
La vida… Ese cúmulo de años y de ese algo más que se desborda por los márgenes de las páginas del tiempo, y del que intenta dar fe la literatura. Porque por eso escribimos, para abrirnos paso por los días y las horas hacia un espacio donde el alma alcance el centro de un conocimiento más perfecto. O eso, o nos encorsetamos en habladurías que a nada llevan. Pero bueno, el caso es que acabo de leer Sueños y ensoñaciones de una dama de Heian, de Dama Sarashina (Atalanta). Y la verdad es que no quisiera estropear el libro con excesivos comentarios banales. Esta mujer -su verdadero nombre se desconoce- nació hace mil años en Japón. Vivió en Kioto casi toda su vida (tenía 49 años cuando murió). Fue dama de compañía de la princesa imperial, se casó y tuvo tres hijos. Pero esto lo pueden leer en la solapa del libro.
Un libro que está escrito como un diario. Es decir, asistimos a una serie de confidencias. Y poco a poco el lector nota que no se da cuenta de la literatura (tan exquisita), y que sueña los mismos sueños que Sarashina. Ese gusto por leer historias -no se pierdan La historia de Genji (Atalanta) -, por celebrar los paisajes o las pequeñas cosas o detalles, por escribir poemas donde se resuma un instante de belleza (o el rescoldo que va dejando la vida). ¡Qué dicha haber contemplado / justo antes de que cayeran desvanecidas con la primavera / esas flores de vuestros cerezos que nunca me cansaba de mirar! Y es que en la humildad de su mirada está el genio de este libro. Y uno imagina sus manos o el color alma de los kimonos de la dama. De verdad, es subyugante asistir a una narración tan femenina, tan perspicaz ante los diversos acontecimientos.
Y poco a poco se da cuenta de que ha leído demasiadas historias, y siente la necesidad de profundizar en la piedad de las devociones religiosas. Su profunda vida interior no vale para la corte y esa mundana superficialidad que es su liturgia. Destinan a su marido a otra provincia. Pero justo aquí comienza el drama del dolor de la muerte y la posdata que es la soledad. Tarde o temprano todos nos quedaremos solos “en la vieja casa de siempre”. O tal vez no, acompañados por la amistad y el consejo de algunas personas, y por la esperanza que siempre es la poesía. ¿Un diario? Sí, pero un diario con entraña lírica. Por su verso y por su prosa. Es decir, por su vida. Una maravilla de libro. Con una más que meritoria traducción de Akiko Imoto y Carlos Rubio.
Pd. Y no quiero dejar de mencionar que es también de Carlos Rubio -junto con Rumi Tani- el autor de la excelente traducción de la epopeya Heike monogatari ("El cantar de Heike"), una obra clásica de las letras japonesas del siglo XIII que tampoco nos podemos perder. En este libro se narra la lucha entre dos clanes, con la aparición de los guerreros samuráis -entre otros muchos alicientes que tiene el texto. Y está publicado por la editorial Gredos.




8 comentarios:
Guillermo, he comprado esta tarde el libro de la dama. Y otro que no viene al caso.
Lo compré y lo leí de un tirón. Es algo especial este libro que recomiendas. Tanto que lo voy a leer otra vez más despacio.
Andaba yo buscando una crítica y orientación sobre el libro y la que da es inmejorable...así que lo compraré y leeré.Últimamente he leido a Kawabata y me ha abierto una interesante vía a la literatura japonesa.
un saludo
Literatura excelente, que es la que llega al corazón.
Déjate de cuentos chinos(o japoneses,que no los distingo si no es por la nikon),si quieres algo exótico de verdad y muy educativo a la vez lee "Cuarenta años en el Círculo Polar"Ed.Sígueme.
Luego me dices.
Me lo voy a comprar en cuanto lo encuentre,en la librería de mi barrio ni les sonaba.Espero que no me defraude.
Un libro de hace mil años escrito por una japonesa que era dama de compañía de una princesa,uf.Me parece que no me va a dar por leerlo y si me da, que alguien llame corriendo al 112 que debo estar delirando.
Comprado y leído. Precioso. Lo aconsejo. Tenías razón Urbizu.
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