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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


lunes 24 de diciembre de 2007

No debimos dejar de escribir cartas

Recibí ayer una postal de Miguel D’Ors, en donde me dice “que últimamente estás muy callado (por escrito)”. Y es verdad, tiene razón. Lejos quedan aquellos años en los que escribía dos y tres cartas… al día. En los que mi forma de expresión preferida eran aquellas misivas a los amigos. Afirmación de mi cariño por ellos, desahogo de emociones, indagación intelectual y búsqueda de una forma de decir. Escribía deprisa, apurado por una vida en la que respiraba a base de lecturas.

El mismo Miguel D’Ors me incluyó en un poema, entre sus amigos grafómanos. Y mírenme ahora, casi se me ha olvidado el escribir a mano. No compro sellos ni sobres, y los amigos son una dirección más de correo electrónico. Mensajes cortos y largos silencios. Entre tanto arroba punto algo me he dejado por el camino aquellas cuartillas donde la amistad no paraba de narrar sus más curiosos avatares, y las mil y una glosas de tantos poemas y tantas obras literarias, que era lo que en realidad me importaba. Y no el trabajo en aquella fúnebre oficina.

Libros por doquier, o el amor que hacía brillar aquella tinta tan negra en aquella página femenina. Un amor que recuerdo inspiró a Jaime Siles nada menos que un soneto, “Himno a Venus”, que forma parte de su libro Semáforos, semáforos, de 1990: Amor bajo las jarcias de un velero, / amor en los jardines luminosos, / amor en los andenes peligrosos / y amor en los crepúsculos de enero. Así reza el primer cuarteto. ¡Qué cosas! Y es que las cartas son como una larga enumeración de nuestras vidas. Sucesos que pasean por la acera del alma y que van aflorando a la escritura.

Miguel tiene razón. He dejado de escribir cartas, he dejado de tratar con la habitual intimidad a mis amigos de otras ciudades. Y me arrepiento. Es cierto que ando mal de tiempo; que la familia, el trabajo, la lectura y lo que escribo no dejan apenas resquicio para nada; pero también es cierto que podría hacerlo, que debería hacerlo. Ya Pedro Salinas escribía en su Defensa de la carta misiva y de la correspondencia epistolar, que las tentaciones son muchas. En definitiva: las excusas. Todo lo que nos parece imposible en la vida es en realidad un elaborado entramado de excusas. ¿O no?

En ese sustancioso ensayo se preguntaba Salinas, y nos preguntaba: ¿Porque ustedes son capaces de imaginarse un mundo sin cartas? ¿Sin buenas almas que escriban cartas, sin otras almas que las lean y las disfruten, sin esas otras almas terceras que las lleven de aquellas a estas, es decir, un mundo sin remitentes, sin destinatarios y sin carteros? ¿Un universo en el que todo se dijera a secas, en fórmulas abreviadas, de prisa y corriendo, sin arte y sin gracia? Él se refería a los telegramas de entonces, pero nuestra lectura de hoy nos habla de los correos electrónicos, de los mensajes en sus más variados soportes tecnológicos. Porque sin darnos cuenta perdemos algo más que una buena costumbre, perdemos la capacidad de hilvanar nuestros pensamientos con cierta solvencia. Y nuestros sentimientos. Vamos perdiendo los matices de nuestra humanidad y educación. Sin darle casi importancia.

El alma necesita expresarse. Necesita de su gramática y de su caligrafía. De su arte. Y la carta es uno de los mejores instrumentos para ello.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Un rápido comentario. No puede ser de otro modo. Son las 9:30 pm aquí en Pittsburgh y aún me quedan muchas cosas que hacer y preparar, pese a ser un domingo. Que no me importa, es estupendo poder multiplicar la producción si el poroducto es bueno. Vamos a ver si estos puntos lo son, que lo serán, porque los inspira el amor de amistad.

Primero, ¡qué gracias hay que dar a Dios por tener estos medios de comunicación que, por ejemplo te permiten enjaretar cometarios 'in real time', sin perder comba! ¿Que por contra padecemos todas esas pérdidas que mencionas? Es el riesgo de todo avance. Es fundamental la madurez para usar con tino los bienes recibidos. Si se tiene, todo es para mejor. ¿Que ya no escribes tantas cartas? ¿Y qué son pues esto que estamos escribiendo, más que cartas abiertas? El problema no es que que no puedas escribir cartas, es que puedes escribir menos. ¡Escríbelas mejor a los mejores! Eres como un agricultor que plantaba árboles uno a uno, con mimo y pericia. Ahora puede plantar a máquina muchos más y más rápido. ¿Qué tiene de malo? Aún puede cultivar su propio huerto reservado.

El valor de lo que hacemos no es tanto la satisfacción que nos reporta, su 'calidad', sino el grado en que son beneficioso. Si vemos la historia globalmente, los beneficios son progresivamente mayores, aunque se requiera una reflexión de cuando en cuando -com la que has hecho- para comprobar y corregir el rumbo y mejorar el estado de la nave.

Insisto en la necesidad de ganar perspectiva. Por los mismos motivos que tú -esencialmente muy fundados- podrían haberse lamentado de igual guisa amanuenses rebasados por la imprenta. Algún salinas de entonces. Sería la nostalgia del pergamino, en vez de la carta. Pues, sinceramente, no cambio los medios electrónicos por la escritura manual, como no creo que to cambiarías la imprenta. Por cierto, este año, aunque he hecho amplio uso de estos medios, voy a usar la caligrafía para escribir a un par de amigos, uno de los cuales a su vez me ha escrito de puño y letra. Pero serán sólo dos. En compensación, he podido escribir a muchímos -como tú aquí y ahora- a los que de ningún modo hubiera podido escribir de otra manera. El balance, pues, muy positivo.

Y qué decir de los e-books, los libros electrónicos que puedo leer 'on the go', no importa las circunstancias. Y no sólo leer, sino escribir. Sólo necesito mi ordenador de bolsillo y un -mal llamado- lápiz óptico (y aún ni eso, que ahora el los 'smart phones' vienen con teclado plenamente funcional). ¡Esto es vida! Y no creo que me pierda mucho del contenido de los libros por leerlos de ese modo, o no más de lo que perdería por leerlo a la luz de un candil mortecino en el Siglo de Oro. Francamente, en conjunto, prefiero el siglo del acero y el cristal.

Por otra parte, esa mensajería moderna carece ciertamente de gracia -pero no de ingenio, como en el caso de del 'texting' juvenil (y ves, todos esos jóvenes se comunican como nunca huieran podido hacerlo; ahora bien, necesitan de buen juicio para seleccionar de entre tantos corresponsales los que realmente le conviene tratar), y los 'emoticones'.

Bueno, pues al comenzar eran las 9:30 pero ahora son las 10:00. Reapaso para ver si alguna falta de ortografía o mecanográfica en este comentario, y lo mando. Aprovecho para añadir que esto si es algo de que adolece la comunicación eléctrónica, el no revisar y dejar los comunicados en forma presentable. Pero como siempre, es el cantante, no la canción. Esto ocurre porque los e-redactores consideran que dada la importancia del destinatario, no merece la pena molestarse en corregir y mejorar. pero es por ser ellos como son, no por el medio que emplean. Más fastidioso era -y es- es utilizar el 'typex', y lo utilizaban.

!Un abrazo, campeón!

Raquel dijo...

Todo un acierto el artículo sobre las cartas y nuestra falta de voluntad actual para dedicar tiempo a esas actividades tan espirituales como escribir cartas de amor, cartas de amistad... Cartas, cartas. Vivimos incomunicados entre tanta superchería tecnológica e inmediatez que no nos deja ver más allá de nuestras inmensas narices. Nunca ha habido en el mundo tanta soledad como ahora, tanto silencio, tanto egoísmo. ¡Como para escribir cartas estamos! Tenemos muchas cosas que hacer, y al final de todo ¿qué hacemos que merezca la pena?

Anónimo dijo...

Yo estoy por la tecnología, pero reconozco en su atinado artículo un examen de conciencia. Gracias.

Carmen Bellver dijo...

Guillermo: nos reencontramos en la red. Unas breves líneas para desearte mucha felicidad junto a los tuyos.
Que el Niño Dios os colme de bendiciones.
Paz y bien. Feliz Navidad a quienes pasen por aquí

Anónimo dijo...

Amo el arte epistolar. Y pese a las ventajas de la comunicación inmediata, etc.,nada como el papel y el bolígrafo... Y luego esa entrañable espera de la respuesta, cavilando mil sueños, hasta que el cartero llega, y sopesas la carta en tus manos, sin abrir, durante un buen rato.

Rosa dijo...

De verdad, es que me encanta como escribe. Estoy con usted. Mis hijos y muchos como ellos, a base de tantos aparatos no saben expresarse por escrito y leer les cuesta mucho.

Anónimo dijo...

Yo sigo escribiendo cartas y postales. El ordenador no me ha quitado las buenas costumbres.

F.M. dijo...

Queridísimo Guillermo: ¡Cuánta razón tienes! Con estos "apuntes" de carta que son los envíos de correo de internautas hemos llegado a perder el hábito, y casi la posibilidad de escribir una carta "como Dios manda"...Ese género literario que no sólo cuajó en ejemplos artísticos de nota, sino en mensajes divinos específicos cuales son las "Epístolas del Nuevo Testamento" , e incluso en toda la Biblia, que siempre se ha entendido como una inmensa y entrañable "CARTA DE FAMILIA" que Dios ha ido escribiendo, a lo largo de los siglos, a esta Humanidad averiada, desgraciada y tan necesitada de su divina comunicación y de su providencial atención...

Hace poco, con motivo de una transmisión de Radio María , comenté con alguna persona entrañable para tí, que yo me encontraba, respecto a relación epistolar contigo, en situación de "fuera de juego" ("of side" -"ofsaid"- decíamos de pequeños, en un inglés mal procunciado, cuando el fútbol era cosa más deportiva que montaje comercial), "fuera de juego", digo, respecto a tí. En efecto...

Te debo una carta...Y no es porque tenga yo que responder a la que tú, en cierto modo, sí me debes... (pero no te apures, que no quiero robar un minuto a tu tiempo, tan mermado por esta motivada obligación tuya, tan estrafalaria como necesariamente repartida entre familia, trabajo profesional, atención a consultas internáuticas, y redacciones literarias a impulsos de soplos invisibles e incontrolables de unas Musas tan potentes como realmente inexistentes).

Te debo una carta, te repito, pero, aquí me tienes, que me falta a mi también el tiempo, y me sobran los deseos, las ansias y ansiedades de tantas y tantas cosas que compruebo que habré de dejar para la serena eternidad en la pacífica posesión del seno entrañable de nuestro Buen Padre Dios, y en los brazos y en los labios dulcísimos de una Madre cuya continua intercesión me ha sostenido, me sostiene y tendrá que seguir sosteniéndome todo el mucho (o ya poquísimo) tiempo que me quede para seguir poniendo a prueba, sin querer, pero queriendo, al Amor Incomprensible de Dios...

Te debo una carta... Pero, entre tanto, válgate este "auténtico sucedáneo" (como se decía en mis tiempos infantiles de postguerra) de un saludo por el aire indefenible de las redes misteriosas de Internet...

Para tí, para todos los unidos a tí por los vínculos de sangre, y para todos los unidos a tí por los lazos del espíritu, mi deseo de una FELIZ NAVIDAD.

Fernando Mendoza.

Adel dijo...

Para empezar la frase que me gustó: "Por las aceras del alma" quizá me hayas regalado un buen título para un próximo cuento o quizá novela. En cuanto al olvido del papel y la pluma, la crítica está quizá no en la cantidad de verba derramada o desparramada sino en la calidad y la forma como se gestan, se tejen y destejen las palabras que digamos o callemos. Lo que me queda claro es que para todo lo que hagamos, o dejemos de hacer, digamos o callemos se necesita un toque de elegancia y una dosis de magia y fantasía, por supuesto, hablo de arte.

Adelmo Bámaca dijo...

Para empezar la frase que me gustó: "Por las aceras del alma" quizá me hayas regalado un buen título para un próximo cuento o quizá novela. En cuanto al olvido del papel y la pluma, la crítica está quizá no en la cantidad de verba derramada o desparramada sino en la calidad y la forma como se gestan, se tejen y destejen las palabras que digamos o callemos. Lo que me queda claro es que para todo lo que hagamos, o dejemos de hacer, digamos o callemos se necesita un toque de elegancia y una dosis de magia y fantasía, por supuesto, hablo de arte.

Adelmo dijo...
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