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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


lunes 15 de diciembre de 2008

Esas menudencias que no quiere nadie



Huyendo del mundanal ruido y de esa ingente muchedumbre de portadas que cercan mi escritorio, he venido a dar en la beatitud de la memoria. Así puedo soñar a gusto con el campo cuajado de colores, y en una soledad que inspira mil aromas… Pero estoy en este despacho lleno de fotografías donde miro el pasado desde un presente que reconoce la felicidad al instante. Y como no quiero perderla no dejo de mirarlo todo, no sea que cualquier despiste me cueste demasiado caro. Quiero ser más consciente de la felicidad que me es dada; del pasado, del campo, del presente, de los sueños. Memorizarlo en el alma y repetírmelo una y mil veces al cabo de los años. Es posible ser feliz si me empeño en descubrir lo nimio, el matiz, el detalle. Esas menudencias que no quiere nadie. De cualquier cosa que se tercie en el horario de trabajo o en la calle. No se precisa más. Dejo los grandes proyectos para los intrépidos, y para nada me interesa ser importante. Sólo quiero, por ejemplo, escuchar la cercanía de un piano… Así, como ahora. Sus notas me proveen de lo necesario. Melodía de vida, de fuego, de aire. Ráfaga de armonía. O este espejo donde miro con parsimonia el paso del tiempo, al que no dejo de hacerle guiños. No espero descubrir en su reflejo algún mérito por mi parte. Pero pienso en si mañana me seguiré viendo. O si estaré al otro lado. No son malos augurios. ¡Qué va! Es la conciencia de la vida y del kirieleisón. Y de la resurrección de la memoria, y de su cuerpo, que brilla. Abro y cierro libros. Y los ordeno con deferencia. De uno de ellos cae una hoja de tilo, que dejo junto a una fotografía donde los girasoles sólo miran a Ana, en un destello de luz amarilla.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Dame, dame la noche del desnudo
para hundir mi mejilla en ese valle,
para que el corazón no salte, y calle:
hazme entregado, reposado y mudo.

Dame, dame la aurora, rompe el nudo
con que ligué mis rosas a tu talle,
para que el corazón salte y estalle:
hazme violento, bullidor y rudo.

Dame, dame la siesta de tu boca,
dame la tarde de tu piel, tu pelo:
sé lecho, sé volcán, sé desvarío.

Que toda plenitud me sepa a poca,
como a la estrella es poco todo el cielo,
como la mar es poca para el río.


Antonio Carvajal

Anónimo dijo...

Déjame que del tiempo de otro día
miré prados de amor, recuerde aroma,
y en el agua pasada la paloma
moje otra vez el alma en que bebía.

Que si ha ganado el tiempo la porfía
y ya la nieve por la sien asoma
fuego otra vez cada ceniza toma
y un campo de pasión hay todavía.

Déjame que confunda en tu cintura
lunas perdidas, que la luna nueva
no contó el tiempo ni perdió blancura.

Alma y cabellos el pasado nieva
pero la llama es fiel y a la ventura
hoy, como ayer, tu corazón me lleva.

Luis López Anglada

Anónimo dijo...

Ahí está lo que fue: la terca espada
del sajón y su métrica de hierro,
los mares y las islas del destierro
del hijo de Laertes, la dorada
luna del persa y los sin fin jardines
de la filosofía y de la historia,
el oro sepulcral de la memoria
y en la sombra el olor de los jazmines.
Y nada de eso importa. El resignado
ejercicio del verso no te salva
ni las aguas del sueño ni la estrella
que en la arrasada noche olvida el alba.
Una sola mujer es tu cuidado,
igual a las demás, pero que es ella.

Jorge Luis Borges

Anónimo dijo...

Si fuéramos un poco conscientes de la felicidad que puede ofrecer cada día nos encontraríamos mejor. Son las pequeñas cosas, los seres cercanos quienen tienen esa posibilidad de crear en el alma espacio para respirar profundo y sonreir. Gracias por hacerme pensar en ello