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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.
viernes 26 de diciembre de 2008
El arte de la familia
La soledad queda arrinconada por algún sitio, pero nadie se molesta en buscarla. ¡Qué preciosidad esta niña! ¡Qué guapa eres Teresa! ¿Cabemos todos bien? Somos treinta y uno. La mesa está salpicada de entrantes, recién pintados de colores. Las conversaciones se multiplican por las habitaciones. Soy todo oídos. Besos, abrazos efusivos. Cuánto tiempo sin verte. ¡Llaman a la puerta! Nadie abre, ya voy yo. ¡Inés! ¡Qué guapas son todas mis ahijadas! La cocina está llena de cuñadas y humo, susurrando los últimos acontecimientos de familia. Mal que te pese el Madrid este año nada. ¿Dónde está Wally? Mira Manuel, mira el belén… ¡No lo toques! Bueno, hijo, toca lo que quieras, estoy seguro que a Dios le gusta jugar contigo. ¿Dónde están mis hijos? ¿Ha visto alguien a mis hijos? En este bullicio de felicidad no hay quien encuentre a nadie. ¿Qué tal va esa garganta? Tienes suerte, hay consomé. Espero llegue caliente a la mesa. Toma Chavi, pon el vino. Y Juan Carlos que haga algo mujer, que lleve los langostinos. ¿La lotería? Sigo siendo pobre, quizá sea lo mejor para mi vida. Los regalos luego cariño. Tío, tío… ¿Qué quiere mi niña? Tío, ¿sabes?, es Navidad. ¿No me digas? ¡Aúpa!, venga, toca el cielo con los dedos. Será el techo. No hija no, el cielo. Las niñas buenas como tú siempre tocan el cielo con sus dedos, ¿no lo sabías? No. Pues ya hablaré yo con tu madre, para que te explique. ¡Pasoooo! Que buena pinta tiene ese jamón serrano. Ah, te pillé. Juan, pórtate bien y come todo lo que te pongan. Y tú, Jaime, piensa que nace Dios, cuida las formas. ¡A la mesa, a la mesa! Venga, que se enfría el ánimo y la sopa. Es consomé, mira que eres bruto. Un poco de silencio que bendecimos. Bendice Señor… ¿No leemos el nacimiento de Jesús en el Evangelio? Eso luego. ¿Qué tal José Luis? Estupendo. ¿No lo dirás por este barullo? Venga, venga que bendecimos, clama la abuela… ¿Otra vez? Es que no prestáis atención. Lo dicho, el Madrid nada. Se da por vencida. ¿Y el Zaragoza? Veremos que pasa. Es ahora la mujer más feliz del mundo. Pero está cansada. Mira a todos y acaricia despacio la mano de su marido. Le sonríe. Estamos juntos de nuevo.
Publicado por
Guillermo Urbizu
Etiquetas: Apuntes de vida
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4 comentarios:
Si pudiera pedir un deseo yo querría llegar a ser como ese marido al que acarician la mano compartiendo la felicidad de ver a su familia, grande, muy grande, junta de nuevo.
Mientras, miro cómo se cogen de la mano y se sonríen mis padres viendo crecer a su familia, cada vez más grande, de nuevo junta.
Y espero que cale hondo en mis hijos, que no busquen la felicidad sino al abrigo de la familia, la Sagrada Familia, la que nunca les faltará (ni les fallará) y en la que sueño, a lo grande, una vida juntos para siempre.
Somos el ciento y la madre,cuantos más mejor,aquí no sobra ni el gato, y claro,claro que cabemos todos bien,porque ¿sabe una cosa?, Dios se hace niño,pequeño,para que al meterlo en nuestro corazón se nos agrande.
Corazones grandes,grandes,grandes,cada vez mayores,como el Suyo.
Le envidio. Con todas mis fuerzas.
El arte de la familia es AMAR.
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