, y los libros sobre astronomía de Melchor. Y se pasaba los días rezando poesía y leyendo los Salmos judíos a la luz de la mirada de Jesús.

Vivió tantos años que supo de su muerte en una cruz. Comprendió. Y escribió una larga epístola al prefecto de Roma en Palestina. Nadie sabe lo que llego a decirle. Dentro de esa carta había otra más. Al prefecto le rogaba le fuera entregada a Miriam, la madre del ajusticiado. Y se dispuso a bien morir. El alma se le escapaba por todos los poros de su piel. Deseaba unirse a aquel Dios niño al que una vez acarició y besó. Y en su agonía lo vio ante él. “Baltasar, soy yo, Jesús”, le dijo, “he resucitado y vengo a buscarte”. Melchor y Gaspar a su lado, glorificados. Los que estaban a su alrededor vieron como sus ojos lloraban, y como un resplandor milagroso envolvía su cuerpo.

9 comentarios:

Blanca dijo...

Delicioso, delicioso, delicioso. Una delicadeza de amor y de literatura.

Anónimo dijo...

Qué historia tan bonita!! Es usted un consumado escritor. Me ayudará a recrear los reyes con mis hijos.

Anónimo dijo...

Veo que tiene un libro: Vía Crucis para niños (y no tan niños) que ya compré hace algunos meses, ¿Tiene algo así pero de navidad?

Aragon Liberal dijo...

Guillermo: ¿puedo publicarlo en Aragón Liberal? Es magnífico!

federico

Laura dijo...

Por Dios, que te lo publiquen en mil sitios. Déjales que lo hagan, porque ese texto creo que es una parte estupenda de un libro sobre la Navidad. Escribe ese libro por favor.

Anónimo dijo...

Se lo leido a mis hijos y les ha encantado. Quería que lo supiera.

Luz Ma dijo...

la historia me parecio hermosa con mucho sentimiento, espero nos mueva el corazon no solamente en estas fechas y la enseñanza la pongamos en practica cada día de nuestras vidas y sobretodo con nuestras respectivas familias.

Anónimo dijo...

Debes escribir un librito siguiendo esta idea. Porque está muy bien.

Guillermo Urbizu dijo...

Puede que escriba un libro sobre la Navidad. Felices días a todos.