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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.
miércoles 10 de diciembre de 2008
El bien y el mal
El bien y el mal. Ahí están. En su lucha interior y en la percepción de nuestro alrededor. El bien y el mal. Ahí están. En nosotros mismos y en los demás. Ahí están. En la intimidad del corazón y en las leyes que dictan los gobiernos. El bien y el mal. Están ahí. En la virtud y en el pecado, en la humildad de los pequeños y en la soberbia de la razón. En calles y plazas, dormitando en el metro, en Canadá o en el Vaticano. O en nuestras propias casas. Ahí, ahí… El hombre es un acto de libertad (o libertad en acto). O una pasión que duda. Y es también un constante esfuerzo moral -un querer ser mejor- o un dejarse llevar por la abulia y la debilidad y el qué dirán. El bien y el mal. Aquí están. En la santidad del amor o en la voluntad homicida del terrorista. O en la tibieza, una vela a Dios y otra al diablo. O en pensar que no pasa nada, que no me afecta, total ¿qué puedo hacer yo por esas mujeres esclavas o por esos niños que matan dentro de sus madres? El bien y el mal. Aquí… Dentro de ti y a tu lado. Por más abstraídos que podamos estar, ya saben, el excesivo trabajo (¡dichosos los que hoy trabajan!), achaques o los números rojos, vemos el bien en los ojos de nuestros hijos y somos conscientes del mal en cualquier página del periódico. El bien y el mal. La verdad y la mentira. La alegría o la tristeza. La vida o la muerte. Hay que elegir, porque no podemos convivir por más tiempo con el término medio, peleles, aletargados en lo insustancial de una existencia anodina, pese al dinero y su afán o a un edulcorado prestigio social que ya me dirán ustedes para qué dentro de cuatro días o cuando nos encontremos a solas, ya me entienden. El bien o el mal. Sin caretas ni disfraces, sin más negociaciones o componendas o disyuntivas. De una vez por todas, con valentía.
Publicado por
Guillermo Urbizu
Etiquetas: Reflexiones
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5 comentarios:
Lámpara para mis pasos es tu Palabra,Señor,luz para mis caminos.
Es un salmo (usted ya lo sabía) y es de los más bonitos, ¿verdad?
Pero puede que no sepa que usted, sus palabras, lo que de su vida se transparenta en estas tan … ¿intangibles páginas?, son eso mismo: lámpara para mis pasos, luz para mis caminos.
No se asuste, comprendo que es una responsabilidad, pero no se la he dado yo(pídale cuentas a Él), yo tan solo certifico que es así cada día ( bueno, todos no, algunos no me llega, será porque mi alma ande de jarana por otros lares o sea la suya la que se despiste) y cuando como hoy, ocurre, ¿qué quiere que le diga?, no hay palabras, es como un electroshock en el espíritu, un bofetón a la conciencia, un despierte el alma dormida (¿anestesiada?,¿sedada?, ¿alma en coma inducido?,¿engañada hacia una muerte definitiva, eterna?.¿Eterna?)
Hoy, los días como hoy, te das cuenta de que estás al borde del precipicio y que no será un salto de siete pisos sino al abismo, y decides agarrarte con uñas y dientes (y hasta con las pestañas)a ese rayito de esperanza que acaba de enseñarte Guille.Sal de la tierra, luz del mundo.
Platón dice que el Bien es la idea suprema y que el mal es la ignorancia.
San Agustín pasó gran parte de su vida cuestionándose sobre la existencia del mal, hasta que leyó a Platón y a San Pablo y se pudo convencer que el mal no existe, que no es en sí, no tiene Ser, que el mal es ausencia de bien.
Aristóteles considera una acción buena aquella que conduce al logro del bien del hombre o a su fin, por lo tanto, toda acción que se oponga a ello será mala.
Para Aristóteles, la bondad es un atributo trascendental del Ser.
Sócrates identificaba a la bondad con la virtud moral y a ésta con el saber. La virtud es inherente al hombre que es virtuoso por naturaleza y los valores éticos son constantes, por lo tanto el mal es el resultado de la falta de conocimiento.
Con respecto a la existencia del mal, Santo Tomás de Aquino nos dice que al crear este Universo, Dios no deseó los males que contiene, porque no puede crear lo que se opone a su bondad infinita.
Nos sigue diciendo que el mal no fue creado, el mal es una privación de lo que en si mismo como Ser, es bueno; y el mal, como tal, no es querido tampoco por el hombre, porque el objeto de la voluntad humana es necesariamente el bien. El pecador no quiere el mal, lo que quiere es el placer sensible de un acto, que se supone malo, pero su fin no es hacer el mal. No hay voluntad alguna que quiera el mal como tal.
Agrega que Dios creó un Universo cuyo orden exigía la capacidad de defecto y corrupción por parte de algunos seres.
Nos propone que la justicia exige que el mal moral sea castigado y postula que el castigo existe no por si mismo sino para que el orden de la justicia sea preservado.
La libertad es un bien para Santo Tomás porque hace que el hombre se parezca más a Dios. Él no quiso el pecado, pero lo permitió en razón de un bien mayor, que el hombre sea libre y pudiera amarlo y servirlo por propia elección. No quiso el mal físico por si mismo sino en provecho de la perfección del Universo.
Krishnamurti nos dice que el Bien es el orden total y el Mal es el desorden. El orden, en relación a la conducta en el aquí y ahora, es virtud; y el desorden es no virtud, destructivo, dañino, impuro.
La victoria del bien sobre el mal. Escogiendo el cristiano vivir así con Cristo para obedecer a los impulsos del Espíritu Santo, se desolidariza de la opción de Adán. Así el mal moral queda verdaderamente vencido en él. Desde luego, sus consecuencias físicas y psicológicas permanecen mientras dura el mundo presente, pero el cristiano se gloría en sus tribulaciones, adquiriendo con ellas la paciencia (Rom 5,4), estimando que «los sufrimientos del tiempo presente no se pueden comparar con la gloria futura que se ha de revelar» (8,18). Así desde ahora está por la fe y la esperanza en posesión de las riquezas incorruptibles (Le 12. 33s) que se otorgan por mediación de Cristo «sumo sacerdote de los bienes venideros» (Heb 9,11; 10,1). Es sólo un comienzo, pues creer no es ver; pero la fe garantiza los bienes esperados (Heb 11,1), los de la 'patria mejor (Heb 11,16), los del mundo nuevo que Dios creará para sus elegidos (Ap 21,1ss)
El bien está en el mal y el mal está en el bien y todo tiene su opuesto. El hombre debe buscar el bien dentro de si mismo.
El de los loros
Me gustaría decir que el mal no está tan presente, pero veo cada día cómo avanza y gana batallas. Pero es cierto que hay que trabajar, también cada día, con valentía para que esto pueda cambiar y al menos en nuestro entorno poner mucho bien, hacer mucho bien
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