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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


sábado 14 de marzo de 2009

¿De qué escribo hoy?



¿De libros, de amores, de reflejos, de colores, de dudas, de esperanza, de familia, de nubes, de amigos? Digo yo que algún resquicio habrá entre lo presente para que pueda decir algo de provecho. Algún detalle quizá, quién sabe. Pero las palabras se plantan esta mañana de marzo, y miro alrededor por si encuentro un estímulo que me sirva de comienzo. Y la vista se queda fija en una camisa vacía. Hace unos días recuerdo que estaba yo dentro. Y vivía. Como vivo ahora, sólo que con otra camisa y en distinto día. Lo que daría por tocar la cítara o el arpa de diez cuerdas. O el piano con Hélène Berr, en París y en 1942, hacia el mediodía. Subir la última pendiente de la vida y ver de pronto el mar y esa luz que sé que es Dios para siempre, y que arde ante nuestros ojos y que inspira la poesía de la ternura y la pintura de, por ejemplo, Alexandr Chervonenko o John Constable. Personas y paisajes transfigurados por el arte de un amor puro a las cosas que tenían ante la vista. Y yo sigo mirando todos los días hacia arriba y por debajo del tacto y de los sonidos de la noche. Dicen que soy raro por esto y por lo de más allá, pero no puedo evitar contemplar una fotografía durante horas, porque la siento viva y sigo allí. O esperar en silencio que ocurra el milagro de ella cuando se vuelve a mirarme mientras cose las cortinas. Pero en este momento tendré que conformarme con los dibujos de mi propia caligrafía cuando escribo poesía, temblor, destello o súplica. Con la música de Amaia Montero.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Escribe de lo que quieras. Siempre das en el clavo.