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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


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viernes 30 de noviembre de 2007

Algo te retuvo


Para Sara Martín


Camino de una cita literaria algo te retuvo
a las puertas de aquella iglesia.
Entraste atraído por el cántico de unas voces puras.
Apenas una docena de personas miraban cara a cara
el resplandor de Dios en su custodia de música.
Te arrodillaste en el centro del templo y de lo eterno,
en el centro del tiempo y del corazón de la historia.
Extenuado por la lectura de tantos libros cerraste los ojos
para ver la dulzura de una luz crucificada.
La cabeza entre las manos, sin pensar nada.

La situación de la literatura... española

Te han preguntado en una entrevista de radio sobre la situación de la literatura en España. Sinceramente, hubieras preferido hablar sobre la situación del alma en España. Que no es lo mismo, pero que tiene todo que ver. Porque cuando un escritor escribe sin alma, o con el alma descerebrada, no hay literatura posible. Es otra cosa. Un sucedáneo, un encuadernado eufemismo, un negocio o una vanidad insufrible de leer. En definitiva, una serie de milongas ensartadas en la sintaxis de cierta pragmática editorial.

Que no te vengan con esos tópicos convencionalismos intelectualoides de saloncito burgués, con esas poses engreídas recauchutadas una y otra vez en la recíproca alabanza de provincias. Cuando tu escribes “alma” no estás hablando de beatas, incienso y sacristía. Estás hablando del proceso espiritual que es el devenir del hombre, de esa necesidad absoluta que tenemos de expresar lo imposible. Estás hablando del quicio de nuestra existencia, de ese ir abriéndonos paso hacia la felicidad o la belleza a través del dolor y de la angustia.

Reivindicas el alma. Alto y claro. Porque crees en la dignidad del hombre, porque respiras el aroma de la música y porque lees de cuando en cuando algunos libros o poemas que te hacen sentir la real envergadura de las cosas. Reivindicas el alma porque tienes ojos para ver la perspectiva incandescente de las primeras nieves y la claridad de la luz cuando estalla en la mirada de tu mujer. Reivindicas el alma porque sientes que todo es nuevo bajo el sol y que las palabras traducen la identidad de Dios. ¡Sí, Dios! Y alma, y resurrección…

Toda la literatura es espiritual. Porque no puede ser de otra manera. Llámese Conrad, Faulkner, Homero, Quevedo, Unamuno, Ribeyro, Thomas Mann, Rilke, Siles o Vila-Matas. El anhelo del hombre es una constante búsqueda, una sed que no se apaga en lo superficial. Por eso las palabras indagan sin pausa en el silencio del pasmo, en el espejo oscuro de la tinta o en el desnudo instante del amor que se debate entre las sábanas.

Decir alma es decir vida interior, sustancia, poso, algo. ¿La literatura en España? Un poco de todo. Premios superlativos, adjetivos remunerados, metáforas engominadas y la costumbre de la mercadotecnia. Y de fondo, algunos supervivientes de la excelencia literaria, algunas sorpresas de última hora (¡ay, esas gafas de sol para días de lluvia!) y algunos poetas que se demoran en el alma de nuestras vidas. Por ejemplo José Carlos Llop, en su avenida de la luz.

jueves 29 de noviembre de 2007

Nada es igual


Nada es igual al amor de Ana.
Fijaos que verso más exacto
para dar comienzo al poema
en su apariencia de palabras.

Nada es igual al amor de Ana.
A su lado la vida es más
perfecta, en todas sus caricias…
La belleza es estar con ella.

Nada es igual al amor de Ana.
Alrededor de su cintura
gira la ternura de mis piernas
y el tiempo en su infinita llama.

Vértigo


Me paro en los escaparates para que descanse
mi alma del peso del cuerpo,
y no se acelere más el paso del tiempo
en esa prisa voraz hacia ninguna parte.
Ahí, quieto, miro el descuido de algún destello
que guiñe en el cristal el rostro del cielo.
Esa luz azul ceñida al sosiego
de un amor que abrasará tus miedos.

miércoles 28 de noviembre de 2007

La novela "El Círculo" y el ensayo "Cristianos venidos del Islam"

Que sí, que en la variedad está el buen gusto, y que entre lo vario uno acaba encontrando la horma de su zapato literario. Desechemos los prejuicios de una vez y leamos con atención los textos. Insisto: con atención. Insisto: los textos. La devoción vendrá luego. Si es que llega o lo merece. Y si el libro es un chasco o produce algo parecido a una urticaria intelectual o al asco, recomiendo el olvido. Chitón y a otra cosa. Regodearse en lo mediocre no merece la pena y deja arrugas en el alma.

Y dentro de toda esa variedad hoy traigo a colación dos libros muy distintos. Ninguno es una obra maestra. Pero tienen su aquél, tienen su interés. Al menos para mí. Uno por su intriga criminal, y el otro por la tragedia de unos hombres a los que otros hombres no dejan ejercitar su libertad. Demos comienzo.

La intriga viene de la mano de la novela titulada El círculo, de Peter Lovesey (La Factoría de Ideas). El tal Círculo es nada menos que un círculo de escritores aficionados, amateur. Se reúnen sobre todo por vanidad -en eso no creo que se distingan nada de los llamados profesionales. Un editor entra en escena. Peligro, peligro. Les promete mucho, pero las expectativas se van diluyendo en nada. Y un buen día aparece muerto. Detienen al presidente del Círculo, mientras los demás intentan exculparlo. La cosa se complica y trasciende, por lo que acude al lugar de los hechos una policía experimentada.

Pero al poco tiempo la escritora-secretaria del círculo muere también asesinada. Y no tarda en morir otra integrante del Círculo. Tres homicidios con el mismo modus operandi. Al presidente lo sueltan. Policía y escritores investigan en diversos planos. Y en esas estamos cuando aparece una fotografía del editor con… De por medio chantajes, ambiciones desmedidas y un ritmo narrativo trepidante de ágiles diálogos. Parece un guión de cine. Pura acción, sin contemplaciones con el lector. Todo el mundo tiene algo que ocultar y el mal que le hayan hecho a uno es muy difícil de olvidar. Queridos amigos de la intriga: indaguen, indaguen.

La tragedia de la que les hablaba es un drama que no pocas personas intentan vivir con la alegría de su conversión. Cristianos venidos del Islam; historias de musulmanes convertidos al catolicismo, de Giorgio Paolucci y Camilla Eid (LibrosLibres). Se le ponen a uno los pelos de punta leyendo este ensayo. Mejor dicho: este cúmulo de vidas a las que sus nuevas creencias les situa en un brete que podría terminar en martirio al mínimo descuido. Porque no hay que olvidar que en el Islam el apóstata debe ser asesinado. Y así entramos de lleno, como digo, en las vidas de personas con inquietudes religiosas, a las que no acaban de llenar lo que tienen. Gente que lucha con la incomprensión más brutal, con el rechazo familiar y con la condena social.

Muchos son los católicos conversos que se ven obligados a ocultarlo -si quieren sobrevivir- y actúan hacia fuera como musulmanes. Pero no todo es negativo y dramático, porque nos cuentan la satisfacción que les da la fe en Cristo, con esa alegría que les hace afrontar cualquier situación sin considerarse especiales. Otros cuentan que lo que les movió a preguntarse cosas es el trato que se da a la mujer en el Islam. Algo no cuadra. O hijos de matrimonios mixtos en sociedades occidentales a los que no les gusta ese entorno musulmán en el que viven, donde el alma está como encorsetada en prohibiciones. El amor a la libertad se alcanza en la libertad del Amor. Fascinante el libro. No vayan a pensar que estamos ante un libro denuncia. Es mucho más que eso: es la descripción de “una realidad hasta ahora muy desconocida”. Y no es un libro sólo para católicos encantados de haberse conocido. Es un libro para todo aquel que quiera ver un poco más allá de sus narices.

Y ahora toca leer.

Fantasía romántica



Tú sigues siendo para mí la luz
JAMES LAUGHLIN


Lánguidamente te pones sobre el deseo la camisa.
Piensas en su piel mientras escuchas el agua de la ducha.
Abres las cortinas y la luz mana a oscuras,
tanteando la ropa, los libros o las sábanas de la cama.
Te abrochas los botones como si fueran los puntos suspensivos
de alguna caricia que ahora no recuerdas.
En esta habitación evocas el sonido del bosque de coníferas
o el asombro de Rembrandt pintando a Betsabé o el canto de Orfeo.
Y buscas el amor en el níveo seno de los días, en la soledad
de la lectura o en esa fantasía romántica que son sin duda tus poemas.

martes 27 de noviembre de 2007

Yo, Vicente Ferrer "El Ángel del apocalipsis"

Esta tarde presento en Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Zaragoza, a las 19,30 horas, una novela histórica muy muy interesante: Yo, Vicente Ferrer "El Ángel del Apocalipsis", de Jesús Caudevilla (Styria).


Esta novela de género histórico tiene varias cualidades: que está escrita con un respeto y un rigor extraordinarios a la hora de afrontar la vida de uno de los más grandes santos de la Iglesia Católica (lo cual no es poco en los tiempos que corren), que su lectura además de amena es sumamente instructiva, que puede considerarse como una especie de autobiografía apócrifa del propio san Vicente Ferrer o como un libro de viajes, y que el estilo de su escritura es sobrio y elegante -nada dado a florituras y frases subordinadas y pedantes.

Me ha alegrado mucho leer un libro como este. Me ha recordado a veces a las novelas de Louis de Wohl, que no por escribir vidas de santos -entre otras muchas cosas- era un escritor que escribiera con agua bendita. Tienen los dos, Caudevilla y Wohl, una intensidad parecida, una capacidad muy propicia para llegar al fondo de la existencia de un hombre de Dios, de un místico con los pies en el suelo de su tiempo y de la Historia. El prestigio de san Vicente Ferrer fue tremendo, en la devoción de los más sencillos pero también en la admiración de los poderosos, como el Papa Luna, Benedicto XIII, o reyes varios. Desde luego su figura fue en su tiempo una constante referencia a la que todos acudían en busca de ayuda, de curación, de consejo o de doctrina.


Pero me voy, que tengo que presentar el libro. En toda su extensión literaria y en toda la emoción de un alma.

Percepción


En el reflejo del agua flota
la luz en su cadencia de gotas.
Veo el tiempo que brilla y se agota
en música de líquidas notas.

El Ejército Negro

Hay un libro juvenil que mis supuestos lectores y los hijos de mis supuestos lectores, no se pueden perder. Se trata de la segunda entrega de “El ejército negro”, de Santiago García-Clairac (todo ello editado por SM), una persona estupenda, simpática y de una gran imaginación a la que tuve la suerte de entrevistar en la radio el pasado año. La primera parte de la trilogía, El Reino de los Sueños, me dejó muerto de envidia y literariamente feliz. Porque la calidad de la escritura del autor es capaz de elevar al lector a una muy alta cota del deleite. Es todo: la perfección de su trama, la constante alegoría, el homenaje bellísimo que se prodiga en todas y cada una de sus páginas a la literatura, el amor por los símbolos, la constante acción e intriga, el inicio y consolidación de un romance…

Dos dimensiones paralelas en el tiempo: el presente y la Edad Media, unidos en la figura de Arturo (sí, Arturo) y su amiga Metáfora (sí, Metáfora). Defendiendo el bien y la justicia. Y este chico tiene un gran don: una especie de tatuaje o de marca extraña en la cara, en forma de una A mayúscula con matices de cabeza de dragón, que cobra vida y le defiende. Pero hay más letras, muchas más. Letras que se unen en formas diversas… y que toca al lector descifrar. Y poco a poco va conociendo al otro Arturo, se va conociendo a si mismo en las asechanzas y peligros de un lugar y un tiempo que él, al principio, creía sueño.

El bien contra el mal. El ejército negro que llegara a capitanear no deja de ser una alegoría de la tinta. La tinta negra de todas esas letras que combaten por un mundo más pacífico y por una literatura más inteligente. Y viceversa. Esa tinta que se adhiere a su cuerpo y que nutre las almas. Y que nosotros, lectores, no dejamos de admirar en su estupenda trabazón. Ahora en la continuación del segundo volumen de la trilogía, El Reino de la Oscuridad. Que se disfruta todavía más que el primero. Porque García-Clairac va profundizando con sagaz maestría en el tratamiento de los personajes y en las sorpresas de la historia. Está disfrutando con lo que nos cuenta. Y se nota.

No dejen pasar estos dos volúmenes. Háganme caso. No hay nada mejor en la amplísima oferta de la literatura juvenil. Incluso Laura García -que es tan gran escritora como entusiasta lectora- me confesó su admiración por este libro, por El Ejército Negro. Ahora les toca a ustedes.

lunes 26 de noviembre de 2007

En desagravio


Es tan descabellada la inclinación al mal que llevo dentro, tanta la ignominia con la que vuelvo a entregar a Cristo a cada momento, que pierdo el sentido de lo bello y de la justicia que rige el Universo. Total por esa fantasía que deja el sabor amargo de la mentira. Por ese constante descuido de Dios que me lleva a dar vueltas y más vueltas en el tiovivo de mi mismo, perdiendo el equilibrio del alma y dando traspiés en el camino. ¿Excusas? Todas. La imaginación no cesa de estamparme contra esa multitud de bobos espejismos que me asaltan en cualquier modo y circunstancia.

Y es que no acabo de afinar mi entrega a la ternura divina. No, no acabo de creerme del todo que soy hijo de Dios y que por lo tanto mi comportamiento requiere de una educación más sobrenatural -y de una mayor entrega-, precisamente para ganar en excelencia humana. Si lo creyera con más fe mi vida no sería esta continua desbandada de palabras y buenas intenciones. Me estoy jugando la felicidad en cada uno de mis actos. Por lo tanto debo ser más fuerte en la piedad, en el sacrificio, en la humildad, en el ejemplo… Debo mirar más de cerca a Cristo mientras dure la lucha.

Porque estoy luchando por ser santo. Quiero luchar por el Amor a cualquier precio (¿lucho de verdad?). Y cuento para ello con la gracia y con la misericordia de Dios, lo sé. Pero miradme: desperdicio el significado eterno de casi todo lo que hago, ensimismado en caprichos, en naderías que absorben mi tiempo y mi aliento. No debo ser tan descuidado en los detalles si quiero asimilar más nítida la alegría. Y hacer partícipe de ella a los demás. La verdadera alegría digo, no el estrambote adulterado de una superficial o hueca espiritualidad.

El mal existe. Y ruge a mi alrededor, o se me insinúa sutilmente en el baile procaz de mil máscaras. Y sé que sólo triunfa el que reza, el que se enamora de Dios, el que cree todavía en la pureza y en la caridad. Con pulso firme. Y a pesar de las heridas y de la tristeza que provoca Satanás, debo resucitar siempre en el divino abrazo del hijo pródigo.

De camino


Delante de la vieja casa
se sienta un banco de madera.
Deslucido por la humedad
y el tiempo, hoy a nadie espera.
Lo acompaña la soledad
de una luz vestida de lluvia.

domingo 25 de noviembre de 2007

La épica del domingo




Toda una tarde en la plancha. Es domingo.
Las flechas asolan las filas griegas
y los niños admiran la destreza
de Aquiles con su muy letal espada.
No, no es menos épica mi familia:
en la batalla de cada comida
o con estos puños de las camisas.
Y aprieto los dientes mientras agarro
con fuerza la plancha y lucho por Troya.
Mi vida a cambio del amor de Helena.

sábado 24 de noviembre de 2007

Con ese frío y con esa niebla


Cuando te quedas solo en casa te entra la duda.
No sabes si terminar de leer esa novela que te tiene en vilo,
o ponerte a escribir aquella reseña sobre Conrad (Lord Jim),
o trabajar en ese poema balbuciente, o pulir las aristas
de un texto que versa tal vez sobre tu propia adolescencia.
O quizá limpiar el polvo de las puertas mientras suena
en la casa "Dile al sol", de La oreja de Van Gogh.
Pero el desequilibrio de la duda y un poco de pereza
te lleva inexorablemente a la terraza. Aunque haga frío
y la niebla tiemble en tu mirada. ¿Qué haces allí?
¿Qué haces? Pues nada y todo. Estás allí, respiras,
arrancas las hojas secas de tu vida… Y piensas en tus hijos.
Piensas en lo que escribes, en quien lo lee. Piensas en tu alma
y en todas esas palabras que van a dar al silencio.
Te sientas y cierras los ojos, y no sabes si es primero tu alegría
o la elegía. O tal vez sean lo mismo, desde otra perspectiva.
Estás allí, rezando lo que piensas. Escuchando a Dios
entre el ruido de la calle. No te cambias por nadie. Crees
en el amor, en tu familia, en la belleza de un buen poema…
Y en el interior de una bien nutrida biblioteca. Ahí
donde se esconde tu jardín, y la aventura, y la melodía
de los chopos, y aquella fotografía de tu madre en la Selva de Oza.
Eres feliz. Allí, en la terraza. Con ese frío y con esa niebla.

viernes 23 de noviembre de 2007

A un joven poeta


Acabas de leerme un poema que habla
de una luz y de una mañana.
Y no sabes qué hacer ahora
con tanto silencio en tu boca.
No sabes en qué postura poner el alma
dentro de todas esas palabras.

La elegancia del erizo

Son cada vez más las novelas que se sirven de la pasión literaria como trama. Como rescoldo de la esperanza del hombre a través de unos personajes que reflejan el boceto de una autobiografía. La del escritor. Que es lo que ocurre en La elegancia del erizo, de Muriel Barbery (Seix-Barral). La literatura ejerce una especie de misión redentora, de realidad trascendente y crítica con un mundo que es incapaz de aportar un mínimo de sensibilidad, y ya no digamos de felicidad.

El lector que ande enamorado de los libros disfrutará mucho con esta novela. Y el lector ocasional percibirá que la buena literatura puede salvarnos la vida, tanto de la martingala rutinaria como de la obsesión materialista que nos fustiga el alma con su tedio. La sequía espiritual es tan abrasadora que es muy difícil aguantar. Tanto a la portera Renée Michel como a la niña de 12 años -vecina de la casa- llamada Paloma les es muy difícil respirar ese cúmulo de hipocresía social. Todo un engranaje de supercherías que es incapaz de colmar el anhelo de verdadero afecto que buscan las dos.

El inmueble está situado en una zona muy elegante de París, la calle Grenelle 7. Ahí nos encontramos, de entrada, con la susodicha portera. Una mujer de apariencia vulgar, embutida en sus reducidas cuatro paredes. Pasan los vecinos, y pasamos nosotros… Pero nada es lo que parece. Renée es una mujer de aspecto no muy agradable y de genio bastante vivo y poco simpático. Nada hace sospechar su poderosa vida interior. Porque es una privilegiada.

En efecto, todo lo negativo y doloroso, todo su aburrimiento existencial e incomodidad con los demás, ha encontrado su envés en la literatura. En ese rincón tenemos a una lectora que devora libros. En ellos va encontrando sentido y pasión por la vida. Por su propia vida. Ella es la que da título a la novela. Ella es “la elegancia del erizo”. Los pinchos -esa antipatía o “indolencia”- son su defensa, aquello que preserva su alma de la superficial perspectiva que la rodea, y de la que es cada vez más consciente.

Y de ello se da cuenta Paloma, una niña que pese a su edad, percibe esa elegancia, esa vida más plena de Renée. Pero ella no aguanta más, no está dispuesta a soportar por más tiempo la inconsistencia de su familia y esa tremenda soledad. Quiere suicidarse. Y en estas aparecerá un nuevo vecino, un japonés que será como el ángel de la esperanza. Alguien capaz de escuchar, de interesarse por los otros. Alguien a quien no le importa nada lo que puedan decir las comadres del cotilleo. Kakuro Ozu se llama.

Desde ese momento los tres personajes comparten sus confidencias. Sobre la vida y sus lágrimas, sobre la literatura y la belleza, sobre tantas y tantas cosas. Son amigos. Todo esto lo aprovecha muy bien la autora para ir desgranando su personal ajuste de cuentas, de crítica a una sociedad tan injusta como deslenguada y materialista; sus ideas estéticas y gustos literarios, etc. Al final de la novela hay unas páginas deliciosas. Allí leo: “(…) quizá sea eso la vida: mucha desesperación pero también algunos momentos de belleza donde el tiempo ya no es igual”.

Lo confieso: me ha encantado La elegancia del erizo. Es de esos textos en los que encuentras una buena parte de ti mismo.

jueves 22 de noviembre de 2007

De absolutos




Para Juan Luis Saldaña


Tal vez la poesía es
el ser de todas las cosas.
Pero sé que también es
el pensamiento del alma.

Fernando Fernán-Gómez, un buen escritor

Ha muerto Fernando Fernán-Gómez (1921-2007). Actor, director, magnífico escritor de obras dramáticas, de novelas, ensayos y poesía, así como académico de la Real de la Lengua. Destacan en titulares los medios de comunicación lo más sensacionalista. Que si su mal genio, que si ese temperamento (una vez y otra veo en televisión su ya legendario “¡váyase a la mierda!” a un pesado que pasaba por allí), o su primer matrimonio con la entrañable cantante María Dolores Pradera, y el segundo con la gran actriz Emma Cohen. En fin, esas cosas.

Pero yo quisiera fijarme un poco en su faceta literaria, de la que podía considerarse bastante satisfecho. Lo último que leí de él fueron precisamente sus memorias: El tiempo amarillo: memorias ampliadas (1921–1997), publicadas en 1998 por Debate. Su escritura se distingue por su sobriedad y encomiable precisión lingüística. Por su ironía y por la estela de melancolía que van dejándonos sus líneas. Es una prosa que enfoca la vida con la precisión del poeta. Sabe que la vida es muy poco sin el lenguaje, sin esas palabras que representan las cosas y dan fe de su memoria. Y a propósito de poesía, les recomiendo leer su El canto es vuelo (Visor), aunque él se consideraba sólo un mal imitador de poetas.

En cuanto a sus novelas he de decir que cultivó con gran dignidad la novela histórica. La última de ellas Capa y espada (Espasa y Calpe) data de 2001 y es una verdadera joya narrativa. En ella sigue la pista del asesinato de don Juan de Tassis, Conde de Villamediana, poeta y político del siglo XVII, y por lo visto también seductor y amante de Isabel de Borbón, mujer de Felipe IV. Oro y hambre (1999. Muchnik), que es su personal homenaje y relectura de la novela picaresca. O La cruz y el lirio dorado (1998, Espasa), en la Florencia del siglo XV, en la que en el contexto de la lucha por el poder de las más poderosas familias, la acción se centra en el contraste del arrepentimiento de un sicario dispuesto a no cumplir su misión de matar -después de mirar la imagen de una Virgen- con la frialdad del sacerdote Maffei. Este argumento ya lo había desarrollado en forma de drama con La coartada (1985).

Pero hay una novela suya que me encantó de una manera especial. Ya saben, cosas del gusto, o que tal vez la leí en un momento más propicio para dicho encanto. Me refiero a ¡Stop! novela de amor (1998, Espasa). Y de la que me han hablado muy bien, pero que no he leído todavía, es de El tiempo de los trenes (2004, Espasa). Aunque quiero que conste. Y hay más novelas suyas. Clásicos como El viaje a ninguna parte (Cátedra), que narra la historia de una compañía de teatro. O El mal de amor (Planeta), con la que fue finalista del premio Planeta de 1987. Decía Francisco Umbral que “Fernando Fernán-Gómez escribe sus mejores novelas pensando en el cine y hace sus mejores películas con mucha carga literaria”. Tal vez sea cierto.

Como ensayista leí con placer El arte de desear (1992, Temas de hoy). Y como dramaturgo es lectura obligada Las bicicletas son para el verano (Espasa). Llegó a cultivar la literatura infantil, escribió guiones, realizó adaptaciones tan magníficas como la de la segunda parte de El Quijote, que tituló Morir cuerdo y vivir loco, y era un lúcido articulista, con su personal mordiente. Y por último es muy ilustrativa la lectura de las Conversaciones con Fernando Fernán-Gómez (Espasa), que hizo al alimón con Enrique Brasso.

Que sí, que Fernán-Gómez era un actorazo y un buen director, un hombre de teatro y de cine. ¿Quién lo duda? Pero la literatura era el alma de todo ello, y él era sobre todo un escritor que deambulaba entre las bambalinas del tiempo y que intentaba con palabras ir más allá del atrezzo de la vida y sus máscaras. Pienso que sería muy bueno para la literatura española, y para sus lectores, que por ejemplo Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, tomara la iniciativa y publicara sus Obras Completas. Porque no estamos, ni mucho menos, ante un autor menor. Yo lanzo la idea. Ojalá alguien la recoja.

miércoles 21 de noviembre de 2007

Libros


Para Luisa y Antonio


Me hacen feliz, lo reconozco. Incluso antes de abrirlos.
En la mano siempre alguno que me distraiga de la agorafobia
y de los vértigos que asolan mi corazón. Y en la nostalgia
muchos, muchos más. Libros que dignifican el mundo
con buen humor, o libros que me instruyen en el ritmo de las olas.
Libros que rezan conmigo todos los días o libros
que logran que salga indemne del bullicio.
Libros con los que alcanzo a escuchar más nítido el silencio
y libros en cuyas páginas hallo el pasadizo de mi infancia.
Libros en los que investigo el crimen de la desesperanza
y libros en los que bailo un vals con Ana.
Libros que me acompañan desde hace años cada mañana
y libros en los que descifro el código secreto del alma.
Libros y más libros. Con ellos soy capaz de internarme en el pasillo
de mi vida a oscuras, sin miedo. Me basta su tacto
para sortear cualquier peligro, sean corsarios, traidores o fantasmas.
Y en su aroma respiro las odas y los himnos
que sostienen el peso del tiempo y su memoria.

Mientras te vistes


Tengo ahora envidia de la falda
que ciñe el rumor de tus medias.
Tengo celos de la camisa
que viste de azul tu mirada.

La ropa se adhiere a ti exacta,
con gracia innata: don del alma.
Raíz de toda tu elegancia
es el amor con el que me amas.

Mi vida vive si te mira
en la intimidad del espejo.
¡Qué gozo esta sed de ti, cuando
beso tu cuerpo con los ojos!

Ser siempre niños

Anoche mi hijo más pequeño me preguntó impaciente por los Reyes Magos. Que si faltaba mucho, que quería esto o lo otro… Lo que es cierto -le dije- es que ya están en camino. Las distancias son largas y los camellos van despacio. Sus séquitos son numerosos, y conversan horas y horas sobre los misterios del mundo y sobre esa estrella tan particular que les indica la ruta a seguir. Han dejado todo por seguirla. Porque eso es la sabiduría: desprenderse de lo propio y seguir cada uno su vocación.

Ya vienen los Reyes, con muchos y buenos regalos. Para ofrecérselos al Niño Dios y a todos los demás niños que han sido y somos. No es cuestión de edad, sino de ilusión y de cariño. Tampoco lo es de pagar lo que no se puede comprar con dinero. El amor es mucho más grande, mucho más infinito. Sí, aquí estamos Reyes Magos, dispuestos a recibir el mayor de los tesoros: el de vuestro abrazo. Aunque todavía quede bastante camino, y estemos ya inquietos, merodeando entre juguetes y recuerdos.

Somos todavía niños y queremos jugar con vosotros, haceros mil preguntas sobre vuestros mágicos países, escuchar de vuestros labios aventuras sin fin, saber un poco más del misterio de las estrellas, mientras nos quedamos dormidos en el regazo del sueño. Estáis con nosotros, en nuestra propia casa, en el corazón de las cosas que son de verdad y que nada ni nadie puede hacer olvidar.

¿Qué dejaréis para mí, para cada uno de nosotros? Y uno se acuerda de su madre, y murmura en la oscuridad de tantas noches estremecidas aquellas oraciones de niño que mis hijos vuelven a repetir. Aquellas oraciones que tenían y tienen la propiedad de la pureza. No podemos dejar de ser niños, no queremos dejar de ser niños. Como el poeta yo también he crecido a mi pesar. Y todas las noches sigo esperando a los Reyes Magos, para seguir el viaje de mi vida al interior de la estrella donde nace Dios.

martes 20 de noviembre de 2007

El matrimonio en tiempos de impureza

El matrimonio está sufriendo una campaña tremenda de trivialización y chanza. Todo vale. Se boicotea el buen gusto, el sentido común y el derecho. Y el matrimonio queda reducido al sexo y a los caprichos de turno. No existe pudor alguno en exhibir la pornografía, la infidelidad o la masturbación -entre otras cosas- como el colmo de la relación de pareja. Lo más íntimo se degrada a conciencia, y la raíz contractual y sagrada del matrimonio queda reducida a la caricatura de un vulgar kamasutra.

Estamos en la dictadura del placer, del hedonismo más brutal y despiadado. La fornicación como destino y cotilleo, como paraíso y mito. Y se nos presenta de mil modos la impureza como natural condición del hombre. Porque es lo moderno, y la desinhibición nos hará libres. ¡Cuánta pamplina y negocio! ¡Cuánta infernal amargura! ¡Cuánto interés en desterrar a Dios de las almas! Señores míos, vivimos entre los escombros de una sociedad enemiga del compromiso conyugal, de la lealtad, de la generosidad del amor en la procreación de nuevas vidas.

El acoso al matrimonio -no a las coyundas eventuales- viene de largo. Las políticas gubernamentales en familia y educación son cada vez más permisivas con lo raro (por decirlo suavemente) e insustancial. Si hay votos por detrás y de paso se puede meter un par de dedos -o el puño entero- en algún ojo de la Iglesia, pues adelante. Está muy bien visto. ¡Qué carcajadas a costa de los católicos y de nuestras creencias! Es para partirse de la risa.

Pero nos estamos jugando la felicidad. Todos. Creyentes y no creyentes. Y el futuro de nuestra sociedad. Y la paz de las familias y de nuestra patria. Ya se está viendo. Por el camino del escándalo y de llamar matrimonio a lo que no lo es, lo único que se consigue es ir difuminando el verdadero amor entre un hombre y una mujer en un calculada ambigüedad donde primará el egoísmo, llegando muy pronto a la ruptura, y quizá a la violencia.

El amor conyugal nace de un pensar en el otro, de un enamoramiento que logra que nuestra felicidad pase por la felicidad de la otra persona. El amor conyugal es la intimidad más depurada, buscando siempre el bien y la virtud del cónyuge. Sin embargo, el olvido de Dios ha conseguido que el amor sea el más perfecto reflejo de nuestra sociedad escéptica y lasciva. El amor matrimonial cuando deja de ser la promesa de una vida en plenitud de confianza y pureza, pierde su identidad más propia, pierde su alegría y su belleza.


Los matrimonios cristianos, ante la avalancha de improperios mediáticos, mentiras “éticas”, manipulación lingüística y dislates legislativos debemos reaccionar con santidad. Pero conscientes de que la santidad es posible y que por eso mismo no se amilana y deprime. Debemos creer en el amor. Entonces -aunque no lo digan- no serán pocos los que nos miren con envidia. Porque verán la felicidad en nuestros ojos y la coherencia en nuestros actos.

Trascendencia



Las ventanas se asoman a la calle, vacías, sin nadie. Las persianas o las cortinas ocultan los sueños de sus dueños. Ni una luz intercede por mí, que miro atento el resquicio de alguna señal que me diga que no estoy solo. Hace frío en el alma del hombre, encerrado entre estas cuatro paredes de tiempo. La mañana es de silencio y viento, en una melancolía gris que ilumina las fachadas. No hay certeza de nada a estas horas del día. Las farolas alumbran las ramas de los árboles en una luz mortecina. Una chica barre la hojarasca del otoño, al ritmo de una elegía que trasciende la calle, las hojas y su vida. La escoba metálica arrastra el tiempo y lo acumula con indiferencia en la acera, en una algarabía de palabras que esperan una nueva primavera.

lunes 19 de noviembre de 2007

Mis ojos


Mis ojos ya no leen como antes.
Ahora es todo distinto. Se distraen
en otras miradas, o en las azaleas,
o en cualquier bagatela de la calle.
De pronto esos ojos se detienen
en el líquido reflejo de unos abedules,
o en el epicentro de un cuerpo que pasea.
Indagan el movimiento de las nubes
o esa nuca que se estremece en el deseo.
Mis ojos ya no se conforman con palabras.
Quieren la poesía completa de cada instante
que admiran (ese brillo de la luna, el enigma
de la niebla, o su pelo en la almohada).
Mis ojos quieren saberse de memoria la belleza.

Estamos hartos y...


Nos pasa a todos. En algún momento de nuestras vidas queremos escapar de una realidad estrambótica. Huir tan lejos como sea posible. No queremos ver o escuchar por más tiempo la misma cantinela, esa rutina que parece querer aplastarnos el alma contra el tedio o el carácter de los otros. Quisiéramos que nuestra vida saliera de fábrica con el mando a distancia que nos permitiera cambiar de canal o frecuencia. A voluntad. Estamos hartos y buscamos una dimensión distinta donde se nos quiera por lo que somos, donde nos dejen en paz con nosotros mismos. No queremos tener la razón de nada… Sólo un poco de soledad de vez en cuando y una absoluta ausencia de gritos.

Sí, nos pasa a todos alguna vez. Queremos darnos un chapuzón en las cristalinas aguas del silencio para volver poco después a una conversación amable. Sin gestos que crispen ni palabras que murmuren el desprecio. Pero para cambiar en algo esa realidad que nos parece a veces tan irrespirable, la única opción que cabe es cambiar un poco la propia forma de actuar. O un mucho. Y pedir perdón si es preciso. Porque en el perdón y en el cariño encontraremos esa otra dimensión que buscamos con tanta ansia y por la que nos impacientamos tan a menudo. Esa dimensión que llamamos felicidad.

Lecturas para Navidad (o para siempre)

Ya se acercan los días de Navidad. Ya las grandes superficies de ventas se engalanan para uno de los mayores negocios del año. A poco menos de un mes quien más quien menos está ya organizando cenas de compañeros de trabajo, reservando billetes de avión para visitar a sus familiares, comprando aquellas figuritas del belén que se descalabraron, o repasando catálogos para elegir esos inevitables juguetes de precios desorbitados. Una mezcla de melancolía y cansancio nos embarga, de alegría y modorra, de memoria infantil y amargura presente.

Las editoriales ya han comenzado sus particulares recomendaciones. Se afina la publicidad. Luchan para situar mejor sus libros en los medios de comunicación y en los escaparates. Las listas de libros más vendidos son el gran objetivo estratégico, cuando lo que suele ocurrir -con puntuales excepciones- es que lo mejor no suele entrar en dichas listas. Casi todos los críticos literarios volvemos la mirada a las estanterías de nuestra biblioteca o a las notas que hemos ido tomando.
Desde luego son muchos los libros por los que yo apostaría. Por la sencilla razón de que me han gustado. Les he dedicado bastante tiempo y ellos, a cambio, me han regalado un deleite que nunca podré resarcirles. Si acaso escribiendo sobre ellos, o recomendando de viva voz sus títulos a todo el que me los pida. Porque es necesario hoy más que nunca nuestro testimonio, el de aquellos que por encima de casi todo se sienten lectores. Sin pedanterías estúpidas y por encima de espejismos y cotilleos.
Debo reconocer que en mi caso es algo crónico, una pasión, un entusiasmo tan radical el que me procura el ejercicio de la lectura que yo diría que es de las cosas de la vida -tan ricas y variadas- que hago menos mal. Soy eso: un lector. Y ya parece que uno queda indeleblemente definido (dentro de esa indefinición constante que son las ocurrencias de la vida), que se miran las cosas de otra manera, con una perspectiva más profunda o nítida. ¿Y qué les recomiendo para este final de año? Pues de lo leído aquí va este apretado resumen:

En ENSAYO no se pierdan El secreto masónico desvelado, de José Antonio Ullate (LibrosLibres), Tras las huellas de Joseph Ratzinger, de Alessandra Borghese (LibrosLibres), La guerra del mundo, de Niall Ferguson (Debate), La cruz, el perdón y la gloria, de Angel David Martín Rubio (Ciudadela), Diario de un escritor, de Fiódor M. Dostoievski (Alba), El canto de las sirenas, de Eugenio Trías (Galaxia Gutenberg) y Entre el cielo y la tierra, de María Vallejo-Nágera (Planeta).
En el género BIOGRAFÍAS me quedo con la del escritor Herman Melville, de Andrew Delbanco (Seix-Barral), con El Gran Duque de Alba, de William S. Malty (Atalanta) y la de Edith Stein, de Florencio García Muñoz (San Pablo). En el género DIARIOS releo una vez y otra los de Léon Bloy (El Acantilado).

En NOVELA esto es lo que prefiero y me parece mejor: Gafas de sol para días de lluvia, de Mamen Sánchez (El Andén), Yo, Vicente Ferrer "el ángel del Apocalipsis", de Jesús Caudevilla (Styria), Tragedia de la infancia, de Alberto Savinio (Pre-textos), Europa Central, de William T. Vollmann (Mondadori), La sangre del pelícano, de Miguel Aranguren (LibrosLibres), Veneno y sombra y adiós, de Javier Marías (Alfaguara), Vida y destino, de Vasili Grossman (Galaxia Gutenberg, y que es la mejor de todas las aquí propuestas, a la altura de las más grandes entre las grandes), El hombre del salto, de Don DeLillo (Seix-Barral), El legado de la pérdida, de Kiran Desai (Salamandra) la memorable trilogía de Henryk Sienkiewicz, A sangre y fuego, El diluvio y Un héroe polaco (Ciudadela), La jugadora de ajedrez, de Bertina Henrichs (Alianza), la sorpresa que me ha deparado Los hijos del emperador, de Claire Messud (RBA) y Firmin, de Sam Savage (Seix-Barral). Y para desengrasar neuronas lean El códice de la Atlántida, de Stel Pavlou (La Factoría de ideas).
Vayamos con los RELATOS. ¿Lo mejor? El aliento del cielo, cuentos completos de Carson McCullers (Seix-Barral), ¿No te alegras por mí?, de Richard Bausch (Tropismos), La piel de los tomates, de José Jiménez Lozano (Encuentro) y Exploradores del abismo, de Enrique Vila-Matas (Anagrama).

¿POESÍA? De otra manera, de Jane Kenyon (Pre-textos), Lírica inglesa del siglo XIX, en edición bilingüe de Ángel Rupérez (Homo Legens), Entre el muro y el foso, de Julio Martínez Mesanza (Pre-textos), Común presencia, de René Char (Alianza), El libro de horas, de Rilke (Hiperión), La avenida de la luz, de José Carlos Llop (Lumen) y Ausencia presente y otros poemas, de Stephen Spender (Lumen).
En cuanto a LITERATURA JUVENIL he de destacar la segunda entrega de "El ejército Negro", titulada El Reino de la oscuridad, de Santiago García-Clairac (SM), Los hijos de Húrin, de J.R.R. Tolkien (Minotauro), Regreso al Reino de la Fantasía, con Gerónimo Stilton (Destino), Tobi Lolness, de Timothée de Fombelle (Salamandra), El álbum de la Navidad, de Elia Manero, Miguel A. García y Pilar de la Cruz (San Pablo) y Arcanus, de Care Santos (Destino).

Y hay un capitulo del que me gustaría dar fe, y no es otro que el de OBRAS COMPLETAS. Aquí sobresalen tres editoriales a las que los lectores debemos estar eternamente agradecidos: Galaxia Gutenberg/Cículo de Lectores, la Biblioteca Castro y la Biblioteca Aúrea de Cátedra. De la primera quiero destacar la publicación de los dos primeros tomos de las completas de Miguel Delibes. El volumen I recoge su producción novelística de 1948 a 1954, y el volumen VII Recuerdos y viajes diversos. De la Bibloteca Castro hace unas semanas aparecieron también los dos primeros volúmenes -serán tres- de la obra de Gabriel Miró. Bocado de cardenal se llama esto. Y dejo para el final mi mayor regocijo literario en mucho tiempo. Disfrutar al fin de todo el buen hacer poético, ensayístico, novelístico, de relatos y epistolar de uno de los más grandes de la poesía del siglo XX europea: Pedro Salinas. Una verdadera joya, gracias a los buenos oficios de Jaime Salinas y Emilio Pascual. Gracias, gracias, gracias. En Cátedra Biblioteca Aúrea.

En fin, ya ven, libros por todas partes y a cada momento, como un don del cielo, que ayudan a conocer y reconocerse, a comunicarse con los demás, a crecer en vida interior. Libros que nos hacen interpretar(nos), reír, soñar, desear, pensar, mirar... En una visión integradora, luminosa, radical. A veces uno llega ingenuamente a preguntarse cómo es posible que haya gentes que puedan solventar sus vidas sin leer. La lectura es conocimiento y entretenimiento, sí, pero también esperanza para un mundo que no anda muy sobrado de ella. Es ir adquiriendo la sanísima costumbre de demorarse en las cosas. Que les aproveche a todos.



domingo 18 de noviembre de 2007

Cosas del querer


La quiero. Y en la distancia
recuerdo cada detalle
de sus palabras. Silencio.
La luz es la sed del tiempo
alrededor de su cuello.
Con destreza se desnuda
su cuerpo entre mis versos.
Deseo, sonido puro
y mudo. Todo mi mundo
está con ella, ceñido
a la entrega de unos labios
que besan lo que yo sueño.

sábado 17 de noviembre de 2007

Aprender a orar

Aprender a orar es aprender a descubrir la alegría. Es levantarse por la mañana a la hora en punto, acercarse a la ventana y mirar el cielo. Es dar gracias a Dios por esa luz que reza un nuevo día. Aprender a orar es santiguarte despacio el alma mientras preparas el desayuno. Es besar la sonrisa de tus hijos, sabiendo que para ellos eres el día y la luz y el alma. Es ir diciendo piropos al Señor a la vez que les ofreces a los tuyos un poco de mermelada. Aprender a orar es saber que los ángeles se sientan con nosotros a la mesa. Es lavar después los platos y vasos con esmero, porque en ese momento eres la persona más importante de la tierra. Es arreglarte el cuerpo diciendo avemarías. Aprender a orar es llevar los niños al colegio mientras les hablas de Jesús cuando era como ellos. Es hacer muy bien tu trabajo, por amor. Es saludar a Dios cuando veas una iglesia, o una flor o el color de la hierba. Es no quejarte nunca del cansancio, del dolor o del tiempo. Aprender a orar es escuchar a las personas que están contigo durante la jornada. Es saber encontrar un momento para visitar a Dios en tu corazón o en el sagrario, o en el sagrario de tu corazón. Es llegar a casa que no puedes dar un paso más, sin que se note. Es ayudar a hacer los deberes de tus hijos. Aprender a orar es contemplar la belleza en ascuas del atardecer mientras tiendes la colada. Es enamorarte cada día un poco más de tu mujer, con todos sus defectos. Aprender a orar es buscar la felicidad de los demás...

Noviembre



En otoño las palabras, al pronunciar la belleza,
adquieren un tono entre amarillo y cárdeno,
con todos los temblorosos matices del naranja.
El silencio deletrea cada palabra, que se inspira
en los colores de las hojas. Y en su caída…
Palabras que buscan la forma de decir un verso
dentro del paisaje, en el trasluz del viento.
Y las ramas se van quedando desnudas, como las almas.
Sin hojas, sin palabras…
A solas con el silencio.

viernes 16 de noviembre de 2007

Lo sencillo



para Mamen Sánchez, con sus gafas de sol



Sueño con cosas sencillas.
Sueño que todos mis sueños
sólo son un día de lluvia.

Sueño con cosas pequeñas.
Sueño que todos mis sueños
caben en este poema.

Ana


Amor es nombre de persona
STO. TOMÁS DE AQUINO



Es amor lo que era tiempo cuando te veo en la cocina
enhebrando el hilo rosa de tu risa,
mientras coses mi camisa y me miras
desde tus gafas amarillas.
No pierdo detalle de tus dedos, de esas manos
que acarician muy despacio los días
o mi piel o la ropa limpia.
Estás cansada, lo sé, pero no te quejas.

El Adviento: un tiempo que dura toda la vida

El Adviento es un tiempo litúrgico de la Iglesia Católica. Lo digo porque puede que alguien lo confunda con un arbusto o con alguna otra cosa (hoy no hay que dar nada por sabido). Es decir, es un tiempo santo, un tiempo en el que el alma se prepara para la encarnación de la Santidad, del mismo Dios hecho hombre. Un tiempo que comienza el domingo siguiente a la fiesta de Cristo Rey, y que culmina el día de la Natividad, aunque en realidad es un tiempo que dura lo que dura nuestra vida. Porque vivimos esperando siempre una venida más íntima del Señor a nuestras almas, hasta ser uno con Él. Etimológicamente es una palabra que procede del latín adventus, que significa “llegada”. ¿Y quién es el que llega?


Llega el Mesías, llega el Redentor del mundo, llega la tan esperada Alegría, llega el Vencedor del pecado, llega la Misericordia infinita, llega el Hijo de la Virgen María, llega la Luz que ilumina nuestras vidas, llega la Música de las estrellas, llega la segunda Persona de la Santísima Trinidad, llega la Ternura más delicada, llega el Fundamento de toda poesía, llega el Verbo con el que se pronuncia tu nombre y el mío, llega la mística unión del hombre con la Belleza, llega la Felicidad de las bienaventuranzas, llega la cálida Armonía de la filiación divina, llega el niño Dios que nació en la humildad de la pobreza, llega la Felicidad que anhelamos...


Y el adviento es ese tiempo de espera en el que acompañamos a María Inmaculada, a punto de dar a luz… a la Luz de la Historia. Un tiempo donde hemos de aprovechar para indagar en nuestro corazón esa llamada que Dios nos dirige. A cada uno. Sin excusas ni medias tintas. Una llamada personal a la conversión, a un impulso más decidido de servicio a los demás. Con caridad. Porque necesitamos que el Niño Dios, cuando nazca, encuentre nuestras almas limpias de amargura, tristeza, impureza o soberbia. Recogidas en oración y no en el despiste de las tiendas. Limpias de pecado y decididas a la lucha por la santidad.


Porque ser santos es posible. Haciendo con amor de Dios y perfección humana lo normal, lo de todos los días. Ese trabajo en la oficina, en la fábrica, en el taxi, en la universidad o en la cocina. Yo me imagino a María durante esas semanas antes del nacimiento de Jesús. Cerrad los ojos y acercaos a Ella sin hacer ruido. Miradla.

Canta, habla con san José de la esperanza -mientras le abraza-, prepara la ropita del Niño, se ríe… No le faltan sufrimientos, como a nosotros. Esos sueños de José, esos problemas económicos, esos viajes imprevistos, ese no poder darle lo mejor a su niño. Pero no deja de cantar y de elevar su Inmaculado Corazón a Dios, en un continuado Magníficat: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, / se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador (…)”.


Ese debe de ser nuestro adviento: estar más y más cerca de María. Apoyar nuestros miedos en su regazo, confiar nuestras familias y trabajo a su intercesión de Madre. Fijaos bien: el Niño Dios lleva su misma sangre. Esa que se transubstancia en la santa Misa. E iremos recorriendo el camino, y llegaremos juntos a Belén, y lloraremos todos de alegría, y nacerá a Dios nuestra vida. En una renovada entrega.

jueves 15 de noviembre de 2007

Oscar Wilde. El ingenio de un genio.

Los libros de la editorial Atalanta los espero siempre con cierta ansiedad. Por el esmero con el que cada título ha sido seleccionado, traducido y editado. Por ese azul de sus tapas que me lleva a contemplar sin cansancio el horizonte de una excelente literatura, que nos presenta con exquisito gusto Jacobo Siruela.

Ahora vamos con Oscar Wilde (1854-1900). El arte de conversar es un libro que está constituido por pequeñas joyas que hay que apreciar sin prisas. Desde el mismo prólogo de Roberto Frías, que ilustra al lector y lo introduce, sobre todo, en ese Wilde de la inmediatez oral, de la conversación donde improvisaba historias y frases memorables. Para él la vida era como la raíz nutricia de la escritura, y el taller de su literatura, y el verdadero estilo. Y en ella -según decía- puso su genio, dejando para sus obras sólo el talento. Lo cual tampoco es del todo cierto. Basta con leer cualquiera de sus textos. Por ejemplo la novela El retrato de Doryan Gray (Valdemar) o la Balada de la Cárcel de Reading (Hiperión), que según mi modesta opinión es una de las más grandes obras de la literatura universal en lo que a poesía se refiere.

Y todo lo que nos encontramos en este delicioso libro es reflejo de esas instantáneas fugaces que iban recogiendo los amigos o conocidos y que Frías se ha encargado de espigar para nosotros. Primero nos encontramos con 28 relatos inéditos muy breves (algunos de ellos -como “El Espejo de Narciso”- obras maestras en miniatura, auténticos poema en prosa). Luego, y después de unas pocas fotografías de familia, viene el plato fuerte. Porque se trata de la mejor selección de epigramas de Wilde que yo conozco (aunque la editorial Edhasa publicó en Paradoja y genio otra selección de interés). Aquí el lector encontrará frases sacadas de sus obras y algunas otras -inéditas- de sus conversaciones. Todas sistematizadas por temas. Me quedo con esta: “El público tiene curiosidad de saberlo todo, excepto aquello que vale la pena”. Y para el final Roberto Frías escribe lo que él titula “Una especie de autobiografía”, como si hubiera sido escrita por el propio Wilde.

No nos engañemos con Wilde. Pese a sus maneras de dandi o su esteticismo existencial, nunca fue un hombre superficial. Para nada. Impactaba su aguda sensibilidad, su memoria privilegiada, su pronta inteligencia. Su alma de poeta trascendía y daba luz al oscuro entramado social del puritano mundo victoriano que le tocó vivir. Esa aparente frivolidad o el cinismo que algunos le espetan era en parte una máscara y en parte una rebeldía. En cuanto a sus escritos quiero decir que en ellos se contorsiona su ingenio en un lenguaje efectista pero efectivo, que va directo a la belleza, a la verdad y al sentido común.

PD. Como complemento les recomiendo hacerse con la biografía Oscar Wilde: La verdad sin máscaras, de Joseph Pearce (Ciudadela).

Entre unas cosas y otras


Unas cosas me llevan a otras
y esas otras a muchas más…
Pero encuentro sentido en pocas
y esas pocas no siempre están.

Unas cosas me llevan a otras
y esas otras a muchas más…
Y sé bien que de todas ellas
sólo quedarán los demás.

miércoles 14 de noviembre de 2007

Gafas de sol para días de lluvia



Hace unos días anuncié aquí que una gran novela se avecinaba. Bueno pues ya he terminado su lectura. Y mi opinión no ha cambiado. Mejor dicho, se va llenando de matices. Mamen Sánchez es la autora de Gafas de sol para días de lluvia (El Andén). Una escritora asombrosa. Un servidor -como la protagonista Lina- tampoco se cansa de contemplar el mar, así como la literatura que merece la pena... en las olas de su lenguaje. Y esto me lleva a otra característica a destacar: el eficaz entramado de su lirismo. Lejos, muy lejos, de un afectado retoricismo. El sufrimiento de Lina y la infelicidad de Carol están descritos con una prosa de persuasiva sencillez, que no simplona. Tan femenina como perspicaz y sugerente. Con un exquisito gusto por los detalles, por los adecuados colores o por la intensidad de los sentimientos (y de los sentidos). Es una historia muy visual.

Oh sí, me ha gustado mucho esta novela. Mucho. Sobre todo porque me ha conmovido. Se nos cuenta la historia de dos mujeres de muy distinta condición. Lina es una inmigrante que ha sufrido lo indecible en la vida pero que es feliz en sus fantasías del Ritz, Carol es una niña de papá -riquísima- que sin embargo es incapaz de ser feliz. En realidad asistimos a la historia de una amistad, pero también a un sutil análisis de nuestra sociedad occidental y de una sagaz pulsión de las almas. ¿Qué es lo que ocurre cuando las personas son incapaces de ser felices, cuando nos hacemos personajes de una ficción? Porque es obvio que algo está ocurriendo. Y Mamen Sánchez crea una trama que no desmaya y en donde está presente algo de esa desamortización espiritual que nos afecta a todos: personajes y lectores.

Entretenida, jugosa, sorprendente. Reivindicativa de valores que nos hacen ver que la felicidad está lejos de ser una fantasía. Gafas de sol para días de lluvia es el buen comienzo de una aventura literaria que no puedo dejar de recomendar. Porque es de justicia.

Expiación


Como el amor lloramos a menudo
W. H. AUDEN


Siempre llegan. Siempre llegan esos momentos
en los que no te reconoces y eres otro muy distinto
al que suele habitar entre la prosodia de tus versos.
Gritos, sinrazones, ecos de una ira que se enrosca
a tu corazón como una boa constrictor
que quiebra la columna vertebral de tu mansedumbre.
¡Estás cansado de tantas cosas! Pero sobre todo
de ti mismo, necio incorregible y tan bobo.
No puedes más y te desmoronas en lágrimas
que lavan la impostura de aquellas palabras.
¿Por qué siempre hacemos daño a los que más queremos?
¿Por qué conspira nuestra iniquidad en las almas que nos aman?
Lloras con razón… Lloras como expiación y como homenaje.
Lloras porque la vida es una necesaria indulgencia, una velada
alrededor del tiempo y de la vulnerable intimidad del dolor.
Cuesta mucho pedir perdón, pero es peor el espanto
de la tristeza que tortura las vértebras del alma .
¡Perdonadme todos, os lo suplico! Perdonadme.

martes 13 de noviembre de 2007

Carta a un empresario en crisis

Amigo mío, sólo unas pocas palabras. Las deudas te cercan, vives angustiado, con miedo, deprimido por unas circunstancias que no terminan de empeorar. Temes por tu familia, por tus trabajadores, por el futuro. Amigo, yo no sé nada de economía ni de riesgos crediticios o préstamos imposibles. Pero sé que esto está ocurriendo porque Dios lo permite para tu bien. No es un golpe del azar, ni una adversidad casual. Es la Providencia amorosa de Dios que te acerca a Su Cruz. Para que así descubras una perspectiva que no viene dictada por los bancos y demás usuras. Una perspectiva que, desde el sufrimiento, va a lograr que descubras por fin la felicidad de tu fe y el valor infinito de tu creencia.

Esto que te digo no es un consuelo barato, como de segunda mano. Lo que está en juego es el alma de tu vida, es tu santidad. Desde el dolor descubres que vivías superficialmente el destino eterno de tus días. Trabajabas, trabajabas mucho y bien, pero era tanto el trajín que llevabas, que en tu agenda apenas cabía un poco del amor de Dios. Apenas. Y ahora, cuando llega el áspero tacto de la contradicción, sabes que aunque no acabas de entenderlo del todo, es la hora de pensar en el divino misterio de la Redención. Porque es ahora cuando estás viviendo una continua misa, un ofrecimiento total de tu vida. Aprovecha el impulso de tus miedos. Debes reconvertirlos en un confiado abandono a la voluntad de Dios.

Los más grandes negocios no se hacen con dinero amigo mío. Se hacen con las bienaventuranzas. ¿Recuerdas? Los limpios de corazón verán a Dios, los mansos poseerán la tierra, los que lloran serán consolados, los pobres serán los dueños del Reino de Dios… ¿Recuerdas? Y es que nuestras vidas están desquiciadas, damos tumbos buscando la felicidad en un paraíso material que nos comprime el alma en una tremenda amargura. Porque se trata de ser feliz. Y es posible ser feliz, feliz de verdad, aunque el dolor haga su aparición o las deudas parezca que te dejan sin un aliento de esperanza. Desde la perspectiva de la Cruz verás la alegría. Nítida, luminosa, como recién resucitada. Quizá asome en las caricias de tu mujer o en los abrazos de tus hijos. Sobra todo lo demás.

Desde ahora quizá tu empresa más perfecta sean las almas. Como lo lees. Ayudar a los demás a descubrir ese gozo, ese amor que tenemos tantas veces escondido bajo muchas capas de indolencia. Y que tú, gracias a Dios, estás descubriendo de nuevo. Porque eres testigo de que el Señor ha pasado a tu lado y quiere que le sigas. Desde tu trabajo -sea el que sea- y con tu familia. Cuídate mucho amigo mío. Un fuerte abrazo.

Una hoja


Quisiera ser esa hoja
que se posa en la acera
sin hacer ruido, presa
de su fugaz belleza.

lunes 12 de noviembre de 2007

Una gran novela se avecina



Llevo entre manos varios libros. Pero hay uno que sobresale en calidad literaria y que, a cada página, va cautivando más y más mi atención. Es una novela que se desespereza con una pasmosa naturalidad vital, con una frescura para nada superficial. Está llena de sorpresas y -me atrevo a decirlo- de un gran refinamiento espiritual. Esto último es lo que hace que su estilo sea mucho más que un ilusionismo verbal, mucho más que una casualidad. Es la historia de unas vidas que se debaten entre la fantasmagoría trivial de tantos y la añoranza de una posible felicidad que se manifiesta en la preocupación por los demás. Es una novela esperanzadora, alegre en el movimiento de su escritura y en el bullicio de su encanto. ¡Cómo me está gustando! Pero les voy a mantener en vilo sobre su identidad durante un tiempo muy breve. Tengan un poco de paciencia. Está al llegar.

El escalofrío de lo imposible



Cuando tus tres hijos juegan un partido a la misma hora sientes la gran imperfección del hombre y las múltiples perspectivas que la vida nos ofrece y entre las que tenemos que optar. Pero no quieres, te rebelas ante una situación que te hace sufrir y que limita el amor de tu naturaleza. Es sólo un juego, dicen. Pero en ese juego tus hijos necesitan ver algo más que unas canastas o unos goles. Necesitan saber que no están solos, y que eres cómplice de sus argucias y nervios. Por eso es imprescindible estar con tu cariño en tres lugares distintos. Y, antes de salir de casa, hacer estiramientos con el alma, tensar en unos abrazos los músculos de una felicidad que se hace fuerte en estos fragmentos de emoción que pule el carácter. El espacio y el tiempo nada pueden si durante el rodar del balón de los días enseñas a tus hijos a creer que lo imposible forma parte del partido de sus vidas. En un escalofrío que les llevará siempre a la victoria.

En tus manos


Mi felicidad está en tus manos
cuando las apoyas en mi vida,
cuando en ellas palpas mis mejillas
o el desnudo cuerpo de mis sueños.

Mi felicidad está en el alma
de tus manos cuando me acaricias
muy despacio la piel de los años
y el tiempo es una luz infinita.

domingo 11 de noviembre de 2007

La luz (un apunte)


Nunca deja de sorprenderme. Cada mañana
vuelvo a encontrarme el embeleso de su llama.
En ella resucita la mirada, y con la mirada el alma,
y con el alma la conciencia de todo lo que amas.
Amanece el frenesí de la belleza, asomada
a la voluptuosa entrega de una caricia liviana.
Luz que se fragua en la noche, que nace dorada
en la poesía que contemplas por la mañana.

viernes 9 de noviembre de 2007

Zaragoza (poema)


PASEO

Zaragoza es una ciudad de viento, una ciudad
donde vivo al abrigo de símbolos y metáforas.
Porque mi vida a veces tiene frío, cuando el tiempo
me ciñe el alma por sus calles y sueña mi nostalgia.
Piso las hojas de los tilos en pasos reflexivos. Cada paso
es un viaje repentino, o una imagen vestida de niebla,
o quizá el crujido de la escarcha, o un verso de agua.
Piso sobre los pasos de mis hijos, en un vértigo
de luz que se derrama después sobre la tinta.
La vida es este paseo por la costumbre de los días,
las mismas plazas y avenidas, el ruido de las obras,
su mano en mi mano, camino de nuestra casa.

Miguel Aranguren

Ayer tuve el placer de presentar la novela La sangre del pelícano, escrita por Miguel Aranguren. Ante un público en su mayoría universitario, observaba cómo la pasión por la literatura y el suspense del misterio que es cada una de nuestras vidas, hacía estragos en el corazón de los presentes. Mi voz se perdía en el eco de los altavoces, pero la voz de Miguel Aranguren hizo diana en el prodigio. Nos embelesaba a todos con la emoción de sus palabras. Hacer el bien a través de la literatura, conseguir que las personas se demoren en la belleza y la hagan suya, intentar que lo importante de la vida no se nos olvide en las excusas o en los espejismos de la prisa…

Cuando un buen escritor -y Miguel Aranguren lo es- te habla de la intimidad de sus silencios y del poso de su alma, una conferencia, o la presentación de un libro, se transforma en otra cosa. Yo notaba que sus palabras se adentraban en si mismas, recogidas en una verdadera experiencia creativa. Las miradas fijaban su brillo en sus propios sueños. La literatura es capaz de eso y de mucho más. Ahí, donde estábamos, se estaba librando un análisis del hombre en el tiempo y en su destino eterno, y de lo que cada uno queremos ser en las horas de los días y en medio del estrépito de nuestros hábitos.

Miguel Aranguren está empeñado en la excelencia literaria. En hacer que los más jóvenes sean capaces de soñar un universo de valores y de magia. Para eso, el alma debe dar muchas vueltas al silencio, encauzar la inspiración en el resplandor del trabajo y de las lecturas. Soledad del escritor que brega entre el amor y esa otra perspectiva del amor que es el dolor, entre la realidad y la ficción, entre el bien y el mal, entre el cuerpo y el alma… Se trata de conseguir que lo efímero pueda llegar a ser eterno. Mediante unas pocas palabras trenzadas en un nuevo sentido que nos salve de la medianía y de la amargura.

Y de por medio La sangre del pelícano (LibrosLibres), novela que nunca me cansaré de alabar. En esas páginas está nuestro mundo en ruinas, pero también la esperanza.

jueves 8 de noviembre de 2007

Homenaje a Luis Cernuda

Homenaje a Luis Cernuda

Distintas imágenes se arremolinan en el tiempo.
Es una espiral de recuerdos y formas que giran
vertiginosamente en el interior de la memoria.
En el fondo iridiscente del agua de las fuentes
yacen los deseos y la esperanza del hombre.
Son monedas que brillan, como los días de noviembre,
en un óxido de otoño y de nostalgia. Suena el mar
y suena el concierto de sus pasos por Via Condotti.
Y un gato que baja las escaleras de los años
hacia aquella habitación donde leías desnudo
de certezas, una música oculta entre palabras:
La realidad y el deseo, de Luis Cernuda.

miércoles 7 de noviembre de 2007

El tiempo


El tiempo es de cristal. Traslúcido
y frágil en su densidad de materia finita.
De hecho el tiempo es un cadáver
de cristal, yerto y frío. Sentimos su peso
y el miedo de que muera hecho añicos
en nuestra propia vida.

La gesta española

Cuando el hombre olvida el orgullo de su patria, cuando se avergüenza de su historia ante los prejuicios obscenos de algunas ideologías, o filantrópicas berzas. Cuando se aprende de memoria la mentira y presume de lo que no sabe. Cuando prefiere las banderías a la bandera y cree que lo más moderno es manipular el alma de sus antepasados. Cuando prevalece el adoctrinamiento sobre la enseñanza; cuando se incentiva una educación sin educación y un gobierno está encantado con la ingravidez espiritual, la mediocridad y la indisciplina. Cuando lo que preocupa es cómo vender al personal la burra de unos políticos insípidos de sustancia e incultos de facto.

Cuando se inventan mitos que sustenten el chollo del poder en provincias, y se prodigan incluso los burócratas de variados terrorismos. Cuando se confunde un idioma con la estulticia nacionalista, en pro de un movimiento unánime de paletos. Cuando se mide la verdad por los servicios prestados al partido. Cuando el futuro de nuestros hijos depende en buena parte de unos planes de estudio donde el estudio es lo de menos, pensando quizá en una democracia de sonrientes ciudadanos descerebrados y de escasos recursos críticos.

Cuando todo esto sucede es hora de leer más que nunca. Diría yo que es hora de volver a estudiar y de subrayar la importancia de la Historia de España. Por ejemplo. Sí, nuestra patria: España. Y hacerlo con honor, orgullo y dignidad, esos tres sentimientos hispanos de pura cepa, que tan acertadamente señalara e investigara Claudio Sánchez-Albornoz en su España, un enigma histórico (Edhasa), que es un libro para reflexionar y leer sin prisas.

Contra una política que da pábulo -con leyes concretas- a la inconsistencia intelectual y al desprestigio espiritual, está la virtud de formarse con rigor (siempre hay tiempo para lo que apasiona), de hablar en familia de estas cosas y de no callarnos fuera de casa. Con datos. España no es sólo una sucesión de gobiernos. España es el conocimiento de nuestro pasado y la esperanza de nuestro futuro. España somos nosotros en nuestras circunstancias de hoy y ahora. Y para reiniciar ese necesario apasionamiento y cultivo histórico les recomiendo un libro que acabo de leer: La gesta española, de José Javier Esparza (Áltera). Porque es sumamente entretenido y sintetiza muy bien lo más granado de nuestra historia.

El futuro


Echo de menos el futuro, aquellas golondrinas
que sobrevolarán la luz dentro de varios siglos.
Quisiera entonces abrir los ojos y ver de nuevo
la inercia de la lluvia en un día cualquiera de mayo.
Alzar la mano hacia las verdes ramas de los sauces
y sentarme en la hierba con el mismo libro de Brodsky.
El cielo más azul si cabe, más predispuesto al silencio
de algún poema que vibre en la eternidad del aire.