Bienvenidos

Presento este blog con gran ilusión. Y alegría. No sé si servirán para algo los apuntes que yo pueda escribir aquí cada cierto tiempo. Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo.


miércoles 8 de octubre de 2008

El Apocalipsis

Estamos de lo más apocalípticos. No hay forma de tener un día tranquilo. Quiero decir, uno de esos días en los que uno se levanta, se ducha, desayuna y estampa a su mujer un beso en toda el alma. Un día de esos sin nada especial que destacar, salvo ese beso matutino y algún que otro vespertino. ¿Lo demás? Un trabajo mortecino y el ruido de la calle. Bueno, y los niños, entre valencias y morfologías del lenguaje. Uno de esos días, en definitiva, en que te acuestas sin darle muchas vueltas a la cabeza, esperando que la realidad se torne dulce sueño. Pero nos han tocado tiempos plagados de pesadillas. No hay manera de vivir con sosiego. Que si el presunto cambio climático, las guerras o la próxima extinción de un buen montón de mamíferos. Que si la mala leche china con melanina, o la hecatombe de la economía. Que si el terrorismo y el integrismo nacionalista. Sin olvidarnos del aborto, o de los traficantes de droga y del cuerpo humano. Y entre todo ello la oratoria antañona de los políticos progresistas. Tan cansina y comediante. Y la de los otros, atrapados en chorreras y melindres. Explota la burbuja de ozono y la de internet y la inmobiliaria. Se devalúa estrepitosamente la educación y el matrimonio. Explota la burbuja de la usura y la de la injusticia con los que menos tienen. Explota la burbuja de un mundo sin Dios, en un desplome evidente de la alegría. No hay más que asomarse a la ventanilla de la vida o a los periódicos, y escuchar un poco a la concurrencia. Todo son sustos e hipocresías, poses y fetiches. Nuestro mundo -tan occidental y redicho- parece una secta. Capta al personal con el dinero y el consumo, y lo abduce en una suerte de vacío y de vértigo y de inmoral remolino. El pensamiento anda alunado, y el corazón a la intemperie de cualquier superstición o desatino. ¿De qué nos extrañamos? Terremotos, tornados y tsunamis. Asesinatos, dictaduras, violaciones, torturas atroces. Ya les digo, ni un solo día tranquilo. Y el Apocalipsis, queridos lectores, es esta lenta agonía del alma.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Para mañana un poco más de optimismo, que también hay cosas buenas

alejandra dijo...

Me encanta tu blog, cada dia lo leo... muchas gracias por todo

Anónimo dijo...

Tienes toda la razón pero hoy me pillas optimista,no es que vea muchas cosas buenas(tendrás que preguntarle al del primer comentario),es que veo mucha gente buena que no se conforma, que está dispuesta a hacer algo,capaz de dedicar su tiempo y sus fuerzas a cambiar el mundo empezando por su escalera.
Yo creo que podemos parar este desastre.Juntos podemos.

Anónimo dijo...

Llevaba tiempo pensando que vivimos en el apocalipsis o en la inminencia de él, que el ser humano siempre ha estado, de alguna manera, esperando el fin del mundo, y sigo pensando lo mismo pero es que ahora sí tenemos los elementos necesarios para acabar con todo de una vez por todas.