
Podría no estar aquí, podría no sé, podría estar en un apartado rincón de África y ser negro como la noche. Y vivir de la caza -cuando se tercie- y pasar hambre y enfermedad con frecuencia, sin farmacias o urgencias donde pedir ayuda. Y ver que mis hijos aprenden el alfabeto de las estrellas por pura necesidad, y no por estética. Y aun así querer a mi mujer más que a mi propia jabalina o a mis flechas. Podría ser un poeta desterrado en Siberia -o en alguna cárcel de Cuba- por prescripción política. Y soñar con una familia como la que tengo yo ahora, y tener buenos libros a mi alcance, y una caricia. Hilvanar versos de memoria para rezarlos de madrugada. Y ser cada día más libre, pese a la tortura. Podría ser un paria de la India, tendido en el barro del desprecio. Y vivir en diez metros cuadrados de desdicha con mi mujer y mis tres hijos, comiendo basura y bebiendo agua de lluvia. Pero abrazados a un amor inquebrantable. Podría vivir en una chabola de las afueras de Lima, o de Caracas, o de Río de Janeiro. Y escupir por el alma mi desesperanza, mirando esa luz tan oscura del cielo.
Sin embargo estoy aquí, en la confortable casa del centro de una gran ciudad europea. Con mis libros y mi ordenador, con mi familia estupenda, con mi ducha de todos los días, y con mi música. Y con unos pocos euros en la cartera con los que darme un capricho o beber un zumo de mango. Y de vez en cuando -es el colmo- tomar un taxi que me lleve a cualquier extremo de mi designio. Ah, y también escribo -ya lo saben- saneados poemas y crítica literaria de lujo.
¿A qué viene todo esto? Pues no lo sé muy bien, pero desde luego alguna decisión debo tomar sobre mi vida. El letargo dura demasiado tiempo.
2 comentarios:
Todo esto viene a que escribes deliciosamente lo que yo pienso y eso que no vivo en el centro de una ciudad europea, y no te conozco de nada, pero me adivinas el pensamiento y lo plasmas con una elegancia y una claridad muy muy hermosa.
La verdad es que yo no sé muy bien qué hacer con mi vida. Y confieso que la vivo con excesiva comodidad. Tengo todo, pero aun así tengo un desencanto total.
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