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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


martes 9 de septiembre de 2008

Carta a Hilario Barrero (en la muerte de su madre)



Queridísimo Hilario:

Perdona por haberte leído tan tarde. Tu relato me ha emocionado. Si dijera que sólo literariamente no diría la verdad, y sería un bellaco. Esas líneas trenzan un significado eterno, de un cariño que no se trunca jamás. La muerte de una madre es esa fisura por donde el dolor se transfigura en otra cosa, más allá del recuerdo y del tiempo. Se transfigura en esa luz tenue que el alma percibe al abrir los ojos todas las mañanas, o en esa brisa que alardea en las hojas de los magnolios. Y te quedas callado el resto de tu vida, porque no sabes qué decir sin que te escuche ella.

Pero yo descubrí un día que mi madre no había muerto. Al menos no había muerto como yo pensaba que había muerto. Porque me hablaba… La ausencia no era total. Escuché su voz dentro de mí. Nada de esotéricas imaginaciones o de pensamientos neurasténicos producto de una excesiva piedad. Hilario, era -es- ella, mi madre. Sigue pendiente de mí y de mis cosas, como hacía entonces. Me atrevería a decir que está más viva, y que por supuesto se entera antes de mis travesuras (no cambiamos tanto como parece). Y es que el amor de una madre no se corrompe y acaba con el entierro. No tendría sentido. Del común o de cualquier otro.

Ya sabes que soy creyente. Católico vamos (aunque no dé muy buen ejemplo). Y en efecto, Dios es Dios: el que Es. Infinito. Y digo esto porque siempre he pensado que en la tierra lo que más se le acerca -salvando lo insalvable- es el corazón de una buena madre. Esa que tú evocas en tu escrito con palabras elocuentes. No lo dudes, está contigo. Permanece a la escucha amigo mío, y cuéntale de tus alegrías y pesares. De repente abrirás los ojos en medio de la noche…, o te sorprenderá en medio de algún verso. Es ella, mamá, que no puede dejar de quererte. Y esto no es un consuelo barato. Son otros los que hacen una caricatura del amor materno, y lo mancillan de mil maneras.

¿Qué más puedo decirte? Tu madre sólo quería verte feliz. Y removerá el Cielo por ti (y por tus hermanos, claro), y pondrá a Dios entre la espada y la pared si llega el caso. Tenlo por seguro. Su cariño es más fuerte ahora. Rezo por su alma. Un gran abrazo Hilario.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Guillermo:
No soy de lágrimas fáciles, ni de conmoverme a diario.
Este escrito tuyo si que me llegó al alma, me conmovió hasta los huesos.
Que ternura, que verdad, y que talento.
Tere

Anónimo dijo...

Sólo el amor de una madre apoyará,
cuando todo el mundo deje de hacerlo.
Sólo el amor de una madre confiará,
cuando ningún otro crea.
Sólo el amor de una madre perdonará,
cuando ninguno otro entienda.
Sólo el amor de una madre honrará,
no importa por qué hayas pasado.
Sólo el amor de una madre resistirá,
cualquier tiempo de prueba.
No hay en el mundo amor
más grande que el de una madre.

Anónimo dijo...

¡Oh, cuan lejos están aquellos días
en que cantando alegre y placentera,
jugando con mi negra cabellera,
en tu blando regazo me dormias!

¡Con que grato embeleso recojías
la balbuciente frase pasajera
que, por ser de mis labios la primera
con maternal orgullo repetias!

Hoy que de la vejez en el quebranto,
mi barba se desata en blanco armiño,
y contemplo la vida sin encanto,

al recordar tu celestial cariño,
de mis cansados ojos brota el llanto,
porque, pensando en tí, me siento niño



Un golpe dí con temblorosa mano
sobre su tumba venerada y triste;
y nadie respond1o ... Llamé en vano
porque ¡la madre de mi amor no existe!


Volví a llamar, y del imperio frío
se alzo una voz que dijo: ¡Si existe!
Las madres, nunca mueren ... Hijo mío
desde la tumba te vigilo triste ...

¡Las madres, nunca mueren!
Si dejan la envoltura terrenal,
suben a Díos, en espiral de nubes...
¡La madre, es inmortal!

Vicente Riva Palacio

Anónimo dijo...

El Crucifijo de Mi Madre


Le cubrío de besos,
le contó sus males
que adornan su imagen;
puso en esa frente,
cubierta de sangre,
transida de pena,
sus labios amantes.
Juntó en ramillete
las rosas del valle,
y cubrió con ellas
las plantas del Mártir.
Le colgó a mi cuello
y con voz de ángel;
"Guárdale!" me dijo,
llorando mi madre.
El limpio sudario
que envuelve sus carnes;
las negras espinas,
los clavos punzantes:
la lámpara triste
que a intervalos arde
al muro prestando
reflejos fugaces;
la cruz silenciosa
y el Santo Cadáver
en ella clavado
por raza culpable...
Oh,¡cuánta ternura
guardara mi madre!
El sol en el cielo
se inflama radiante;
violetas y lirios
perfuman el aire;
ya tienen más música
las funetes del valle;
vestidos de flores
se ven los altares,
se alegra mi aldea;
y allí por las tardes
al son de la esquila
se reza la salve.
¡Feliz primavera!
Bendita la imagen
del Cristo a quien rezo
pensando en mi madre!
Yo siento a mis olas
hervir tempestades;
me acecha del mundo
la envidia cobarde;
el vicio asqueroso
con faz repugnante
su abismo me abre,
su baba me arroja,
más no la serpiente
con lucha implacable
podrá de sus furias
del dardo arrojarme;
La Cruz de mi escudo,
y allí del combate
el Cristo me salva
que adoró mi madre!
Por eso a sus plantas
les rezo constante
por eso en Él busco
remedio a mis males;
por eso arrancando
violetas del valle,
perfumo con ellas
las plantas del Mártir;
por eso a mi cuello
llevando su imagen
de mi cuerpo mismo
forma el suyo parte;
por eso una noche,
cual siempre al besarme.
"Guárdale!" me dijo
llorando mi madre.

Antonio

Anónimo dijo...

Una carta ejemplar. Cuando muriera me gustaría que me escribieran algo parecido. Se la voy a enseñar a mi marido e hijos para que vayan preparándolo.

Anónimo dijo...

La poesía "El crucifijo de mi madre"creo que es de Antonio Fernández Grillo.

Anónimo dijo...

En el mundo sólo hay dos clases de personas:Los afortunados,como yo,a los que Dios les regaló una buena madre;y los que,como mis hijos,no han tenido tanta suerte.

Anónimo dijo...

Querido Guillermo:
En mi nombre y en el de mi familia, que ha leído tu carta y te está muy agradecida como lo estoy yo, te queremos dar las gracias por esa calido testimonio que nos has escrito. Mi madre, que era una católica de las "de toda la vida", la habrá leido, este donde esté y habrá sonreido. Le habrá ayudado a olvidar todo lo que sufrió mucho durante los últimos años de su vida, en una agonía que a algunos de nosotros nos hacia dudar de ese Dios en el que habíamos sido educados. Comentábamos que no se merecía tanto castigo y mucho menos ese final. Pero los caminos del Señor, me imagino, son así: un enigma. Pues sus ocho hijos sufrimos con ella. Ahora ya está liberada y es feliz y libre. Tu carta, tan hermosa como todo lo que escribes, está llena de claridad, de esperanza y, sobre todo, de una fe que yo envidio (porque la perdí). Si ella te hubiera conocido te hubiera tratado como a un hijo más, te hubiera sentado a su mesa, te hubiera contado historias de la guerra y las travesuras de sus nietos. Durante los últimos años de su vida su mundo fue una larga noche. Hasta Triska, la perrita, se alejó de ella y no se volvió a subir a su regazo nunca más cuando se dio cuenta de que ya no sonreía. Auqnue parecia que estaba sola yo sé que alguien, aparte de su familia, le acariciaba cada dia su mano temblorosa y fría. Alguien a quien ella habia rezado durante toda su vida. Hasta que se quedó muda.
Un abrazo cordial, hilario.

Anónimo dijo...

"A una madre se la quiere
siempre con igual cariño
y a cualquier edad se es niño
cuando una madre se muere."

José María Pemán