cuando todas las palabras
siempre suenan en silencio
y rezan la intimidad
del alma. Son el poema
donde el mismo Dios se encarna.
Es su amor el que me inspira.
¡Escuchadle! Sus palabras
siempre sueñan nuestras vidas.
Amo a Dios en lo que escribo
y lo escribo porque le amo.
¿Importa algo lo que digan?





10 comentarios:
Señor, no estás conmigo aunque te nombre siempre.
Estás allá, entre las nubes, donde mi voz no alcanza,
y si a veces resurges. como el sol tras la lluvia,
hay noches en que apenas logro pensar qu existes.
eres una ciudad detrás de las montañas,
eres un mar lejano, que a veces no se oye.
No estás dentro de mí. Siento tu negro hueco
devorando mi entraña, como una hambrienta boca.
Y por eso te nombro. Señor, constantemente.
Y por eso refiero las cosas a tu nombre,
dándole latitud y longitud a ti.
Si estuvieras conmigo yo hablaría de cosas,
de cosas nada más, sencillas y desnudas,
del cielo , de la brisa, del amor y de la pena.
Como un feliz amante que dice solo: "Mira
qué pájaro, qué rosa, qué sol, qué tarde clara",
y vierte así en la luz de los nombres su amor.
Pero no. Tú me faltas. Y te nombro por eso.
Te persigo en el bosque de cada tronco.
Te busco por el fondo de las aguas sin luz.
¡Oh cosas: apartaos, dadme ya su presencia
que tenéis escondida en vuestro oscuro seno!
Marcado por tu hierro vaya por las llanuras,
abandonado, inútil, como una oveja sola...
Hombre de Dios, me llamo. Pero sin Dios estoy.
José María Valverde.
No te vengas a mostrarte donde te busco, encamina mi búsqueda allí donde deseas revelarte. No respondas al instante a mis peticiones tan pequeñas, sorpréndelas con tu bondad sin medida y sin usura.
No me dejes satisfecho en los conceptos donde te apreso, ábrelos al saber de ti que no cabe en mi certeza. No recorras conmigo mis calles hasta mi meta fijada, desvíame contigo por las veredas de tu porvenir.
No permitas que te encierre dentro de mi pecho posesivo, distiéndeme entero y con gozo en el juego incesante de tu vida. No me hagas caso Señor, contempla mi ser entero, escucha mis raíces milenarias, y la ambigua claridad de mi deseo. Escúchame en el Espíritu que vive dentro de mí, y me expresa dentro de ti más allá de lo que digo.
Dios me llega en la voz y en el acento.
Dios me llega en la rosa coronada
de luz y estremecida por el viento.
Dios me llega en corriente y marejada.
Dios me llega. Me llega en la mirada.
Dios me llega. ME envuelve con su aliento.
Dios me llega. Con mano desbordada
de mundos, Él me imprime movimiento.
Yo soy, desde las cosas exteriores
hasta las interiores, haz de ardores,
de músicas, de impulsos y de aromas.
Y cuando irrumpe el canto que a Él me mueve,
el canto alcanza, en su estructura leve,
la belleza de un vuelo de palomas.
Evaristo Ribera Chevremont
¡OTRA VEZ DIOS!
¡Otra vez Dios!... De nuevo la mañana.
De nuevo su pureza conseguida.
De nuevo en mi tarea, la encendida
propuesta de una estrofa soberana.
Florece el corazón. Cunde la sana
canción de lo que nace. Todo olvida.
La luz cae sobre el alma esclarecida
y el alma la acrecienta en su campana.
Naciendo está el amor, ¡oh dulce instante!
Posible es la bondad, Dios es posible...
La muerte y el dolor, mudos despojos.
Hay un silencio nuevo. Una fragante
promesa de ventura preferible...
Sólo recuerdo el valle de tus ojos.
Enrique Azcoaga
Te recuerdo, pequeña, con un amor tan puro
Tan simple, tan sencillo, tan cerca al corazón,
Que estando en esa espina clavado mi futuro
¡Le doy gracias a Dios!
No he podido olvidarte. 0 tal vez, no he querido
¿Para qué iba a olvidarte si tú fuiste el amor?
No me culpes, pequeña, por no hallar el olvido
¡Le doy gracias a Dios!
Tu recuerdo me duele. Pero es casi alegría
Cuando sangra en el tallo de mi vieja canción
Y por esta nostalgia que es tan bella y tan mía
¡Le doy gracias a Dios!
No me quejo de nada. No reprocho al destino
Que me hubiera quitado mi rayito de sol
Si a pesar de quererte seguí solo el camino
¡Le doy gracias a Dios!
Jorge Robledo Ortiz
«Estas son tres formas elementales de la experiencia de Dios
y de la relación con Dios;
nosotros vivimos por obra de Dios,
ante Dios,
y podemos vivir con Dios»
Gerhard Ebeling
A Dios hay que buscarle
en el verso de la vida,
en la vida sigilosa
y en los latidos del alma.
Dios se halla en la pureza
del cielo y en el culto
a la verdad más nívea,
y en la luz más etérea
del eterno y cautivo verso.
Porque...
por amor, Dios creó al mundo,
y del mundo es su Señor,
manantial de orden moral,
río de alegría y mar de gozos.
A Él se llega
con las manos inocentes
y el corazón limpio,
con los labios abiertos
al lenguaje de la autenticidad,
con el abecedario de la entrega
a los últimos
y con los bolsillos vacíos.
Sólo Dios nos ama
con un amor alto y vivo,
comprensivo y paciente,
como un Padre amoroso,
que no tiene otro compás,
que la compasión y la piedad.
La mano de Dios,
es una mano que perdona,
y una voz que es camino,
y un camino que es esperanza.
Sólo hay que seguirle y abrazarle.
Víctor Corcoba Herrero
Felicidades al poeta que nos acerca a Dios con su poemas,mejor dicho,que deja que Dios se encarne en sus palabras para que se acerque a él y a nosotros.
Veo Guillermo que, cuando escribes poemas sobre Dios inspiras a tus lectores y propagas poesía, alguna especialmente buena. Enhorabuena.
Por mi parte sólo agradecerte un día más la belleza de la palabra y el reencuentro en las cosas pequeñas del Misterio.
Cuanto más, que el amor nace
junto con la confianza,
y en ella se ceba y pace;
y, en faltando la esperanza,
como niebla se deshace.
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