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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


miércoles 19 de noviembre de 2008

Sin excusas


Durante los fines de semana cada uno se entretiene como puede. Discutes un poco con tu mujer, paseas la nostalgia por la acera donde se encuentra el sol, te sientas en el sofá sin hacer nada que no sea devanarte en la indiferencia, planchas el batiburrillo de los colegiales uniformes, haces las paces con tu mujer, lees un poco a Nguyen van Thuan o a Javier Argüello, no cenas por aburrimiento, vuelves a ver una película sólo para estar hora y media abrazado a tu hijo pequeño… A veces cruzas muy despacio las piernas y tomas notas, como ese afanoso joven que aparece en el fresco Escuela de Atenas, de Rafael. Notas que generalmente acaban en la papelera. ¿Para qué guardar tantas palabras si has de escudriñar todavía en su silencio? Y te pasas horas haciendo como que haces, disimulando la molicie por los pasillos. Allí te embebes en el dragón de un grabado de 1790…, o piensas en un rincón cualquiera del espacio y del tiempo. No sé, puede que la Florencia de Pietro Perugino. O la Salamanca de Miguel de Unamuno. O la Valencia de Jaime Siles, que no cesa de escribir poemas de un ritmo cada vez más brillante, variado y contemplativo. No hay manera de que se seque la ropa. Periódicos, exámenes… Te quedas solo y te vas al Telepizza a leer un rato a José Antonio Muñoz Rojas. Hay cosas que me aburren: / los espárragos y las fábricas, las reuniones y la política, / aquello donde el hombre aparece y no se encuentra. Lees y lees, hasta que los gruñidos y eructos de unos chavales te sitúan en el mundo en el que vives. Bebes tu agua y miras cómo la luz se desvanece en la calle y se sube al autobús de la noche. De los fines de semana lo mejor está en el viernes a última hora, cuando tu mujer te lleva del brazo hacia sus labios y adyacentes, que son gloria bendita y equilibrio de tu vida. Lo demás ya es lunes, casi ni cuenta. Dice van Thuan: “tengo miedo de perder un segundo viviendo sin sentido”. Y a ti te ocurre lo mismo. Pero el sentido lo encuentras en esos labios, en unos pocos versos o en la luz que se escabulle, en la amistad o en calor de la plancha, y en el repique de esas campanas que ahora mismo escuchas y que te llaman a Dios sin excusas.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

En el mismo texto, de una gran prosa poética, nos recomienda libros, escritores y pintores, y nos da una nueva pincelada de su propia autobiografía. Es la más perfecta crítica literaria, aquella que en sí misma es vida y es literatura.

Juan Pedro R.

Anónimo dijo...

Se puede tener dinero, una casa, seguridad, un buen saldo bancario; eso no nos proporcionará raíces. No son más que sustitutos pobres del amor. Incluso pueden incrementar la ansiedad, porque en cuanto tenemos seguridad física -dinero o rango social-, crece el temor a perder esas cosas. O empieza una preocupación para tener más y más, ya que el descontento no conoce límite. Y nuestra necesidad básica es estar arraigados.
El amor es la tierra donde uno necesita estar arraigado. Así como los árboles están arraigados en la tierra, el hombre lo está en el amor.
Las raíces del hombre son invisibles, de modo que nada visible puede ayudar. El dinero es muy visible, una casa es muy visible, el rango social es muy visible. Las raíces del hombre son invisibles. El hombre es un árbol con raíces invisibles. Tenemos que encontrar algo de tierra invisible -llamadlo como querais amor, devoción, plegaria, meditación-, pero va a ser algo así... invisible, intangible, elusivo, misterioso. No podéis atraparlo. Todo lo contrario, deberéis permitirle que os atrape a vosotros.

Firmado: El de los loros

Anónimo dijo...

¡Qué gusto tan íntimo siento al leerte!

Anónimo dijo...

Lo normal hecho muy buena literatura para que todos podamos compartir. De parte de mi mujer y mía muchísimas gracias.

Anónimo dijo...

Me gusta mucho más la imagen que aparece en :
http://blogs.cope.es/miescritorio/

Y los comentarios de allí.