Bienvenidos

Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.




lunes, 3 de noviembre de 2008

La literatura, la vida... y los semáforos


Los semáforos son un punto muy concreto de los días. Yo tengo recuerdos casi en cada semáforo de mi ciudad, pero también en otras. Recuerdo ahora un apasionado beso en la Gran Vía de Colón de Granada. Nos despertó del beso el claxon de un ocurrente motorista. O un semáforo de Roma, en plena Vía del Tritone, donde misteriosamente pensé en un verso de Claudio Rodríguez que dice: “Y yo te veo porque yo te quiero”. ¡Cómo me sorprende recordarlo! Estoy seguro de que si no la quisiera dejaría de verla. Es más, dejaría de ver todas las cosas, y no entendería nada de mi vida. Desaparecería todo a mi alrededor por ensalmo. El amor es la verdadera mirada del hombre. Y en aquel semáforo, miré a Ana de otra manera, como con más convicción, con una vislumbre más nítida de su pureza y escorzo. Los semáforos son una hipnosis. Durante un par de años tuve una tertulia literaria en uno de ellos. Sobre las 21,00 horas, de lunes a viernes. Allí, esquina con Tenor Fleta, pelábamos la pava sobre libros y algo de política. Con calor o frío. Insaciables, sondeábamos la historia de la literatura, la diseccionábamos sin rubor y con vehemencia. En ese lugar conocí a Nicanor Parra (“El poeta está ahí / Para que el árbol no crezca torcido”) y a George Steiner. Y declamábamos poesía para regocijo de los conductores. Con los años te ríes de todo, pero la risa dura menos. Porque enseguida das con otro semáforo que te obliga a pensar y a mantener la compostura del alma. O abres el Dietario voluble de Vila-Matas y te encuentras con un haiku de Paul Auster: “Esta brumosa mañana de invierno / no desprecies la joya verde entre las ramas / sólo porque es la luz del semáforo”. Y esa otra joya que es el poema "Semáforos, semáforos" de Jaime Siles, que da nombre a uno de sus libros que más me gustan (que ya es decir). “La falda, los zapatos, / la blusa, la melena. / El cuello con sus rizos. / El seno con su almena. // El neón de los cines / en su piel, en sus piernas. / Y en los leves tobillos, / una luz violeta”. Y prosigue en una vorágine de música, de luces, de imágenes, de belleza y de pasión huidiza. En un ritmo brioso que es imagen del latir del corazón. Y del veloz paso del tiempo, que parpadea en el ámbar de los semáforos y que de repente un día se nos pone en rojo. Ya no vale la angustia de la prisa, ya no vale el trampantojo del humo de las horas. Tenemos que parar y cuadrar las cuentas. Sin posibilidad de huída.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Jodo macho, te superas día a día. Me das envidia. Rothko.

Anónimo dijo...

Cabroncete,me has hecho recordar.
Me he quedado en tu semáforo de Granada pensando en el nuestro de Toledo.Llevábamos desde las ocho viéndolo todo y fue todo lo que me dio cuando le dije que ya tenía hambre.Si se hubiera dejado me la habría comido allí mismo,pero tuve que esperar,faltaban la Catedral,unas mezquitas, sinagogas,el famoso cuadro…
Pero,tío,lo mejor es que ya la he llamado y estoy deseando volver a verla, y no sabes las ganas que me están entrando de comer.Una pena que esté casada…sí,una pena para los demás porque se casó conmigo.Y luego dicen que Dios no existe.

Anónimo dijo...

Sin huída posible,debería pensarlo más a menudo,pero se me olvida con tanta falda ,tanta melena.

Anónimo dijo...

Me han gustado esos versos de Siles. Buscaré ese libro. Agradecido por tu blog.