Bienvenidos

Presento este blog con gran ilusión. Y alegría. No sé si servirán para algo los apuntes que yo pueda escribir aquí cada cierto tiempo. Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo.


domingo 7 de diciembre de 2008

Carta a los Reyes Magos



Queridos Reyes Magos:


Algunos pensarán que ya va siendo hora de que crezca un poco, o madure. Pero el caso es que no me da la real gana. Yo creo en sus Majestades y quiero ejercer de niño. Y por supuesto de cristiano. Aunque mis años sean los que son, mi espíritu sigue siendo igual de travieso, y sigo manteniendo la misma ilusión. O quizá no, quizá mi ilusión sea todavía mayor. Por eso les escribo y pienso estos días en su estudio de las estrellas -ya saben que a mí me da más por las nubes-, en los libros de sus bibliotecas, en sus conversaciones durante el viaje o en su llegada a Belén.

Lo imagino todo, y leo los Evangelios o incluso a María Jesús de Agreda, que en su Mística Ciudad de Dios cuenta lo que sucedió con profusión de detalles. Por ejemplo que la Madre de Jesús iba vestida de blanco. Tal vez parezca algo sin importancia, pero a mí me sirve para ponerme en escena. Sé que besaron al Niño y que lo sostuvieron en brazos. ¡Cualquiera no! Aunque sus Majestades no se hubieran atrevido a tanto de no ser por el ofrecimiento de María, su madre. Y pienso en ello. Pienso en su alborozo y piedad. Nada menos que tener a Dios en brazos, y hacerle carantoñas y arrumacos…

Pues yo lo mismo. Faltaría más. Yo también quiero ese cariño de Dios. Quiero verle como sus Majestades le vieron. Así de cerca. Con el debido pasmo y el oportuno respeto y el consabido jugueteo. ¡Jugar con Dios Niño! Eso sí que es saber de que va la felicidad y alcanzar de una zancada la más alta cima de la oración. Les cuento una cosa (y me da igual que ya lo sepan). En el siglo XXI lo de rezar está reñido con ser sabio. Bueno, eso es al menos lo que quieren hacernos creer aquellos que ni rezan ni son sabios. Y ofenden a Dios a diestro y siniestro. Pero lo de la sabiduría en nuestros días es asunto escaso. Precisamente por eso: porque no se reza, o si se reza es de garabato. Y después está ese empeño por fastidiar lo cristiano y a la madre del cristiano.

Dejémoslo estar. Hacer reír a Dios, de eso se trata. ¿Sus Majestades lo lograron? Supongo que sí, por más serios que fueran y poco duchos en infantes. Un niño es un niño. Aunque sea Dios. No es tan complicado. Eso sí que lo tengo bien experimentado: conmigo se parte de la risa. Porque no doy una. Y me despisto y tropiezo y me caigo en las posturas más insólitas del alma. De cuando en cuando se pone serio, es cierto, pero ocurre pocas veces. Siempre está ahí para sacarme del aprieto. No falla. Y ese es el primer regalo que quisiera pedir a sus Majestades: no fallarle a Dios. Y si le fallo que sea poco y que no cause demasiado estropicio. ¿Es pedir demasiado? Igual no es un regalo muy frecuente, pero yo lo pido.

Más cosas. Ésta tiene que ver con lo anterior. Quiero ser santo. Así de radical. Y sin amaneramientos ni extrañas vergüenzas. Un padre de familia santo y un escritor santo. Palabra a palabra. Un tipo coherente con su fe vamos. Por supuesto yo intentaré poner de mi parte. Lo que haga falta. Pero como me conozco, toda ayuda me parece poca. ¿Qué más?... Pido perdón, es como si me hubiera quedado seco. Estás escribiendo y surge un repentino parón, un no saber qué decir. Me ocurre con frecuencia. Yo lo aprovecho para que el pensamiento divague en la mirada, o para ponerme a escuchar la lluvia, como es el caso, o para leer unas páginas, y retomar el discurso por algún sitio un poco más tarde.

¿Qué pido? Igual lo más sensato es dejar que todo lo demás lo pidan mis hijos, porque yo en cuanto me salgo de los libros y de cuatro cosas más… Por eso he ido a lo crucial, a lo que de verdad me importa. Y no quisiera entretener más a sus Majestades, que por estas fechas tienen trabajo de sobra. Sólo me queda encomendarme a tan sabia protección. Y dar las gracias. Y aunque los años no pasan en balde dejar constancia de que mi ilusión sigue igual de niña, y por lo tanto igual de traviesa.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Puede un ateo creer en los reyes magos?
La respuesta es si.
¿Como es posible?
Fácil, creo que Jesús existio como persona, no solo creo que existió sino que
ademas fue un gran iluminado.
La historia se ha encargado de manipular mucho de su vida, pero aún asi quedan
grandes enseñanzas de él.
Asi entonces creyendo que Jesús existio, porque no pensar que cuando nació
paso por alli una de esas caravanas que cruzan desiertos de ciudad en ciudad, proveniente
de la India u otro remoto lugar.
Y por que no pensar que en esa caravana iban unos monarcas que le regalaron incienso,
mirra y oro, enternecidos ante la vision de un recien nacido.
Lo veo perfectamente posible.
Asi que me parece bien que se celebre la Navidad pues creo que Jesús es una figura clave.
Y la festividad de los reyes, que siempre hace ilusión.
Desde luego no me pido ser Santo, es una vida demasiado sacrificada para mi la de Santo.
Pienso que la vida hay que disfrutarla, la vida es en si misma el mas precioso regalo
que jamas nos hayan dado.
Me pido ser un poco mas feliz, y que tambien sean los demas felices, que no hay que
ser egoista.
No tengo nada contra los creyentes, tenerlo seria tener algo en contra de mi madre,
mi abuela, sobrinos, amigos...de mucha gente a la que quiero.
Que cada uno crea lo que quiera, y lo disfrute a su manera, el muestrario es amplio.
Y me quedo con una frase de Jesús : "La verdad os hara libres"
Firmado : el de los loros.

Anónimo dijo...

Me ha encantado, Guillermo. Ojalá, a pesar del materialismo que inunda nuestras vidas, todos seamos capaces de pedir lo que de verdad importa.
Un saludo y gracias,

Anónimo dijo...

Este de los loros está pa que lo encierren.
Mientras me divierto con sus reflexiones o lo que sean porque anda perdido,la verdad.Bueno,que no falte que lo esperamos.

Anónimo dijo...

Voy a pedir lo mismo más algunas otras cosillas.

Anónimo dijo...

Los Reyes Magos son sabios y santos,todo el mundo lo sabe,o por lo menos
todo el que quiere saber.
Yo también le escribo todos los años aunque,como usted, ya haya cumplido
los míos,pero yo les escribo con verdadera fe y es que me demostraron que
sólo hay que saber el qué y a quién pedir.
Se lo contaré: uno de mis hijos escribía su carta a los Reyes,les habíamos
enseñado que hay que pedir algo para los demás,pidió para él, para su
hermana,para los abuelos,para los niños pobres,para papá...y al llegar a
mí me preguntó; "lo que tú quieras" le dije..."Y para mamá un bebé"
El día de Reyes del año siguiente mis hijos no fueron a ver la cabalgata
sino a su nueva hermanita.
Y desde entonces hay una nueva tradición en mi familia por estas fechas:
escribir la carta a los Reyes todos juntos,pidiendo unos para los otros.