Frente a los hechos, frente a las deportaciones, frente a los asesinatos, frente al horror, se alza su alma, su inteligencia, su amor por Jean Morawiecki y por tantas personas más. Y lo cuenta con sencillez, con una delicadeza extrema y, en ocasiones, con desesperanza. “De pronto me doy cuenta de que no hay nada que esperar y todo que temer del porvenir”. Pero le basta con mirar a los ojos de los niños, o soñar con su amor, o entrar en una librería (“curiosear libros restablece la normalidad”), o salir a la calle. “Está la buena mirada de los hombres y las mujeres que te llena el corazón de un sentimiento inexplicable. Está la conciencia de ser superior a las bestias que te hacen sufrir”. “Está la unión contra el mal y la comunión en el sufrimiento”.
Un diario es, en si mismo, la literatura más desnuda de literatura. Es la vida desprendida de artificios. Es el alma, tal cual. Por lo menos así es el Diario de Héléne Berr que ha editado Anagrama, con un breve prefacio del estupendo novelista que es Patrick Mediano. “Hay dos partes en este diario (…), la parte que escribo por deber, para conservar recuerdos de lo que deberá contarse, y está la escrita para Jean, para mí y para él”. El martes, 7 de abril de 1942, comienza a escribirlo. Va a recoger a casa de Paul Valèry un libro que el poeta ha tenido la amabilidad de dedicarle. Abre el libro con ansiedad. Y lee: “Al despertar, tan suave la luz y tan hermoso este azul vivo. Paul Valèry”. Es feliz, y quiere comunicar su alegría a los demás, con “la impresión de que en el fondo lo extraordinario era lo real”. Se suceden los días. Momentos en los que busca la soledad, momentos en los que tiene miedo. Aunque “la libertad, incluso en el sufrimiento, es un consuelo”. Melancolía, tanta melancolía... Y los judíos son obligados a llevar la estrella amarilla. Humillación y valor. “Son los dos aspectos de la vida actual: el frescor, la belleza, la juventud de la vida, encarnada por esta mañana límpida; la barbarie y el mal, representados por esta estrella amarilla”. Y las lágrimas son difíciles de contener. “Han aflorado a mis ojos lágrimas de dolor y de rebeldía”.
Héléne es un alma delicada que presiente la tragedia. Su propia tragedia y destino. “Pienso continuamente en que me aguarda una prueba”. A su alrededor se acelera e intensifica el odio y la sinrazón. “No basta con poder ver, hay que poder sentir, sentir la angustia de la madre a la que han arrebatado a sus hijos, la tortura de la mujer separada de su marido”. Su amado Jean se ha ido a España para pasar luego a África y luchar en la Francia libre. Según se va avanzando en la lectura el amor por Jean lo llena todo. Piensa en el dolor de lo que podría haber sido y sueña sus abrazos que la protegen. Sueños que son “una prolongación de la realidad”. Y todo lo demás es una espera, un desasosiego cada vez más duro. Cuesta vivir en esas circunstancias. Las leyes nazis van estrechando el cerco a una felicidad cada vez más incierta. Las deportaciones son más y más frecuentes. De París a Drancy, y de Drancy a Auschwitz. Crece el volumen del horror y del terror. Y Héléne sigue tomando nota de la realidad, y sigue vislumbrando el amor cono único remedio, y la belleza. “Hay belleza mezclada con la tragedia”. La última anotación en el diario será del martes 15 de febrero de 1944. Aunque el 8 de marzo -día de su detención- escribirá una carta a su hermana Denise (pág.293). Toda la familia es arrestada. Llega a Bergen-Belsen. Morirá en 1945, a los 24 años, justo unos días antes de que liberen el campo de exterminio.
Un testimonio escalofriante y muy sagaz sobre el ser humano, sobre el amor y el arte, sobre el dolor... La intimidad de una mujer enamorada de la vida, incapaz de odiar a nadie. Una historia de amor en medio de la angustia y de la desolación. Un ejemplo moral. La victoria de la ternura sobre la tortura, de la vida sobre la muerte. Dice Héléne: “Pienso en la historia, en el porvenir. En cuando todos estemos muertos. Es tan corta la vida, y tan preciosa. Y ahora, a mi alrededor, la veo despilfarrada sin motivo, criminal o inútilmente”. Yo creo que podemos sacar consecuencias. También en nuestra realidad personal.





13 comentarios:
Un diario bueno bueno el de Santa Faustina Kowalska.
http://www.santafaustina.info/
Este libro me lo compro ya. Tiene una pinta excelente, y me lo ha "vendido" pero que muy requetebien. Se lo agradezco de veras.
He leído esta mañana la crítica en su blog de la COPE. Bueno, pues ya me he comprado el libro. Ya les contaré a todos mi opinión.
Me metió el libro por los ojos. Compré un ejemplar para un regalo que tenía que hacer a un amigo y otro para mí. Saludos.
Le agradecería pusiera el precio de los libros, por hacerme una idea. Lo leeré tarde o temprano. La fotografía de Helena Berr en portada es deliciosa.
He comenzado a leerlo y es muy bueno. Tenía razón al aconsejarlo.
Anagrama es la editorial que más me gusta. Todo lo que publican no tiene desperdicio. Vi el libro del que habla en la publicidad de un cultural, pero no me atrajo de entrada. Pero visto que le perece tan bueno me haré con él. Gracias.
¿Casualidad? No creo. Mi madre, que sé que es lectora suya me acaba de regalar por mi cumpleaños el libro de la chica esta.
He terminado de leerlo. Muy triste, pero muy bueno. Como Ana Frank, pero más madura. Le doy las gracias por haberlo aconsejado. Buenas tardes.
El diario me gustó mucho sin que tú me lo recomendaras. De hecho, me sorprendió que lo hicieras, porque un tío vinculado por la cope, obviamente está más cerca de sus verdugos que de todo lo que representa la exquisita sensibilidad de Helene.
Seguramente un tío vinculado a la Cope, querido Funes, tiene más criterio del que tú te piensas. Aparte de que los prejuicios son malos consejeros en la vida, así como las generalizaciones.
Saludos.
Guillermo Urbizu
¿Y Maurras, te suena? ¿Y Action Française? La propia Helene habla muy claramente en el diario de cuál es la posición de los católicos franceses respecto al sufrimiento de los suyos. Repasa, repasa todo eso. De todos modos, supongo que me tengo que alegrar de que ahora los opusdeístas os idenfiquéis con las víctimas del nazismo y el fascismo. Es todo un avance. A ver si se nota. Porque la actitud normal de la iglesia es lavarse las manos mientras tanto, cuando no ser colaboradora activa (¿no queréis hacer santo a Pío XII?) cuando no colaborar activamente. ¿Has leído "Los grandes cementerios bajo la luna", de Bernanos? Porque ese sí qué vio claro cuál fue la actitud de la iglesia durante la Guerra Civil Española. Que después es muy bonito ir de víctima, siempre que convenga, cuando se ha sido verdugo. Que conste que sé que estos mensajes no los vas a publicar. Pero al menos sé que los vas a leer.
Acabo de ver que has publicado uno de mis comentarios. Así que retiro la última parte de lo último que te he mandado. Gracias, porque lo cortés no quita lo valiente.
Un saludo
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