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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


domingo 28 de diciembre de 2008

La mística de la Historia


“Es fácil que el sufrimiento de una persona quede perdido en una masa de estadísticas”.
(El sitio de Leningrado, de Michael Jones)


La historia no se trata de un espectacular y faraónico dispositivo cronológico en el que sólo parece contar la tramoya de los hechos más destacados. O de las personas que en su devenir han sido -o creemos que han sido- egregias y rutilantes (¡cuánto chasco y cuánta bufa!). La documentación de los hechos no siempre es prueba de lo más importante. Y la memoria, aunque se esfuerce con tesón, olvida la mayoría de las veces. Hasta a los más concienzudos eruditos les pasa desapercibida el alma de los acontecimientos, perdiéndose en un galimatías terrible de doctrinas históricas e interpretaciones variopintas del pasado. Que si esto o que si lo otro. Y persiste el olvido de los olvidados. Y lo que yo denomino la mística de la historia se fundamenta precisamente en eso: en la elegía de las vidas (vidas oscuras y valientes, pero corrientes) de los no historiados, de los olvidados. Cuando son ellos los que configuran la “densidad” de la historia, lo que nosotros hemos dado en ser. Masas anónimas de “nadies” que de una manera misteriosa siguen presentes en el mundo. Son ellos los que en realidad han hecho la historia, los que la siguen haciendo hoy, ahora. La mística de la historia está en el corazón del hombre y trasciende con mucho los tratados y academias. No se trata de estatuas y calles. Se trata de la fuerza del espíritu, de esas vidas que sufrieron los espeluznantes designios de dictadores y déspotas, de políticos homicidas y sicarios cafres. O de chivatos y traidores, presos de una locura diabólica. Una familia que vive humildemente en una aldea del medioevo, o con más comodidad en el centro de una gran ciudad del siglo XX. O un individuo que pasea por la luz de un sábado por la tarde, sin más. Y de repente el fuego, el estallido, el filo de la espada, el hambre, el secuestro o el tiro en la nuca. Los cristales hechos añicos, los estómagos vacíos, la esperanza rota, la muerte de tus hijos… La mística de la historia es todo ese dolor desconocido, el sentido de aquellas vidas cotidianas, desolladas, con los ojos abiertos al cielo para siempre. La mística de la historia es el amor que no sabremos nunca, a pesar del odio que destroza y envenena.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Está comprobado. Cuando el hombre se olvida de su naturaleza sagrada, de Dios, de su amor al prójimo, la existencia se convierte en un genocidio.

Anónimo dijo...

Acabo de comprarme ese libro sobre Leningrado que cita. Quería comprar uno y me ha venido muy bien. Feliz Navidad.

Anónimo dijo...

Toda nuestra vida es mística, o no tiene sentido. Tanto en la guerra como en la paz.

Estuve en la manifestación de ayer por la familia. Me estremecí. sentí muy cerca a Dios.