Eres Tusitala.
Así te llaman los indígenas de Samoa, en el Pacífico Sur. Eres el hombre que cuenta historias. Ahí, en el porche de tu casa, o alrededor de un fuego, mientras en el espacio la luz adquiere esos tonos que inventó Gauguin. Cuentas historias de piratas o de hombres que lucharon por alcanzar la felicidad. Ese tesoro que se nos escapa una y otra vez, y que tantas veces confundimos con nuestra propia concupiscencia o avaricia o desdén.Eres el único escritor al que leo todos los días. Nunca lo había dicho, pero ya es hora de que lo sepas. No tiene ningún mérito, ni lo hago con afán erudito o por algún tipo de fascinación supersticiosa. Es mi pequeño secreto: leer cada día unas líneas, unos párrafos o unas páginas de La isla del tesoro. Bien sabes que el hombre está lleno de manías, de esos pequeños galimatías del alma por los que discurre la vida. Aunque lo llamemos de otra manera, y creamos que la manía no es manía o que el alma no es alma.
Ahora la vida es muy distinta a como tú nos la dejaste. Apenas reparamos en las estrellas y escasean las buenas historias. Jugarse el tipo por algo que merezca la pena no se lleva. Demasiado incómodo. Lo que no ha cambiado es que todos vamos buscando un buen mapa que nos ayude a encontrar el tesoro. La mayoría creen haberlo hallado en un desmesurado trabajo o en la propia inercia del horario. Otros siguen ideologías o lo fían todo a la fantasía de algún cantamañanas. Y hay quien piensa -en el colmo de la desdicha- que el mapa es su propio ego. (Hay que estar muy borracho de ron o de miedo para pensar eso).
Y allá van, haciendo lo que sea por conquistar el tesoro. Y lo confunden todo con el dinero, aunque renieguen de ello y pongan cara circunspecta. Por llegar a él uno puede llegar a ser peor que Perro Negro o el Capitán Flint. No se concibe que el tesoro sea otra cosa. ¡Oro, oro, oro! Parecemos repetir todos como el loro de Silver. Pero el mapa verdadero quizá esté dibujado con otros signos y se encuentre en otro lugar o en otra piel. Y puede que tampoco esté en el cofre del Billy Bones de turno, en la posada del Almirante Benbow o en cualquier otra quimera. ¿Dónde buscar un mapa que ofrezca ciertas garantías de éxito? ¿En un papel, en la literatura? Quizá, quizá. ¿O más bien en los ojos enamorados de Fanny, tu mujer?
A mí me gusta ponerme en la piel de Jim Hawkins y subirme a la Hispaniola de polizonte como él. Y contemplar en el cielo la posibilidad de un tesoro mucho más consistente e infinito. Y dejarme llevar por la estela del propio barco. Y cuando llegue la hora de luchar por lo que creo hacerlo con brío y acero. Y ser feliz.
Bueno, ya ves lo que aprendo de tu novela, querido Robert Louis Stevenson. Tengo cinco o seis ediciones distintas de La isla del tesoro, pero casi siempre leo una de lujo de la editorial Edhasa. Ese libro, amigo mío, preside mi biblioteca y -lo que es más importante- una buena parte de mi vida. Aquí te dejo mi agradecimiento y mi recuerdo. Dios te guarde.




15 comentarios:
Jo, tio, una maravilla de carta. Anonadado estoy. Tu pasión literaria desemboca en la propia vida. Grandes libros que hacen de nuestras vidas algo distinto sin duda.
Me voy contigo,yo también quiero "ponerme en la piel de Jim Hawkins y subirme a la Hispaniola de polizonte como él. Y contemplar en el cielo la posibilidad de un tesoro mucho más consistente e infinito. Y dejarme llevar por la estela del propio barco. Y cuando llegue la hora de luchar por lo que creo hacerlo con brío y acero. Y ser feliz."
"...la felicidad. Ese tesoro que se nos escapa una y otra vez, y que tantas veces confundimos con nuestra propia concupiscencia o avaricia o desdén."
Tú,Guillermo,sí que eres Tusitala.Me asombra cómo me cuentas cada día una historia diferente que siempre me habla de mí.
Hoy mismo me voy a dar el gustazo de comenzar a releer La isla del tesoro.
Mis padres me enseñaron que tu tesoro está allá donde esté tu corazón. Pero el corazón no es una isla.
Felicidades por el blog. Alberto.
Tu corazón,eso sí que es un tesoro.
No hay nada como los clásicos, esos libros que incluso pareciendo un simple libro de acción, van siempre más allá de lo que nos cuentan. Yo en Stevenson he visto siempre una gran fuerza moral -sin ser un moralista-, acompañada de una precisión en su lenguaje inigualable. Estoy totalmente de acuerdo con usted en que es de lo mejorcito que uno puede leer.
Abrazos.
....y Tusitala sabía rezar.
¡QUIEN NO SEPA REZAR, QUE VAYA POR ESOS MARES, VERÁ QUE PRONTO APRENDE, SIN ENSEÑARSELO NADIE!
Un abrazo y gracias.
Fernando María Escondrillas Gómez
Tus cartas son buenísimas. Escribe más por favor. Escríbele una a Jane Austen que tanto me gusta.
Escríbele al que te lee todos los días.
¡Me encanta Stevenson! Me ha traído muchos recuerdos de mi infancia tu post de hoy. Por cierto, enhorabuena por el cumple del blog, feliz PRIMER aniversario :D
La gran literatura puede ser un buen mapa para llegar o intuir al menos el "tesoro" que más anhelamos todos: el de la felicidad. Para mí al menos lo es. Y creo que para ti Urbizu también.
Julio.
Querido Guillermo Urbizu:
No sabe lo que me alegra que un súbdito de la egregia nación española, cuya literatura tanto admiro, me haya escrito una misiva tan hermosa. No anda descaminado usted en sus apreciaciones. "La isla del tesoro" se puede leer de muchas maneras desde luego, y la suya es sabia, además de constante en el tiempo. No creí cuando la escribía que iba a alcanzar tanta fama y, sobre todo, fuera del gusto de tantos lectores, mayores y chicos. En mí tiene usted desde hace tiempo un amigo y lector. Desde donde estoy sigo lo que se escribe en distintos idiomas. Y sigo lo que se escribe en ese invento tan locuaz e inverosímil al que ustedes llaman internet.
Le doy la enhorabuena por todo, y las gracias por su generosidad hacia mi persona y obra. Y nos seguimos viendo a bordo de la Hispaniola o bien en Somoa, en esa luz que a usted tanto le gusta.
Le saluda cona afecto Robert Louis Stevenson.
Como lector tuyo me gustaría poder leer con el tiempo un libro reuniendo estas cartas.
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