El poeta que yo en realidad soy está muy lejos de mí.
Soy los otros, los que he leído
en el transcurso de las estaciones del olvido.
Por eso soy yo así. Estoy
en los demás poetas en los que reconozco
las imágenes de mi existencia y el interior de mi existir.
Mi vida son los versos
de los otros
en donde yo indago el pensamiento de los signos
y la melodía de la belleza que suena en los chopos
o en el sereno cauce de la luz.
Escucho en voz alta el alma de sus poemas,
escucho en ellos mi propia voz
que clama
por lo que soy, por lo que somos.
Soy Siles y soy Salinas, soy Colinas
y soy Miguel d’Ors.
Soy el dolor de Celan y la luna
de Giácomo Leopardi.
Soy Rosales y soy Eliot, soy Pablo
García Baena y Ricardo Molina.
Soy Jane Kenyon y soy Borges
en el laberinto de esa biblioteca infinita
donde siempre está Dios.
Soy Hölderlin y Cernuda, y soy
Juan de la Cruz cuando en silencio contemplaba
la claridad del cielo.
el que soy: apenas un poco
de tiempo
en el centro de la más pura armonía.
Soy un anhelo
cada día más imperfecto. Soy
yo: Guillermo Urbizu, lector
de Poesía.





8 comentarios:
El poeta emocionara, o no sera.
El poeta a de estar constantemente enamorado, o no sera.
La realidad es un incendio, la poesia consiste en conservar las llamas.
J. E.
Esta vez sí, debo decirlo: estamos ante un poema realmente bueno, prodigioso en lo que tiene de humildad, gozo lector y homenaje a los poetas que nombra y a los que no están. Es un poema de antología de verdad. Me gustaría escribir un poema semejante.
De acuerdo al cien por cien con el último comentario. Un gran poema. Lo he copiado en mi agenda de trabajo para leerlo con frecuencia.
Ah, y muy agradecida por esa breve selección de poetas.
Y en esa biblioteca infinita de la que hablaba Borges estabas tú Urbizu.
No me canso de releerlo. Gracias.
Gracias por este blog tan vivo. Es lo primero que veo nada más empezar la jornada. Antes que elmundo.es o marca.com. Te lo has ganado a pulso.
¿ Somos lo que comemos? Somos lo que leemos.
Somos cuerpo y alma. Somos lo que comemos, pero qué comer, cuánto, cuándo...o no hacerlo no deja de ser una decisión del alma.
¿Y el alma?, ¿de qué se alimenta el alma? Un buen libro, de los buenos, meditar, orar.
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