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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


lunes 30 de marzo de 2009

"Corsario", de Tim Severin


(...) salió a cubierta, con toda su antigua maldad asomándole a los ojos y la bandolera a la espalda con un par de pistolas.
("Historias de piratas", de Arthur Conan Doyle)


¿Cuánto hace que no leía una novela de piratas o similar? Pues creo que desde Operación Mauricio, del maestro Patrick O’Brian (Edhasa), que encontré por casualidad este verano en mi nutrida biblioteca rural. Bueno, ahora recuerdo la versión de El motín de la Bounty, escrita por John Boyne (Salamandra), el autor de El niño con el pijama de rayas. Es un género que siempre me ha encandilado. Ya no es sólo la rapiña, la aventura o la batalla. Es el mar abierto. Es la sal en los ojos y la espuma en el pecho. Son las velas hinchadas por el viento, la voz del piloto o del contramaestre en medio de la tempestad de negras nubes y el silencio entumecido de la marinería. Es la travesía hipnótica de las olas y el mapa de las estrellas. Es la zozobra del alma en un desierto de agua y es el cabotaje de la vida rumbo al horizonte del destino. Y más tarde o más temprano vendrá la muerte y su abismo. O el tesoro o el amor o la libertad. Atrás queda la estela fosforescente y su temblor níveo que flota por unos momentos hasta perderse en la nada. Pero la vida de los corsarios y piratas era abyecta y criminal, poco dada a delicadezas líricas. Su derrota era la violencia, en un constante zafarrancho de sangre, lujuria y blasfemias. Su rumbo quizá fuera caer por la borda de la malaria y el escorbuto, con varias vías de agua en el cuerpo y el corazón desollado por la soledad. La lectura de estos libros cabecea en las palabras, a sotavento de la rutina. Sientes el salitre en el rostro y el azote de la emoción. La novela Corsario, del británico Tim Severin (La Factoría de Ideas) es muestra de todo esto y un poco más. Te zarandea desde el mismo comienzo y ya no recuperas el aliento hasta el final. La acción se sitúa a finales del siglo XVII, cuando los corsarios berberiscos recorrían las costas de toda Europa, asolando pueblos enteros y abordando cientos de navíos. Fruto de ello serían miles de rehenes. Héctor Lynch, un joven irlandés de 17 años será uno de estos secuestrados -junto con su hermana Elisabeth-, que más tarde será vendido como esclavo en Argel, pues la esclavitud era por entonces un negocio boyante, que adoptaba las más diversas formas y torturas. La prosa de Severin es fluida y dinámica, y no cae nunca en desmayos que el lector pasa de largo, en parte a un constante diálogo por parte de los personajes y a una sobria y precisa utilización de los datos históricos, sin pedanterías. Héctor se muestra como un chaval avispado. Pronto se dará cuenta de que en su nueva vida su principal salvoconducto será su inteligencia, si quiere sobrevivir para escapar y recuperar a su hermana. Se busca un aliado en Dan, indio caribeño y en otros amigos como Bourdon y Karp. “No estaba seguro de dónde se hallaba su propio futuro”. Los planes de huída están llenos de esperanza y de miedo. Una buena novela de acción basada en ciertos personajes históricos y en la experiencia viajera del autor. Tim Severin (1940) explora la geografía del lenguaje y de su experiencia naval, y lo hace con esmero y fruición. Y con visión cinematográfica (no en vano es también cineasta, según reza la solapa). Aventura en estado puro. Cuando la literatura es disfrute y gozo. El inicio de una serie de novelas en donde seguirá el lector rastreando la pista de Héctor Lynch. Y que no se me olvide llamar la atención sobre la excelente traducción de Juan José Llanos Collado, que sale bien parada de los bajíos de la sintaxis y de los escollos de la gramática.

20 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias por el lazo.

Anónimo dijo...

Me gustaba más la cabecera de antes,era más sugerente.Las letras,prefiero éstas aunque ya me había acostumbrado a los espaguetis. El lazo me deja mudo,lo llevo siempre, me lo he tatuado en el alma.

Anónimo dijo...

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.


Y el Urbizu un romanticón de los de verdad.

Anónimo dijo...

Cita Las historias de piratas de Conan Doyle. Lo leí hace unos meses y me pareció muy bueno. Conan Doyle no tiene desperdicio, no sólo es Sherlock Holmes. Y ya miraré el Corsario que comenta.

Anónimo dijo...

Por favor, ¿puede decirme en qué editorial está el libro de Conan Doyle sobre los piratas?

Anónimo dijo...

Está en la editorial Valdemar.

Anónimo dijo...

Tomo la sal entre mis dedos y siento enjambres de hombres remontar parajes asesinos
atravesar oceános de infinitas incertidumbres

La sal
con toda su blancura
no pronuncia la sangre vertida tras su aroma de mar
nunca invoca la paz
muy al contrario
se devela mortaja sobre el cabello de las santas mujeres

La sal es cruel
Esther lo sabe en lo que aún le queda de corazón

Otoniel Guevara

Anónimo dijo...

Oh ser un capitán de quince años
viejo lobo marino las velas desplegadas
las sirenas de los puertos y el hollín y el silencio en las barcazas
las pipas humeantes de los armadores pintados al óleo
las huelgas de los cargadores las grúas paradas ante el
cielo de zinc

Pere Gimferrer
los tiroteos nocturnos en la dársena fogonazos un cuerpo
en las aguas con sordo estampido
el humo en los cafetines
Dick Tracy los cristales empañados la música zíngara
los relatos de pulpos serpientes y ballenas
de oro enterrado y de filibusteros
Un mascarón de proa el viejo dios Neptuno
Una dama en las Antillas ríe y agita el abanico de nácar
bajo los cocoteros

Anónimo dijo...

Rodeada de mar por todas partes,
soy isla asida al tallo de los vientos...
Nadie escucha mi voz, si rezo o grito:
Puedo volar o hundirme... Puedo, a veces,
morder mi cola en signo de Infinito.
Soy tierra desgajándome... Hay momentos
en que él me ciega y me acobarda,
en que el agua es la muerte donde floto...
Pero abierta a mareas y a ciclones,
hinco en el mar raíz roto.
Crezco del mar y muero de él... Me alzo
¡para volverme en nudos desatados...!
¡Me come un mar batido por las alas
de arcángeles sin cielo, naufragados!

Dulce Mª Loynaz

Anónimo dijo...

Solitario, mudo, ceñidas
las sienes de hojas otoñales.
En la boca reseca el gusto
de la sal de todos los mares.

La sal que dejaron las olas
de los días al derrumbarse.

José Hierro

Anónimo dijo...

Si no es el mar, sí es su imagen,
su estampa, vuelta, en el cielo.
Si no es el mar, sí es su voz
delgada,
a través del ancho mundo,
en altavoz, por los aires.
Si no es el mar, sí es su nombre
es un idioma sin labios,
sin pueblo,
sin más palabra que ésta:
mar.
Si no es el mar, sí es su idea
de fuego, insondable, limpia;
y yo,
ardiendo, ahogándome en ella.

Pedro Salinas

Anónimo dijo...

El horizonte es tu cuerpo,
el horizonte es mi alma.
Llego a tu fin: más arena.
Llegas a mi fin: más agua.

Juan Ramón Jiménez

Anónimo dijo...

Saeta que voladora
cruza, arrojada al azar,
y que no se sabe dónde
temblando se clavará;

hoja que del árbol seca
arrebata el vendaval,
sin que nadie acierte el surco
donde al polvo volverá;

gigante ola que el viento
riza y empuja en el mar,
y rueda y pasa, y se ignora
qué playa buscando va;

luz que en cercos temblorosos
brilla, próxima a expirar,
y que no se sabe de ellos
cuál el último será;

eso soy yo, que al ocaso
cruzo el mundo sin pensar
de dónde vengo ni a dónde
mis pasos me llevarán.

G A B

Anónimo dijo...

No he venido a pedirte
Como suelo, señor
Si antes de yo clamarte
Conoces mi petición

Solo quiero escucharte
Pon el tema, señor
Caminar por el parque
Y dedicarte una canción

Tan sólo he venido
A estar contigo
A ser tu amigo
A compartir con mi dios

Adorarte y darte gracias
Por siempre gracias
Por lo que has hecho, señor
Conmigo

Cuéntame de tus obras
Qué hay de nuevo, señor ?
Y de paso pregunto
Cómo es la piel del sol?

Y yo, sólo quiero abrazarte
Bendecirte mi dios
Caminar por las calles
Y abrirte mi corazón

Tan sólo he venido
A estar contigo
A ser tu amigo
A compartir con mi dios

Adorarte y darte gracias
Por siempre gracias
Por lo que has hecho, señor

He venido
A estar contigo
A ser tu amigo
A compartir con mi dios

Adorarte y darte gracias
Por siempre gracias
Por lo que has hecho, señor
Conmigo, conmigo, conmigo

Juan Luis Guerra

Anónimo dijo...

¿Lo puede leer este libro un adolescente?

Anónimo dijo...

Por si hay alguien que esté interesado en leer algo más constructivo(infinitamente más)y puesto que el entendido sigue navegando por otros mares y no le da la real gana de recomendarnos nada especial para la Cuaresma, he encontrado dos buenos libros, editados por Monte Carmelo: "Tu palabra me da vida" y "Orar a solas.Posibles tentaciones del principiante".

Anónimo dijo...

Poderoso caballero es don dinero.

Anónimo dijo...

No, no te detengas.
Comenzar bien es una gracia de Dios.
Continuar por buen camino
y no perder el ritmo...,
es una gracia todavía mayor.
Pero la gracia de las gracias,
está en no desfallecer,
con fuerzas todavía o ya no pudiendo más,
hecho trizas o añicos,
seguir avanzando hasta el fin.

Helder Camara

Anónimo dijo...

Yo soy pirata de vocación.

Anónimo dijo...

Piratas.No entiendo que se les idealice.Basura con lazos.