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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.
lunes, 16 de febrero de 2009
"Los cosacos", de Tolstói, y el placer de leer novelas
A mí lo que realmente me gusta, como decía don Juan Moneva, es leer novelas (y poemas). Lo demás es un incordio, algo que va y viene, viene y va, porque de algo hay que vivir o porque la vida no nos deja otro remedio. Sentarse en un sillón o silla de una esquina de cualquier habitación y dejar que pasen las páginas embebido. ¡Eso es vida! Y el que diga lo contrario es que no sabe lo que es bueno. Es opcional la música de fondo o una copa de lo que sea o el humo de los cigarrillos. Incluso el murmullo de otras voces o de las hojas de esas adelfas que algunos tendrán ahí fuera: en su jardín (sería el fondo que más me gustaría). Lo que importa es la lectura que hacemos de la vida a través de todos esos libros que pasan por nuestras manos. Suena Serrat o suena el silencio. Suena Mozart o suenan nuestros sueños. Las palabras nos van contando… los días del tiempo y la belleza que se abre en abanico a todos los vientos. Pistas de una eternidad cavilada o presentida (“quisiera ser eterno”, decía un intelectual hace poco). No hay escapismo posible o un no querer ver las cosas o un insano egoísmo. Leer es aprender a escuchar a los demás, es irnos devanando en la responsabilidad del amor o sacudirnos de encima la modorra superficial de las noticias. Ante nuestros ojos se van sucediendo emociones sin cuento -o con el adecuado relato y trama -, tejemanejes, lágrimas, angustias, misterio, dudas. Dramas y risas. Y el suspense característico de la vida. Y su elegía. Ese buscar por todos los rincones alguna certeza para tantos anhelos. Descifrar el cielo, buscar consuelo entre las piedras. Tocar lo más secreto con los dedos. Acercarse, acercarse… Y quedarse mudo de agradecimiento. De asombros pleno... Y les prometo que yo sólo quería escribir sobre Los cosacos, de Lev Tolstói, que ha publicado Jacobo Siruela en su editorial Atalanta. Un Tolstói joven que ya nos avanza en esta breve novela una buena parte de su grandeza. Esas descripciones del alma con apenas dos frases, esa enjundia de la naturaleza que se desliza por los paisajes, esa épica subyacente en la rutina de la stanitsa (aldea cosaca), esa reflexión moral de la existencia… Los cosacos como pueblo y como símbolo. Costumbres y autobiografía. Acción y contemplación. Y esos brillantes apuntes de felicidad que parecen no tener importancia: una muchacha bonita, la sombra de los árboles, las historias de un viejo o el murmullo de los juncos. Dmitri Olenin lo acaba descubriendo junto a los cosacos (igual que lo descubrió Tolstoi o lo podemos descubrir nosotros, sus lectores): “’La felicidad’, se decía a si mismo, ‘consiste precisamente en vivir para otros’”.
Publicado por
Guillermo Urbizu
Etiquetas: Apuntes de vida, Reseñas de libros
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9 comentarios:
Acabo de conocer este blog. He leído sólo lo de los cosacos y el poema de San Valentín. El poema es muy bueno y el texto sobre el libro de Tolstoi muy eficaz. Porque me lo voy a comprar. Volveré a menudo por aquí. Saludos.
Macho,yo soy eterno,lo sé y no soy ningun intelectual.
Su reseña me ha encantado. Porque engancha al libro que comenta y al hecho de leer en si, que es lo que importa en tiempos de escasez intelectual.
Eres el mejor,tío,nadie como tú ha definido así la lectura.Yo lo registraba.
Hablas de los libros como si en ellos hubiera una parte extraordinaria de tu vida. Y eso atrae un montón a los que te leemos. Te lo digo yo.
Gracias por escribir así de bien.
La reseña una maravilla, toda una declaración de amor a la literatura. Tanto que ha logrado que me compre el libro. Gracias.
"...leo lo justo, muy a salto de mata. Leo aquello que me absorbe, un texto que me atraiga, que me sorprenda con algo muy resplandeciente. No leo para divertirme, sino para comprender."
Miguel Aguilar
Umberto Eco piensa que la gente lee porque está insatisfecha con su vida, con la vida de verdad y que por eso el número de lectores no hace más que crecer, por encima de las crisis, y pese al aparente analfabetismo funcional persistente . La gente lee en busca de placer y satisfacción para sus vidas. Y los escritores cierran el círculo.
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