Bueno, bueno, ya está aquí el dos de mayo, mi cumpleaños, que coincide con el acontecimiento que vengo a tratar. Y el despliegue editorial para conmemorar el 200 aniversario del levantamiento español, provocado por el intento de conquista gabacha de Napoleón es espectacular. Libros de toda clase y condición. Casi todas las editoriales intentan aprovechar el tirón, sacar a la luz algo que no les deje fuera de este negocio, de esta oportunidad. Te pasas por las librerías y el dispositivo es tremendo. La oferta casi sofoca la curiosidad lectora. No sabe uno dónde acudir, qué escoger. Yo no voy a pretender ser exhaustivo. Simplemente voy a hablar de lo que he leído.El dos de mayo de 1808 tuvo lugar en Madrid un estallido -que diría Arturo Pérez Reverte-, un “hasta aquí hemos llegado” ante la ocupación francesa. (Aunque tampoco fuera del todo espontáneo). El pueblo más sencillo tomó las riendas de España y dio comienzo lo que se conoce como Guerra de la Independencia. La ira derivó en venganza, y la venganza en crueldad. El miedo y la desesperanza lograron amotinar a las gentes contra el soberbio francés. No había nada que perder. Y la astucia se desarrolló en una sangría que dejó exhausto y humillado al mejor ejército del mundo por aquel entonces.
Pienso que lo prime
ro que debemos hacer es leer y releer los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós (Alianza Editorial o Círculo de Lectores). Tal vez los tengamos por casa en aquellos tomos rojos de Aguilar. Esta lectura la considero fundamental. Luego, y siguiendo con el género de historia novelada o novela historiada, es magnífica la de Arturo Pérez Reverte, Un día de cólera (Alfaguara), ahora reforzada con un sugestivo volumen titulado Memorias del 2 de mayo, con el testimonio de algunos de los principales protagonistas del levantamiento en Madrid. Como el comandante Vantal de Carrère, el general Marbot, el barón Jean-Baptiste Grivel, el conde de Toreno, José Blanco White, Ramón Mesonero Romanos, José Mor de Fuentes, Manuel María Esquivel, don Antonio Alcalá Galiano, don José Navarro Falcón, don Rafael de Arango y Blas Molina Soriano. (Otra novela, que ya reseñé aquí, y que me parece de interés, es Lady Smith, de Mabela Ruíz-Gallardón, publicada por El Andén).Pero tal vez haya muchas personas que lo que deseen sea una perspectiva más amplia de todo lo que significó aquella guerra. Con referencias a personajes históricos, batallas, situación política, etc. En este sentido -insisto: dentro de los que yo he leído-, el mejor me parece 1808. España contra el invasor francés, de César Vidal (Península). Adecuada síntesis, rigor histórico y amenidad hacen de este libro una buena referencia para hacerse una idea bastante clara de lo que pasó. Otra visión muy interesante nos la ofrece La guerra del gabacho, de Francisco Núñez Roldán (Ediciones B), siguiendo la estela del ejército regular español, y reivindicando su prestigio. Pero a mí el libro que más me ha gustado -por su consistencia-, aunque sé que puede resultar de lectura más densa, es La Guerra de la Independencia: un conflicto decisivo, de José Manuel Cuenca Toribio (Encuentro). ¿Cuándo se produce el verdadero nacimiento de la idea de España como nación? Desmantela elucubraciones y propone y documenta una visión alejada de sentimentalismos y manipulaciones pueriles. Para leer y reflexionar.
La maldita guerra de España, de Roland Fraser (Crítica) es el último que he leído. No es un libro nuevo, pegado a la inmediatez de este 200 Aniversario. Desde su punto de vista -ya el título es toda una declaración de principios- hay mucho mito construido sobre la tragedia de un pueblo oprimido por hambrunas y políticos torpes, y por la ambición desmedida de Napoleón, sojuzgando la libertad de millones de hombres. Sobre todo ello se levantó un cúmulo de leyendas y despropósitos que Fraser denuncia con razón y razones. Y con buena prosa.
En fin, pásense por las librerías y verán el despliegue. Tal vez les apetezca algún otro título que no esté aquí. Pero, por favor, lean a Galdós. Eso sin falta.




6 comentarios:
No sé como haces para leer tanto, pero el caso es que es que lo haces y que nos viene de maravilla a otros. Te haré caso e iré a mirar todos esos libros. No sé cual me enganchará más. Con César Vidal tengo ciertos prejuicios, lo reconozco.
Lo siento,Guille,esa no es mi guerra,me pilla lejos,¿sabes?,no,me interesa.
Quiza,si no tuviera otra cosa que hacer,ni nada mejor que leer...pero es que por aquí se están librando otras batallas,algunas duras y difíciles.Esta sí es la mía.
Empiezo a reconocer a mi enemigo,él me conoce a mí de sobra,conoce todas mis flaquezas y no veas cómo se aprovecha,pero creo que puedo ganar,no por mí,no,son mis aliados los que me hacen confiar en la victoria,tengo a los mejores, los que jamás se asustan ni abandonan,los que siempre saben lo que tenemos que hacer,los que no se desaniman cuando yo me rindo…y tengo lecturas que me ayudan con la estrategia,deja que te recomiende(por una vez al menos) un par de ellas de alguien que venció,por si alguna vez te hicieran falta,anota:”El gozo de la esperanza” y “Testigos de esperanza” de Nguyen van Thuan, en la editorial Ciudad Nueva.Te gustarán,seguro,me apuesto lo que quieras.
Reza por mí,ya sabes,mis batallas...
Me encanta cuando escribes sobre libros. Disfruto una enormidad.
En casa de mi padre están esos libros rojos que dice usted. Los de Galdós. Le pediré prestado alguno.
Leo mucho, sí, pero es cuestión de organizarse bien y no ver la TV. Es una pena lo de los prejuicios. César Vidal en esta ocasión ha escrito un buen libro sobre la Guerra de la Independencia y la invasión napoleónica de España.
Todos tenemos guerras y mil batallas. Dolores, sacrificios, cruces, cansancio, tristezas... Pero Dios ayuda y nos abre la inmensa perspectiva de Su misericordia. Y sí, he leído los libros de Van Thuan. Son espectaculares, muy buenos. Un testimonio único de fe. Una buena recomendación para todos.
Galdós es fundamental para todo lector de lengua española que se precie.
Saludos y gracias.
Hace dos días fue mi cumple.No tan sonado como el tuyo pero también tuvo su historia.Ocurrió algo importante,muy importante,importantísimo para mis padres que,aunque deseaban un niño,aceptaron que Dios les mandara esto que soy yo-¡pobres!-
Mejor no sigo,empiezo a estar depre.Me voy a la calle,allí no hay mucho tiempo para pensar y no puedo llorar.
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