Bienvenidos

Presento este blog con gran ilusión. Y alegría. No sé si servirán para algo los apuntes que yo pueda escribir aquí cada cierto tiempo. Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo.


sábado 30 de agosto de 2008

Pedro


Pedro es una persona que se sienta en la acera y pide limosna. Durante muchos años fue pastor. Su casa era el campo, acompañado de sotos y estrellas, de perros y ovejas... Y un buen día todo ese paisaje donde él había nacido se desbarató, y llegó a esta ciudad llena de viento y cosas. Conversamos con él con frecuencia. Nos reconoce al instante y sonríe que da gusto verle. A veces le tengo como envidia, porque siento que está muy cerca de Dios, y yo sé lo que me digo. Le ayudamos en lo que podemos, pero es él el que realmente nos ayuda a nosotros. Le das unos euros o comida -o le dices: “buenos días Pedro”- y él te corresponde con el cielo. Ahí está, en medio de la calle, sentado sobre una sucia mochila y un saco de dormir mugriento. Un día le dio un beso a Cristina, agradecido por algún detalle… ¡Qué cara puso mi niña! “El pobre de Cristina”, lo llamábamos cariñosamente al principio. Pero ya no. Es Pedro, un viejo pastor que de pronto se quedó sin ovejas, sin trabajo, sin cariño... Y ahora es nuestro amigo.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Sigues siendo el más loco de mis amigos y el único al que quiero parecerme.

Anónimo dijo...

¿Qué querrá Dios que haga hoy?
Quiere que le preste mis manos,mis ojos,mis oídos para acompañar a alguien que se encuentra solo; quiere que sienta su Amor,el cielo; quiere que le diga sí.

Anónimo dijo...

No sé lo que daría por ver la cara de Cristina.Dígale a su niña que estoy muy solo y muy falto de cariño,que le mando un beso, que me deje ser su pobre.

Anónimo dijo...

Perdonen que les cuente algo que me pasó ayer.Fue en la caja del super,la cajera me pidió nosequé tarjeta para acumular puntos, le pregunté al siguiente cliente si la tenía y dije que se la pasaran a él.Deben ser ustedes familia,dijo la chica.Somos hermanos,contesté yo.Es una tontería,pero viene al caso.
Si de verdad nos consideráramos hijos de Dios veríamos a los demás como verdaderos hermanos, nos preocuparían sus cosas y el mundo se parecería en nada a éste y en mucho al Cielo.

Mary Rogers dijo...

a veces basta sólo un gesto...no se necesita más...

Anónimo dijo...

Sus palabras me recuerdan una palabra desaparecida en el combate pagano que nos invade: caridad. Ejercitar la caridad es fuente de gozo. Pero prevalece el egoísmo desmedido, enfermizo. Y así no hay manera de ser feliz.

Anónimo dijo...

Pedro,o Paco,o Juan,o Susana,o... porque no tendrán casa pero todos tienen nombre y una historia que podría ser la tuya o la mía,y ¿sabes lo que más les duele? que pasemos por su lado como si fueran invisibles.
Hay que conocerles,Sant Egidio o el Cáritas de tu ciudad,con cualquiera de los dos puedes salir "de ruta",pregunta,me lo agradecerás.