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Presento este blog con gran ilusión. Y alegría. No sé si servirán para algo los apuntes que yo pueda escribir aquí cada cierto tiempo. Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo.


domingo 5 de octubre de 2008

Relatos de Kolimá


La editorial Minúscula es de las más interesantes que conozco. Desde su mismo nombre y el tamaño de sus libros parte de una humildad que resulta sumamente atractiva. Valeria Bergalli se ocupa con gran tino de que los títulos que publica sean literariamente impecables. Los textos en sí, en su diseño o en sus traducciones, están cuidados hasta el extremo. Es decir, en los detalles minúsculos, que es donde se nota el mimo y la ternura de un buen trabajo. Porque el lector no es tonto y percibe muy pronto dicha consistencia editorial, que no es otra cosa que sabiduría lectora. Ya se sabe: “por sus obras los conoceréis”.

Y una de esas obras es sin duda Relatos de Kolimá, de Varlam Shalámov (1907-1982). En el primer volumen de los seis de los que consta. Desde las primeras páginas te das cuenta que estás ante algo de otra dimensión narrativa. El tipo que ha escrito estas líneas -y las que están por traducirse (el segundo volumen se publicará antes de Navidad)- ha puesto algo más que su vida en el papel. La conmoción que produce es tremenda. La descripción del sufrimiento, la visión de las almas y de los paisajes infinitos de la taiga, la pureza de la nieve y de la dignidad humana mancillada por la sinrazón y la mordedura del silencio, la salvación de los versos en medio de la nada…

Kolimá: un rincón inhóspito de Siberia donde la misma muerte no acaba de morirse nunca, un lugar donde el hombre sobrevive apresado en “la espesa gasa blanca de la niebla helada”. Y el lector convive con esa tragedia, con esos hombres, con esa libertad congelada. El lector siente las lágrimas de la impotencia en su propio rostro, y la salmodia del viento… ¿Y la esperanza? Hasta la misma palabra parece difuminarse en el desvarío. El dolor tiene su liturgia en el misterio. Y los diálogos de los personajes -de esas personas- que buscan a tientas su propia existencia.

¡Qué libro señores, qué libro! Quisiera decir tantas cosas, pero se me embarullan las palabras, y sientes la indignidad de tu propio corazón, de tu propia vida… Sólo cabe leer estas páginas, y esperar con paciencia los próximos volúmenes. Recuerdo la universidad: “lecturas obligatorias”. Pues eso. Relatos de Kolimá es una de esas lecturas obligatorias. Por nuestro propio bien. Porque comprenderemos mejor muchas cosas.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo compraré mañana sin falta.

Anónimo dijo...

Hola Guille,

Me pregunto cómo eres capaz de tragarte no sólo los sapos sino estos concentrados de tristeza y maldad.
Sería incapaz,menos de recomendarlo a nadie.Con uno de los libros que tú llamas imprescindibles por poco me deshidrato y no está la vida como para andar buscando razones para llorar,bastantes tiene uno ya con solo mirarse.

En fin, cuídate y busca alguna recomendación que, si no puede ser divertida,al menos sea esperanzadora.

Un abrazo,

Pablo

Anónimo dijo...

Me encanta como escribe,don Guillermo,le leo con interés da igual lo que me cuente,pero lo que más me gusta es descubrir cómo se asoma Dios en lo que dice.

Anónimo dijo...

No necesito leer ningún libro para que se me embarullen las palabras, y sienta la indignidad de mi propio corazón, de mi propia vida.
Pensaba que leía buscando justamente lo contrario.Me voy a pasar a la música.

Anónimo dijo...

Muy bueno lo del domingo,me dieron ganas de leer lo de hoy pero se ve que habrá que esperar.
Toca poesía.