Pasado el tiempo los monarcas del cuento al fin tuvieron su hijo, que fue educado conforme marcan los cánones de los más rancios linajes. La verdad es que salió espabilado el niño, eso es cierto. Además de dorado. Aprendió un poco de todo mientras iba creciendo. Su figura era espléndida y gallarda. ¡Qué estampa tenía el joven, qué porte! Un día -el asunto venía a cuento- el rey tuvo que decirle a su hijo lo siguiente: “Para ser príncipe completo tienes que ir a una torre y rescatar a una princesa que está prisionera de un ogro que anda encaprichado de la chica. En fin, que si sales con vida, ya sabes, tendrás que casarte con ella”.
El príncipe planificó las cosas y partió en un corcel blanco. Sabía que debía enfrentarse a las fuerzas del mal, lo había leído en innumerables libros. Se desconoce el número de jornadas que cabalgó sin descanso. Como era un poco poeta no perdía ripio del paisaje y componía de memoria baladas y sonetos. E imaginaba el rostro de la princesa, y lo que no era el rostro, pues era hombre bien dispuesto. Hasta que hizo que su buen caballo frenará en seco. Y durmió durante tres días y tres noches, en medio de osadas fantasías.
Al despertar vio una torre en lontananza. ¡La torre! Pero también se dio cuenta que alguien andaba tras sus pasos. Era espesa la polvareda que se acercaba… Antes de partir del castillo, el hada del cuento le dijo que tuviera cuidado (la trama nunca es sencilla y el hada se había enamorado del príncipe). Insistió en que su padre era muy peligroso y que por nada del mundo estaba dispuesto a dejar de ser rey, como todos. Y por si estuviera en peligro le hizo entrega de una pastilla de jabón y de una botella de agua. “En verdad tu padre es un demonio”, fue su último comentario.
El príncipe montó en su brioso corcel y galopó y galopó hacia la torre de la bella. Le estaban pisando los talones. Estaban cada vez más cerca. Se le ocurrió tirar al suelo el jabón para ver qué sucedía. Y de pronto el jabón se transformó en un bosque muy frondoso. Pero no fue un obstáculo duradero. Las fuerzas del mal consiguieron atravesarlo con relativa facilidad. (El autor debe dejar constancia: el mal es siempre muy obstinado). ¿Qué hacer? Y sin pensarlo dos veces tiró al suelo la botella de agua, que de inmediato se convirtió en una laguna. Pero tampoco impidió nada.
El príncipe, que galopaba y galopaba sin descanso, cruzó un pequeño riachuelo. Descabalgó de su montura con envidiable agilidad y se escondió entre unos arbustos, con el corazón en un puño. Silencio. Allí estaban. Un grupo de soldados desconocidos para él. Sus caballos eran magníficos. Los comandaba una figura menuda, oculta en una amplia capa. “Está aquí, registradlo todo”. En ese momento el príncipe ya sea por los nervios o porque tenía ganas de acabar la historia, salió de la espesura y le clavó su espada. Un gemido oscuro hizo temblar a todo bicho viviente. ¡Era el hada! Cayó del caballo en sus brazos, en un dulce movimiento. Sólo tuvo tiempo de susurrar: “Se acabó lo que se daba”. Así expiró el hada enamorada y celosa. Y los soldados desaparecieron como por ensalmo, y un poco después el cuerpo perfecto del hada.
El príncipe era un joven sensible y sintió de veras el deceso. Pero era ya tarde. Ese mismo día alcanzó la torre. ¿Y el ogro? Allí no había nadie. ¿Y la princesa? Nada de nada. Después de tanto imaginarla era un tremendo chasco. Seguro que su padre el rey le había querido poner a prueba. (O el escritor del texto). De repente se quedaba sin hada, sin princesa, sin boda y sin cuento.







17 comentarios:
«Estas son tres formas elementales
de la experiencia de Dios
y de la relación con Dios:
nosotros vivimos por obra de Dios,
ante Dios,
y podemos vivir con Dios»
(Gerhard Ebeling, «Sui Salmi», Brescia 1973, p. 97).
¿Cree en las casualidades?Yo no.
Estaba pensando que vaya foto cursi había puesto Urbizu hoy,me preguntaba de dónde la habría sacado y buscando,buscando me he dado de narices con esta frase,la misma que me encontré ayer, curioseando sobre ese lugar al que mi hija irá de viaje de fin de curso y de donde vendrán varios chicos en intercambio:Brescia.
Brescia,las hadas,Urbizu,la Rosa Mística , Dios y yo.Y esto no es un cuento.
Debe ser una gran desilusión esperar algo, ansiarlo, desearlo..
Y despues nada de nada.
Buen cuento, para meditarlo con calma.
¡Qué cuento más feo!Sin malos,sin buenos,sin recompensa,sin final feliz,absurdo,como la vida misma.
Si algún día tiene nietos olvídese de contárselo.Cuéntele mejor el de "El Príncipe Feliz"de Oscar Wilde,es mi preferido.
Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar:
tu acento.
Margarita, te voy a contar
un cuento.
Este era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha de día
y un rebaño de elefantes,
un kiosco de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita como tú.
Una tarde la Princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.
La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla,
y una pluma y una flor.
Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti:
cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.
Pues se fue la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.
Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
mas lo malo es que ella iba
sin permiso del papá.
Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.
Y el rey dijo: "¿qué te has hecho?
Te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho,
que encendido se te ve?"
La princesa no mentía.
Y así, dijo la verdad:
"Fui a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad".
Y el rey clama: "¿No te he dicho
que el azul no hay que tocar?"
¡Qué locura! ¡Qué capricho!
El señor se va a enojar".
Y dice ella: "No hubo intento;
yo me fui no sé por qué;
por las olas y en el viento
fui a la estrella y la corté".
Y el papá dice enojado:
"Un castigo has de tener:
vuelve al cielo, y lo robado
vas ahora a devolver".
La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el Buen Jesús.
Y así dice: "En mis campiñas
esa rosa le ofrecí:
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí".
Viste el rey ropas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.
La princesita está bella,
pues ya tiene el prendedor
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.
Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:
tu aliento.
Ya que lejos de mí vas a estar,
guarda niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar
un cuento.
Rubén Darío
CUENTO DE HADAS
Había una vez (y fueron tantas veces)
un hombre que adoraba a una mujer.
Había una vez (la vez fue muchas veces)
que una mujer a un hombre idolatraba.
Había una vez (lo fue muchas más veces)
una mujer y un hombre que no amaban
a aquel o aquella que los adoraban.
Había una vez (tal vez sólo una vez)
una mujer y un hombre que se amaban.
R.Desnos
La princesa está triste...¿ qué tendrá la princesa ?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.
El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina la dueña dice cosas banales
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vana ilusión.
¿ Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz,
o en el rey de las islas de las rosas fragantes
o en el que es soberano de los claros diamantes
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?
¡ Ay !, la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo,
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.
Ya no quiere el palacio ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte;
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.
¡ Pobrecita princesa de los ojos azules !
¡ Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jáula de mármol del palacio real;
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal !
¡ Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida !
( La princesa está triste, la princesa está pálida )
¡ Oh visión adorada de oro, rosa y marfil !
¡ Quién volara a la tierra donde un príncipe existe
( La princesa está pálida, la princesa está triste )
más brillante que el alba, más hermoso que abril !
¡ Calla, calla princesa - dice el hada madrina -,
el caballo con alas hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte
y que llega de lejos, vencedor de la muerte,
a encenderte los labios con su beso de amor !
R.Darío
Vivir?, vivir? Y para qué Dios mío?
Dónde está el bien en esta ingrata tierra?
dónde la lucha en la constante guerra
que sufre y que destroza el corazón?
Vivir sin esperanza, sin amores
siempre aguardando en la mansión terrena
esa fuente de paz dulce y serena
que ahuyente del alma la aflicción.
Vivir como vive en el olvido
la solitaria flor de la montaña
y perecer como la débil caña
que arrastra en su aluvión el huracán.
Esa es la historia de la raza humana
de nuestra vida la cansada historia,
amor, tristeza, paz, honor y gloria
todo mentira, todo vanidad.
Y si doblamos ante el dolor la frente
y un horizonte de dicha divisamos
pasa un instante, Oh Dios, y solo hallamos
luto, amargura, llanto y soledad.
Mentira la esperanza lisonjera
que a nuestra mente cándida fascina,
que arrebata, seduce y alucina
con su mirada el pecho juvenil.
Mentira todo cuanto ven los ojos
y cuanto palpan las terrenas manos,
necio el que busca los consuelos vanos
que ofrece a la existencia el mundo vil.
Pero verdad, verdad consoladora
que a estos años de afán y de tormento
a esta vida de lucha y sufrimiento
otra vida feliz sucederá.
Una vida en que el alma enamorada
ha de encontrar del amor la eterna fuente
y al apagar su sed pura y ardiente,
sin acabarse nunca saciará.
Para vivir así, Dios de mis padres,
mi buen amigo y generoso dueño
por eso vivo el triste y largo sueño
que el mundo llama mísero vivir.
Que allá muy pronto encontraré dichosa
al buen amigo por quien triste lloro
que fue mi dicha, mi orgullo y mi tesoro
y cuya ausencia amarga mi existir.
Que allá bien pronto el llanto que derramo
los suspiros que exhala el alma mía
mi inconsolable pena, mi agonía
me alcanzarán tu bendición Señor
Padezca, pues, el corazón amante
inúndense de llanto mis mejillas
Te pido, Oh Dios, y de rodillas
te adoro y te bendigo en mi dolor.
S.Espinosa de Rendón
El príncipe
Siete soles forman
el solio del príncipe
de los siete soles.
Su cetro de oro
es un haz de llamas
de mil arreboles.
Su rostro, que nadie
miró porque ciega,
las nubes esconden.
Su imperio, los mundos,
Él todo lo puede,
todo lo conoce...
Y en sus ojos, cuyo
mirar mata, brillan
¡todos los dolores!
Manuel Machado
Cuando lejos, muy lejos, en hondos mares
en lo mucho que sufro pienses a solas,
si exhalas un suspiro por mis pesares
mándame ese suspiro sobre las olas.
Cuando el sol con sus rayos desde el oriente
rasgue las blondas gasas de las neblinas,
si una oración murmuras por el ausente
deja que me la traigan las golondrinas.
Cuando pierda la tarde sus tristes galas,
y en cenizas se tornen las nubes rojas
mándame un beso ardiente sobre las alas
de las brisas que juegan entre las hojas.
Que yo, cuando la noche tienda su manto,
yo, que llevo en el alma sus mudas huellas,
te enviaré, con mis quejas, un dulce canto
en la luz temblorosa de las estrellas.
Julio Flórez
Yo creo que el cuento, como la vida, tiene mucha historia y mucha tela que cortar. Igual le parece ingenuo lo escrito, pero es la verdad. Usted no sabe del todo lo que dice. Para eso está la figura del lector. Un gran cuento.
A mí me ha gustado mucho el cuento, está bien escrito, tiene ritmo y los comentarios del propio autor son geniales introduciendo la realidad de fuera del cuento. Guillermo, escribes francamente bien, da gusto leerte, en esta ocasión incluso en voz alta ¿Lo has probado?
Tiene 106 años y tiene el pelo blanco de nieve
Tiene un vestido negro y de madera negros pendientes
15 hijos parió su duro cuerpo y 13 amamantó del mismo pecho
Tres se llevó la guerra junto a la sierra se los perdieron
se los llevo la patria, con un aire triunfante, cantó el correo
cinco días estuvo sin ver el cielo
su condena fue siempre, siempre el silencio
Tuvo un hijo minero y una tarde sangrienta
envuelto en sangre y lodo se lo trajeron
con el paso tranquilo subió el camino del pozo negro
y al llegar al portón extravió la mirada y escupió al suelo
con el ceño fruncido bajo “pal” pueblo
y pasó quince días sin ver el cielo
Se le endulzan los ojos cuando recuerda su primer beso
cuando estrenó vestido para el bautizo del primer nieto
y del viaje de novios y de su miedo
al entrar en la alcoba junto a su dueño
Él se cansó una tarde de estar despierto
cuando estrenaba el campo su manto nuevo
Tiene un hijo poeta, un carpintero y tres en Mejico
otros dos en la mina, uno que es fraile y el más pequeño
que siempre fue muy guapo, pluscoamperfecto,
hoy es una flor tierna de invernadero
Ella a todos cobija bajo su manto
y recuerda sus nombres y el cumpleaños.
¿Cómo haces para escribir cada día un poco mejor que el anterior? ¡Y todos los días! A mí uno de los aspectos que más me llama la atención de tu escritura es la sorpresa. Lo experimento día a día desde que dí con tu blog, con tu literatura.
Y en el cuento de hoy de nuevo esa sorpresa constante y ese ritmo de tus palabras.
Por casualidad se cuelga
el sombrero del perchero
“lanzao” a siete metros
con los ojos “vendaos”.
Por casualidad se cuelgan
de un abismo mil ideas,
ideas que me abren camino
con los dedos “cruzaos”.
No es casualidad que el aire
encaje en mis pulmones,
no es posible que el azar
nos regalara cuatro estaciones.
Por casualidad
no creo estar aquí,
pensando en ti
alguien tuvo que escribir
pergaminos de cristal,
con tintura de avellana
y en la noche dibujar,
la luna de porcelana.
Y es mucha casualidad,
que después de la tormenta,
la lluvia nos recompensa,
con un arco de colores.
Sortilegios de coral
entre espumas y océanos
y en el viento colocar
los jazmines de verano.
Y es mucha casualidad
que después de la tormenta
la lluvia nos recompensa
con un arco de colores.
Pero qué bien “colocao”
está el sol que no quema los campos
y es que encima los bendice
con besos “doraos”,
Pero qué bien le sientan
a las flores las abejas,
que les trae la descendencia,
qué bien “preparao”
Israel Amador
"....y final feliz. ¿Qué más quieres alma mía en estos tiempos de penuria? "
Me he reído un montón leyéndolo.
El Cuento De Margot
Vamos, Margot, repíteme esa historia
que estabas refiriéndole a María,
ya vi que te la sabes de memoria
y debes enseñármela, hija mía.
-La sé porque yo misma la compuse.
-¿Y así no me la dices? Anda, ingrata.
-¡Tengo compuestas diez! -¡Cómo! repuse,
¿Te has vuelto a los seis años literata?
-¡No, literata no! pero hago cuentos...
-No temas que tal gusto te reproche.
-Al ver a mis hermanos tan contentos
yo les compongo un cuento en cada noche.
-¿Y cómo dice el que contando estabas?
-Es muy triste, papá, ¿qué no lo oíste?
-Sólo oí que lloraban y llorabas.
-¡Ah! sí, todos lloramos; ¡es muy triste!
Imagínate un niño abandonado
de grandes ojos de viveza llenos,
rubio, risueño, gordo y colorado
-Como mi hermano Juan, ni más ni menos.
Figúrate una noche larga y fría,
de muda soledad, sin luz alguna,
y ese niño muriendo, en agonía,
encima de la acera, no en la cuna.
-¿En las heladas lozas? -Sí, en la acera.
Es decir, en la calle... ¡Qué amargura!
-Hubo alguien que pasando lo creyera
un olvidado cesto de basura.
Yo pasaba, lo vi, bajé mis brazos
queriendo darle maternal abrigo
y envuelto en un pañal hecho pedazos
lo alcé a mi pecho y lo llevé conmigo.
Lloraba tanto y tanto el angelito
que ya estaban sus párpados muy rojos...
y a cada nueva queja, a cada grito
el alma me sacaba por los ojos.
Me lo llevé a mi cama: entre plumones
lo hice dormir caliente y sosegado...
¡Cómo hubo en este mundo corazones
capaces de dejarlo abandonado!
¡Ay! yo sé por mi libro de lectura
que estudio en mis mayores regocijos,
que ni los tigres en la selva oscura
dejan abandonados a sus hijos.
¡Pobrecito! yo sé su mal profundo,
le curo como madre toda pena;
parece que este niño en este mundo
no es hijo de mujer sino de hiena.
De mi colchón en el caliente hueco
duerme para que en lágrimas no estalle;
y llorando Margot, mostró el muñeco
que en cierta noche se encontró en la calle.
J.de Dios Peza
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