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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


domingo 14 de diciembre de 2008

100 escritores del siglo XX (200 en realidad)


No pueden pasar muchos días sin que hable o escriba sobre literatura. Dejando aparte el tiempo dedicado a la lectura. Supongo que es una pasión, y la pasión tiene que ver con el amor. Y el amor tiende a expandirse, a decirse, a propagarse… No puedo evitar dejar de hablar sobre ello. Comunicar todo lo que puedo de ese cúmulo de emociones. Y hago mis pinitos y escribo unos versos o un relato -sin pretensiones de modelo en un desfile de brocados y pedrerías-, e intento poner por escrito el lenguaje de mis sentimientos, de mi fe, de mis razones. Y no conformándome con eso, quiero llevar a otros mis lecturas. Y escribo reseñas de decenas de libros que pasan por mis manos y que leo dejando de lado quizá tantas otras cosas. Pero en esos libros está mi vida, no puedo disimularlo. En sus páginas me cobijo, me distraigo, pienso. Aprendo a ajustar la existencia y la imagen de lo que siento.

Oigo hablar de los hombres de letras. Y la expresión me deja frío. Más bien mujeres y hombres de alma. Lo prefiero. Personas que toman la pluma, o teclean en su ordenador, esas cuantas palabras indispensables. Esas palabras que manan de esa inspiración vigorosa llamada trabajo. Personas que muy de mañana o de madrugada o a media tarde abren más los ojos, o los cierran por unos momentos; y toman notas de su mirada. Y borran y pulen o vuelven a comenzar desde el principio. Con más o menos ánimo, con más o menos ideas, con más o menos genio. Y el sentido va cobrando forma. Y una extraña alegría. ¡Qué oficio éste! Hacer arte de lo de cada día, o vislumbrar con la imaginación personajes y hazañas insospechadas. Elegías, metáforas, dramas. Aventuras y belleza.

Y en el centro de todo ¿qué hay? ¿Qué hay en medio de todas esas novelas, odas, cuentos y palabras? Unos responderán que en ese centro está la literatura y la maravilla de su don, otros que un laberinto que no lleva a nada, otros que el hombre mondo y lirondo, y quizá unos pocos piensen que en ese centro está Dios, y el alma. Habrá quien pernocte una larga temporada en el laberinto de su propia caligrafía y logre al fin hallar la salida de tanto afán y tantos días. Habrá quien asfixiado de palabras busque desesperadamente otra meta, o quizá esperanza. Habrá quien prefiera el silencio después de probar suerte durante demasiado tiempo. O habrá quien haya dado con las palabras precisas una vez en su vida y desde entonces ya nada ha resultado ser lo mismo. ¡Hay tantos tipos de escritores y tantas formas de acercarse a las palabras del ser y al ser de las palabras!

Y para muestra traigo aquí, conmigo, un par de extraordinarios libros. Libros que nos pueden servir de guía de lectura, de conocimiento, de curiosidad, de canon; o de atlas donde encontrar el dato que buscamos, o contemplar el relieve exacto de tal obra o de tal escritor. Dos libros que se complementan necesariamente. Uno trata sobre los 100 escritores del siglo XX del ámbito hispánico, apadrinados justamente en portada por Jorge Luis Borges, tal vez el mejor de todos. El otro volumen trata de los 100 escritores del siglo XX del ámbito internacional. En este caso la portada es para James Joyce. Algo que estoy seguro sería muy del gusto de Vladimir Nabokov y otros muchos admiradores del autor del Ulises. La editorial Ariel y el coordinador Domingo Ródenas han hecho un esfuerzo verdaderamente encomiable por el que les felicito.

Son libros que, como todos aquellos que vienen determinados por una cifra, van a ser objeto de dimes y diretes, más que nada por las ausencias. Pero es lo que hay. Y lo que hay es encomiable. A mí personalmente me ha alegrado muchísimo la inclusión de Giovanni Papini, un escritor cien por cien recomendable y que en España merece una reedición en condiciones de su obra. Así como Elias Canetti. Pero que no estén Gilbert Keith Chesterton o María Zambrano o Simenon es un desliz que merece reparación. Y que Pedro Gimferrer merece estar, nadie con dos dedos de frente poética lo duda, pero falta el mejor poeta de su generación, que no es otro que Jaime Siles. Aunque hay quien opina que lo es Antonio Colinas. O quizá los dos sean indispensables. ¿Y dónde está el mejicano Jaime Sabines, o sus compatriotas Xavier Villaurrutia o José Gorostiza? ¿Y el narrador peruano José María Arguedas, autor de Los ríos profundos? Ródenas tiene su criterio y es consciente de todo esto, como indica exhaustivamente en su Prólogo . Aunque hubiera incluido el doble de escritores hubiéramos encontrado fallas. De todas formas me reafirmo en que deberían estar los que he dicho. Y otros más.

En la época de Google parece difícil convencer a alguien no muy apasionado para que compre estos dos volúmenes, que a todas luces resultan un complemento ideal -que diría mi hija- para la Historia Universal de la literatura, de Martín de Riquer y José María Valverde, recientemente reeditada por la editorial Gredos, siempre atenta a lo importante. Al menos sí animo para que visiten su librería y hojeen un rato estos libros. Puede que alguien se anime para regalar(se) esta maravilla. Y se decidan a ello por determinado autor, por las ilustraciones, por el diseño o por los sabios colaboradores de este empeño digno de elogio y zambullida. Desde luego ha sido un placer. Lo está siendo todavía. Y no dejará de serlo.

6 comentarios:

Carmen Bellver dijo...

Guillermo: gracias por ese recorrido. Hoy te presento en mi blog como un remanso de literatura. Al que se llega con ganas de beber.
http://blogs.periodistadigital.com/dialogosinfronteras.php

Anónimo dijo...

He visto los libros que comenta y he comprado el de los hispanos para regalar en Navidad a una amiga amante de la literatura y de Borges en especial.
Hablando de todo un poco. A esta amiga mía le dije de lo bueno que era su blog y no fiaba. El otro día me dijo que tenía toda la razón y que ya le leía todos las noches al finalizar toda la jornada y sus agobios.
El principio de su reseña de hoy es genial, los primeros párrafos. Abrazos.

Haideé Iglesias dijo...

Escribir, algo que ahora puedo hacer al perder el miedo a la perfección.
Una pregunta, se que siempre que se hace una lista se queda corta para hablar de todos aquellos que son buenos para compartir momentos con ellos, como a mi me gustó siempre George Orwel, y pocas referencias veo de él a parte de las consabidas y muy conocidas ya obras. Tiene obras que profundizan en el ser humano de tal manera que te quita el aliento.
Bueno, gracias por compartir. Te he descubierto buscando una fotografía sobre la humildad, me gusta haberte encontrado :)
Si te apetece saber de mi encantada de recibirte, sino también, seguiré por aquí, leyendo.
Un cordial saludo, compartiendo en el mundo en armonía...

Anónimo dijo...

Por favor siga escribiendo de libros. Más todavía.

Anónimo dijo...

Sin duda Jorge Luis Borges es el mejor de todos, coincido plenamente con su opinión,fue un gran amante del budismo.
Se nota directa e indirectamente en sus obras.
Una poesia suya :

Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.

No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.

También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y blancos días.

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?

Firmado : el de los loros.

Anónimo dijo...

Acabo de poner en mi carta a los Reyes la Historia Universal de la literatura. La tenía mi padre y la recuerdo, pero no sé dónde fue a parar. Me hace ilusión tenerla. Le agradezco la información.