Bienvenidos

Presento este blog con gran ilusión. Y alegría. No sé si servirán para algo los apuntes que yo pueda escribir aquí cada cierto tiempo. Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo.


viernes 29 de agosto de 2008

No estamos solos


Este verano estuve con un hombre que decía no creer en Dios. Su pena mayor era la posibilidad de que muriera uno de sus hijos. “Tanto esfuerzo para nada”. “Debe de ser el dolor más grande”, remachaba. Miraba al suelo con los ojos húmedos y la mano acariciando la barba de dos días. La posibilidad de que le ocurriera una tragedia así le sumía en el terror. “Dios no puede consentir algo semejante y sin embargo sucede con frecuencia”, proseguía. ¿Dios? Pero si tú no crees en Dios… ¿o sí? Hizo un gesto indefinido y yo sentía su angustia, su vacío. Puse mis manos en sus hombros… e hizo un amago de sonrisa. “Hay mucha gente que va a misa y no es buena”, murmuró. No te quepa duda, le dije, pero luchan por ser mejores. Imagina si dejaran de ir... Yo mismo… Sin la gracia de Dios sería el más insensato de todos, el más frívolo y el más bobo. De entrada. “Mírame Guillermo, soy un hombre sin estudios, sólo tengo a mis hijos”. Y yo le miraba… “No sé rezar”. Y yo le miraba… y veía su alma ante mí, temblando. “Tengo miedo”. Y se quitaba la gorra, y la estrujaba entre sus rudas manos, y se la volvía a poner. Miedo de quedarse solo, sin consuelo… ¿Te sabes el avemaría? “Joder, yo no creo en esas cosas”. Hazlo por tus hijos, sin fe, sin ganas… Hazlo y sentirás que tu corazón no está solo. Dios quiere a tus hijos más que tú, te lo aseguro. "Ya veré, ya veré", susurraba. Nos dimos la mano. Y de camino a casa recé yo la primera avemaría...

9 comentarios:

RAFAELA dijo...

Es muy extraño como María tiene múltiples formas de llegar a nuestras vidas...nunca me ha gustado rezar el rosario y sólo lo hacía por compromiso hasta cuando sentí que ella me escuchaba. Tal vez mi existencia no me alcance para entender los misterios Marianos, la protección maternal que recibimos sin merecerlo siquiera.

Por eso quiero expresarle a Ella mi agradecimiento y compartir con Don Guillermo y todos los que andamos por aquí, que es verdad, no estamos solos.

Marta dijo...

Yo creo que ese hombre sin llegar a pronunciar el Avemaría ya comenzó a rezar:“Mírame Guillermo, soy un hombre sin estudios, sólo tengo a mis hijos”. Y yo le miraba… “No sé rezar”. Y yo le miraba… y veía su alma ante mí, temblando. “Tengo miedo”. Probablamente Guillermo, tu fuiste en ese momento el canal transmisor por el que sus balbucentes plegarias llegaron a Dios. Sin duda.

Anónimo dijo...

El dolor más grande no es perder a un hijo,es que se pierda para siempre,y si para volverlo a ver tengo que dejar de verle,prefiero morir de no verlo.

Anónimo dijo...

Me impresionó el testimonio de una mujer atea que había perdido a un hijo y se lamentaba de no tener fe para poder blasfemar,para poder echarle la culpa a alguien,como hacía un padre que tenía al lado en su misma situación.

Anónimo dijo...

Yo he rezado la segunda avemaría, ya puestos. Espero que no le moleste.

Anónimo dijo...

yo la tercera

Anónimo dijo...

¿Dónde me quiere hoy Dios,hoy que sé que siempre está conmigo, que no me deja,que no estoy solo?No es difícil de imaginar,quiere que esté al lado de los que se sienten solos,quiere mis oídos,mis ojos,mis manos para escucharles,devolverles la esperanza y abrazarles.

Anónimo dijo...

Ahí va la mía,Madre,la tercera, por este hermano. La cuarta por sus hijos, la quinta por los de Guille,la sexta por los míos, la séptima por el corazón del poeta, la octava por sus ojos,la novena por sus manos,la décima por su alma ,la undécima por la de su hogar,la duodécima por el resto de su familia,la décimotercera por sus amigos, la décimocuarta por Pedro, la décimoquinta por sus compañeros, la décimosexta por su trabajo, la décimoséptima por sus sueños,la décimoctava por sus proyectos, la décimonovena por su testimonio, la vigésima por su blog,la vigésimo primera por su camino,la vigésimo segunda por sus inquietudes, la vigésimo tercera por sus dudas, la vigésimo cuarta por sus errores...
... la quincuagésima por su salvación.

Anónimo dijo...

Sólo decirle que me encanta releer sus textos de otros días. Su blog es grande grande. Lucía.