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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


jueves 11 de diciembre de 2008

El clamor de la lluvia


(...) La lluvia es una cosa
Que sin duda sucede en el pasado.
JORGE LUIS BORGES


Los charcos están llenos de hojas muertas. Y en ellos las nubes flotan en un reflejo de luto. “¡Taxi, taxi!”. Huyo de todo esto. ¡Qué derroche de belleza por el suelo! Y el cielo no deja de llover sobre mi infancia. Es la misma humedad de por entonces, la misma que nos mojaba los pies y la cara y la cartera. Y en clase sentías una congoja sinónima a la que ahora sientes dentro del taxi. No es tristeza lo que siento, es… esta sensación de tiempo que va conmigo a todas partes y camina por las mismas calles. “Sí, en esta esquina, muchas gracias”. Y me bajo del taxi justo en el sitio donde mi madre me arreglaba el pelo y el impermeable. Y me daba un beso y me decía: “Te quiero mucho”. Que no, que no es tristeza todo esto. Si acaso el clamor de esos instantes que nunca dejan de ser presente. El amor de los seres queridos, y estas calles… Por entonces la lluvia no tenía recuerdos. Era sólo agua, y juegos. Aunque en el colegio se volvía un poco más tímida y te castigaban si te la quedabas mirando por la ventana. ¡Qué cosas! Cuando la mejor educación es dejar que un niño contemple a su antojo la lluvia. Es una de las asignaturas fundamentales del alma. Y con ella crece la capacidad de percibir mejor la vida y su memoria. Me gusta pasear así, con mi gorro y mi gabardina. Al hombro el peso de los libros, y las manos hundidas en las canicas de los bolsillos. Unos niños se agolpan en la entrada del que fuera un día mi colegio. Las madres están en los últimos detalles y en los penúltimos besos, dentro de un techo de paraguas multicolores. No quiero perderme nada. En fechas navideñas recortábamos estrellas de papel… Y las poníamos en las ventanas, en todo su esplendor. Pero ya no están. O es que es pronto todavía. Y me pierdo por las bocacalles del tiempo. Con lluvia.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Esto es un poema compañero y lo demás son ganas de enredar el silencio.
Gustavo Adolfo.

Anónimo dijo...

¿Llueve?¿Por qué nos preocupa tanto el pensamiento de nuestra muerte? Estamos vivos ahora mismo; por lo tanto, ¿por qué tenemos tanto miedo a la muerte? ¿Por qué nos asusta tanto morir? En realidad, detrás de este miedo hay un secreto que debemos comprender.
Detrás de ello hay una cierta aritmética, y esta aritmética es muy interesante. Nunca nos hemos visto morir a nosotros mismos. Hemos visto morir a otros, y eso refuerza la idea de que también nosotros tendremos que morir. Por ejemplo, una gota de lluvia vive en el mar con otros millares de gotas, y un día los rayos del sol caen sobre ella y se convierte en vapor, desaparece. Las demás gotas creen que ha muerto, y tienen razón, porque han visto a la gota hace poco y ahora ha desaparecido. Pero la gota existe todavía en las nubes. Pero ¿cómo van a saberlo las demás gotas hasta que ellas mismas se conviertan en la nube? Para entonces, aquella primera gota habrá caído al mar y se habrá convertido en gota de nuevo. Pero ¿cómo pueden saber esto las demás gotas hasta que ellas mismas emprendan ese viaje?

Firmado : el de los loros

Anónimo dijo...

Esta prosa es de las mejores del blog, y de las mejores que yo he leido
J.L.G.G.

Anónimo dijo...

La lluvia es una constante en sus textos. Como las hojas y el silencio. Se me olvidaban las nubes y el alma. Me gustaria saber el motivo, lo que se esconde tras esos símbolos.

Anónimo dijo...

Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.

Grito ¡Todo!, y el eco dice ¡Nada!
Grito ¡Nada!, y el eco dice ¡Todo!
Ahora sé que la nada lo era todo.
y todo era ceniza de la nada.

No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada.)

Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.


José Hierro