Bienvenidos

Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


jueves 6 de noviembre de 2008

Del mar, libros y sueños


Hace poco mencioné la isla desierta a propósito de los libros que me llevaría. Y aunque no me siento náufrago de nada, sí que es cierto que lo sueño con frecuencia. No se trata de un anhelo, o de una especial querencia por la soledad, o de un gusto por la lectura llevado a su extremo más radical. Pero es un sueño que se repite, que insiste, y que lo recuerdo siempre al despertar, cosa rara en mí. ¿Alguna lectura de aventuras de la infancia, algún trauma que no me sé? Puede que sin darme cuenta busque un refugio o una dimensión distinta del tiempo. Por alguna extraña razón emprendo un viaje en barco. Me veo leyendo en una de esas inenarrables tumbonas de cubierta. O contemplando la gama de azules del océano, y la espuma de nubes que se esparcen por el cielo. Deambulo por los pasillos de los camarotes hasta dar con el mío. Allí están mis maletas. Una con ropa y otra atestada de libros, revistas y cuadernos. Una visión muy nítida es la que observo desde popa, al atardecer, asomado a la fosforescente estela del barco. No hay conversaciones, aunque sí el sonido de las olas, en un bonancible concierto. No sé los años que tengo, ni si estoy casado o soltero. Tampoco sé el destino de la nao, ni el puerto de procedencia. Y no sé si navegamos por el Atlántico o por el Pacífico o por el Índico. Hay pocas cosas que me llamen la atención aparte de la incidencia de la luz en el agua y en el espacio. Y en esto creo que tampoco hay mucha distancia entre la realidad y mi sueño. Temo la profundidad de lo desconocido. Pero me acojo a la tumbona y cierro los ojos... Y ya no recuerdo nada más hasta la playa. Solo. El mar en calma. Soy consciente de un miedo que va creciendo. El caso es que sueño un largo paseo por la orilla, y que me voy encontrando restos de la inapelable zozobra del barco. No tengo sed ni hambre, lo que me ha llevado a pensar en ocasiones si me habré soñado muerto. Aunque no me cuadra el miedo. Un miedo muy intenso que no logro identificar con nada ni con nadie. Entre los despojos que están en la arena hay varias maletas que voy escudriñando con ansiedad. Una de ellas es la de mis libros y cuadernos. Desde entonces ya no sueño el miedo. Y comienzo a leer y releer hasta aprenderme de memoria sus páginas (no recuerdo títulos concretos). Y escribo… Y me despierto a las siete en punto. Y se me hace raro no ver el mar por la mañana. Hasta que vuelva a soñarlo. Y a sentir ese extraño miedo en el espinazo de la noche.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Y quién no sueña con una isla desierta y muchos libros para disfrutarlos sin agobios?

Anónimo dijo...

Esa debe ser el Cielo.Sigue soñando entonces.

Anónimo dijo...

Camino de la meta del triunfo,Obama nos fue ofreciendo algunas perlas relucientes:
1- "nosotros podemos"
2-"cambiaremos el mundo"
3-"a aquellos que quieren destruir este mundo, les decimos: os venceremos"
4-"la fuerza auténtica no procede del poderío de las armas, sino del poder duradero de nuestros ideales"
5- "en este país, avanzamos o fracasamos como una sola nación, como un solo pueblo".

Ciertamente, Obama hace soñar.

Antonio G.