Bienvenidos

Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


sábado 8 de noviembre de 2008

No tengo valor para ello


Mientras repasaba unas fotografías del verano pensaba en una frase recientemente leída. De Rudyard Kipling, en El mejor relato del mundo. Le hace decir al joven Charlie Mears: “A mí ya no me interesa escribir. Quiero leer”. Algo que yo mismo llevo pensando desde hace tiempo. No es por mera apetencia o por el lastre de la comodidad. O por una falsa humildad. O por indiferencia. Es por algo que se parece bastante a cierto sentido de la proporción. Y del decoro. Seamos sinceros: de lo que uno escribe se deriva -si no se está atento- una espesa vanidad que apenas nos deja distinguir los bajíos de las horas y vivir con serenidad. Hoy la literatura es un cotilleo bastante generalizado y una cuenta de resultados. Mucho boato y poca miga. Un cotilleo que puede estar beatificado con el barniz de la Academia y de las contraportadas y de los premios, de los medios de comunicación y de unas cuantas citas fulgurantes. Tanto da. De seres pensantes es muy fácil degenerar en seres pedantes (cuyos sinónimos más apreciados son la afectación o la jactancia). Y de ahí a la cosmovisión pedorra sólo hay un paso. Pero la coba nos ciega. Siempre habrá gente que te diga que escribes como los ángeles o que has cambiado su vida. O que tu estilo le recuerda a Azorín o Hemingway (que desde luego no es mi caso, vaya mala suerte la mía). Incluso puede haber personas que elucubren que estas líneas son para llamar la atención sobre una presunta y literata hidalguía. Ni caso. La cuestión es: ¿por qué escribo todos los días? ¿Para estar menos solo? ¿Para ganar en autoestima? ¿Para solventar mis deudas? ¿Por hacer algo? Me canso de mí mismo, de veras. Quiero leer a los buenos, ya sea Guillermo Cabrera Infante o John Steinbeck. Más todavía. Lo dicho: me bastan esos libros, un paseo en bicicleta y unos calamares. Pero sé que no dejaré de escribir, no tengo valor para ello.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Mejor, sé muy cobarde y no dejes de escribir. Yo lo prefiero. Dejar de escribir en tu caso sería una cobardía absurda. Lo que sí creo es que aunque estés en Cope o en Catholic.net o en otros sitios que desconozco, eres un escritor al que no acaban de darle la oportunidad buena buena que tu prosa merece. Como tú hay muy poquitos, y sé que no lo pienso yo solo. Basta con leerte.
Pero imagina que estuvieras toda tu vida a solas con tu blog. ¿Y qué? Y de cuando en cuando algún libro. Persevera, a mí me alegras todas las mañanas. Tu amigo Francisco.

Anónimo dijo...

Me acabo de comprar los Relatos de Kipling en el Corte Inglés. No he podido contenerme. El libro tiene una presentación excelente.

Anónimo dijo...

Muy bonito,pero no entiendo qué busca contándonos sus comeduras de coco.

¿Por qué escribe?,vaya usted a saber,será un poco de todo:para huir de la soledad ,o despistarla al menos;para que le digan lo bien que lo hace;por conseguir algún euro más,y todos son pocos,para qué nos vamos a engañar;por no saber hacer otra cosa...

Me preocupa más por qué le leo yo con esta fidelidad tan canina y tan absurda.
Desechada la soledad,la vanidad,el aburrimiento y los euros no encuentro razón lógica que mantenga esta dependencia.
Voy a intentar dejar de leerle,quizás de este modo consiga saber por qué lo hago.

Anónimo dijo...

Sólo quería decir que para mi corto entendimiento escribes de p. madre .Pues eso,y que cuando escribes de la Virgen no veas cómo sonríe,que yo lo sé, y que se le nota cuánto te quiere.
Yo cuando me llego a verla siempre le digo:Bendiciones,Madre,aquí me tienes,soy Pablo,el amigo pesado de tu Guille (que a uno le gusta presumir de lo poco que tiene valioso) y a la Virgen, cuando oye tu nombre, se le iluminan los ojos.Por eso se lo digo siempre,porque ya tiene bastante desprecio que aguantar.Yo le digo que no los tenga en cuenta,que está su Guille queriéndola cada día más,bueno,y yo que lo intento.

Anónimo dijo...

He mirado el libro por internet, el de Kipling digo. ¿No es un poco caro? Me lo voy a pensar.

Anónimo dijo...

por favor no deje de escribir y hablar sobre Dios, su familia o los libros. Porque eso son sus artículos y lo que engancha: la sintesis de esos tres factores. Sobre todo es eso.

Anónimo dijo...

El hombre que piensa acerca del amor puede llegar a escribir una tesis sobre él,
pero el enamorado lo vive, lo ve,
aunque quizás no sea capaz de escribir una tesis sobre él.
Y si alguien pide a un enamorado que le diga algo acerca del amor,
éste puede cerrar los ojos,
puede llenarse de lágrimas y puede responderle:
“Te ruego que no me lo preguntes. ¿Qué puedo decir del amor?”

El que ha pensado acerca del amor se puede pasar horas enteras escribiendo de él,
pero quizás no sepa nada del amor.

Firmado : el de los loros.