Pero estaba con mis amigos. Y para mí su afecto, su confianza y su trato es un acto de esperanza y de cariño del que no puedo prescindir. Si lo hago -por motivos egoístas o atrabiliarios- cerceno una buena parte de mi felicidad. Porque se trata de eso. Cuando caes en la tribulación o en la angustia, o el alma se pone un poco mohína, uno va al amigo de cabecera, o a ese otro que es especialista en escucharte con paciencia; o al de más allá que vive lejos y al que escribes con urgencia tus dudas. Y sales como nuevo. Y ellos también te cuentan, y te llaman, y ganas en perspectiva. Y si hace falta sueltas unas lágrimas, y quitas la contraseña de tanto ahogo. Ellos -los amigos- siempre están ahí, y aunque no tengas nada especial que contarles, te sientas a su lado y miras su indulgencia. O escuchas por teléfono uno de sus poemas, o lees las primeras páginas de la novela que están escribiendo. O juegas al futbolín, sin más historias. ¡Qué orgullo tenerles cerca y ser parte de su vida!
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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.
jueves 24 de abril de 2008
Más sobre los amigos
Al afecto se debe el noventa por ciento de toda felicidad sólida y duradera
CLIVE STAPLES LEWIS
He escrito sobre mis amigos varias veces. Pero de vez en cuando tengo la necesidad de volver a hacerlo. No por quedar bien o para que me inviten a una grata velada en su casa. Es sencillamente porque les quiero. Claro, que dicho así, ahora que la costumbre es pensar mal en una progresiva degeneración del corazón, alguno podrá pensar: “menuda cursilada carininfa se nos trae el tío”. Manifestar los verdaderos sentimientos es hoy un calculado “veremos si me interesa y que puedo sacar de ello y por cuanto tiempo”; y no vaya a ser que meta la pata o que digan o piensen o crean que soy un sensiblero. Ya saben, que se interprete que eres de personalidad débil, capitidisminuida emocionalmente. Porque queda pero que muy poco macho decir de un amigo, pues eso, que le quieres. Como si el verbo querer estuviera reservado a los versos de amor cortés o a la intimidad del matrimonio (¡qué digo el matrimonio!, ¿ven?, ya estoy faltando al concubinato tan políticamente correcto de última hora, donde impera aquello de Crowley: la ley es hacer lo que quieras).
Pero estaba con mis amigos. Y para mí su afecto, su confianza y su trato es un acto de esperanza y de cariño del que no puedo prescindir. Si lo hago -por motivos egoístas o atrabiliarios- cerceno una buena parte de mi felicidad. Porque se trata de eso. Cuando caes en la tribulación o en la angustia, o el alma se pone un poco mohína, uno va al amigo de cabecera, o a ese otro que es especialista en escucharte con paciencia; o al de más allá que vive lejos y al que escribes con urgencia tus dudas. Y sales como nuevo. Y ellos también te cuentan, y te llaman, y ganas en perspectiva. Y si hace falta sueltas unas lágrimas, y quitas la contraseña de tanto ahogo. Ellos -los amigos- siempre están ahí, y aunque no tengas nada especial que contarles, te sientas a su lado y miras su indulgencia. O escuchas por teléfono uno de sus poemas, o lees las primeras páginas de la novela que están escribiendo. O juegas al futbolín, sin más historias. ¡Qué orgullo tenerles cerca y ser parte de su vida!
Pero estaba con mis amigos. Y para mí su afecto, su confianza y su trato es un acto de esperanza y de cariño del que no puedo prescindir. Si lo hago -por motivos egoístas o atrabiliarios- cerceno una buena parte de mi felicidad. Porque se trata de eso. Cuando caes en la tribulación o en la angustia, o el alma se pone un poco mohína, uno va al amigo de cabecera, o a ese otro que es especialista en escucharte con paciencia; o al de más allá que vive lejos y al que escribes con urgencia tus dudas. Y sales como nuevo. Y ellos también te cuentan, y te llaman, y ganas en perspectiva. Y si hace falta sueltas unas lágrimas, y quitas la contraseña de tanto ahogo. Ellos -los amigos- siempre están ahí, y aunque no tengas nada especial que contarles, te sientas a su lado y miras su indulgencia. O escuchas por teléfono uno de sus poemas, o lees las primeras páginas de la novela que están escribiendo. O juegas al futbolín, sin más historias. ¡Qué orgullo tenerles cerca y ser parte de su vida!
Publicado por
Guillermo Urbizu
Etiquetas: Reflexiones
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17 comentarios:
"Al afecto se debe el noventa por ciento de toda felicidad sólida y duradera."
A qué afecto, me pregunto,al que das o al que recibes.Hay veces que no lo encuentro por ningún lado y no es que sea un pesimista de cojones,es que es así,me encuentro más solo que la una y seguro que es culpa mía,porque bien que me lo avisaron,ya me lo decían:no te des tanto,te vendes muy barato...pero no les creía.No escuché cuando me aconsejaron que fuera egoísta (quiérete,que nadie te va a querer como tú)y no dejé de hacer caso a todas esas historias sobre la amistad.
Historias,fantasías,cuentos,aunque reconozco que los escribe muy bien.
Soy un simple lector. Pero tal y como escribes me gustaría ser tu amigo. Ramón L.
No es por chafarle el tema,pero no existe la amistad,es una ilusión que usted se hace para ser, así, más feliz,vamos,como lo de Alicia en el país de las maravillas.Si quiere podrá seguir engañandose,pensar que sus amigos le querrían igual fuera como fuera,aunque no escribiera,por ejemplo;pero en el fondo sabe,porque ya nos vamos conociendo,que todos buscamos algo de los demás,y no precisamente afecto.
Dígame dónde están esos amigos o qué hay que hacer para que te quieran como amigo.
El propietario del blog,si admite un consejo,debería tener más cuidado,no es bueno dedicarse a dar envidia a los demás,que ya de por sí y sin darle motivos te la suelen tiener.
Fabuloso, por su valentía y emotividad. Que les den a los falsos incapaces de valerse por su propia alma.
Yo si creo en la amistad, yo tengo amigas a las que quiero desinteresadamente, sin querer nada ni esperar nada. He comprobado también que soy correspondida. La amistad existe, sí señor.
Tengo un amigo que no me merezco,no falla,siempre está,y cuando me encuentro peor(no sé cómo se las apaña para saberlo)de una manera u otra aparece.Como hizo ayer,llamó y me dijo:estoy de paso,sólo unas horas,regreso pronto,problemas de salud,pero quiero verte,sé mi medicina.
Y me curó de muchos ismos:mi pesimismo,mi escepticismo,mi egoísmo...diciéndome :tengo suerte de tener amigos como tú,que no fallan,que siempre están,que cuando,como hoy, estoy mal aparecen y me curan(ya me duele menos esta lumbalgia) con sus risas y su cariño,no importa que vivamos tan lejos si sé que te tengo.
Ayer se presentó como este amigo,otras veces me lo tropiezo disfrazado de desconocido en medio de la calle,o en las páginas de un libro,o en un blog,pero no falla,siempre está.
Leo por aquí que alguien ha escrito que la amistad no existe y que si esto y que si lo otro. Con palabritas muy ocurrentes y un trasfondo amargo. Cuántas bobadas tiene que leer y escuchar uno. Decir que la amistad no existe es como negar la luz del sol o el agua de los mares. Y hablo de amistad amistad, de la desinteresada. Porque otra cosa no es amistad, será petróleo o un film de Almodóvar, pero no es amistad. Es interés y colorín. Y el que piensa que todo el mundo funciona por intereses es que está peor de lo que cree que está.
Ya lo dijo C.S.Lewis: la amistad es una forma de amar,y como todo amor(eso lo digo yo)duele.
Los amigos me duelen cuando los echo de menos y los extraño,cuando sé que lo están pasando mal y cuando no sé ni como están.
Pero lo que de verdad no sé es vivir sin mis amigos,les necesito,les echo de menos,lo paso mal cuando sé que lo están pasando mal y cuando no sé ni cómo están,pero, aún así,me dolería más si me faltaran.
la vida consiste en el afecto que la sostiene
Mis amigas y amigos son de las pocas cosas buenas que tiene mi vida. Le agradezco su reflexión.
Me reconozco en su artículo. Ahora que mi marido no me ve ni escucha le diré que acudo más a mis amigas que a él. Me refiero cuando la situación aprieta de verdad y estoy hasta la coronilla de muchas cosas y muy cansada. Un saludo de Tere.
No me atrevía a escribir nada la verdad. Pero mi hijo mayor me dice que lo diga. Bueno era decirle que le leo casi casi todos los días y que lo de los amigos me ha emocionado. Su amiga Eva.
Fíjese,acabo de leerle y he recordado algo que,hace bien poco, escuché con motivo de nosequé centenario,decía que,más que orgullosos de poder celebrar los primeros cien años -y seguir sumando-,su orgullo era el de poder seguir sumando amigos,porque sin ellos no tendría sentido ni uno solo de todos esos años.(Le aseguro que no fingía).
La amistad existe, y aunque no colma la existencia, la hace agradable, alegre y en ocasiones, profundamente plena. Si no han tenido la suerte de encontrarla, sigan intentándolo, por favor. Pero no digan que no existe la luz sólo porque son ciegos.
Los amigos son la mejor cura cuando uno pierde el norte. Siempre he pensado que son como una especie de directores espirituales que te orientan y confortan. Impagables.
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