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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.
miércoles 18 de marzo de 2009
El infarto de mi padre
¿Qué hacer cuando sufres un ataque al corazón en el corazón de una de las personas más queridas? ¿Es su corazón o es el tuyo? Te pones lo primero que tienes a mano -la cazadora vaquera y los zapatos granate-, “las llaves, las llaves”, "vamos, vamos", llamas a un taxi, subes corriendo a su casa, no aciertas a abrir su puerta de puros nervios, entras por fin y gritas: “¡Papá!”. Sin respuesta avanzas por el pasillo y miras de habitación en habitación… Ahí está. Ahí, sentado en la cocina, te encuentras cara a cara con su mirada asustada, huidiza. “Guillermo, me duele aquí, en el pecho, me duele…”. Y en esos segundos, mientras lo levantas, te acuerdas de ella. Te acuerdas de tu madre en similares circunstancias. Y de nuevo tienes miedo. Bajamos al taxi rumbo a urgencias. Dejé mi mano en su hombro derecho y le di un beso. Urgencias. Se nos pasa la vida yendo y viniendo a urgencias de muy diverso tipo. El hombre es una continua urgencia. De cuerpo y de alma. De ternura, de comprensión, de escucha, de cariño (aunque no siempre las urgencias sean las adecuadas). Necesitamos los cuidados intensivos de Dios y de todos aquellos que nos quieren y nos sacan del atolladero más veces de las que imaginamos. Enseguida electros, análisis, pruebas… Confirmado. Crisis cardiaca. Aleteos de batas blancas. Movimientos certeros. Centelleos de números y líneas en zig zag de colores verdes, rojas y amarillas. “¡Rápido, rápido!”. “Ustedes no pueden pasar”. Nos sentamos. Llama la atención el silencio y los rostros preocupados, cabizbajos. Las palabras van por dentro. Estamos en la antesala del sufrimiento, del dolor, del no saber qué está ocurriendo. Jaime me pide un euro para comprarse algo de beber (después me llama que está rezando en una capilla). Yo saco de mi bolsillo el rosario. Es preciso ir al meollo del corazón infartado de mi padre. Y voy rezando avemarías. “Dios te salve María, llena eres de gracia, el señor es contigo…”. Pliego su camisa y su jersey, y miro la hora en su reloj Omega. Las seis y media. “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte”. La muerte. No quiero pensar en ella, pero ella siempre está presente. Un médico me dice que va todo bien. ¿Bien? ¿Hasta que punto? “Dios, ya que te llevaste a mi madre tan pronto, deja que mi padre viva”. La luz entraba por los ventanales a borbotones. Era la esperanza, era la respiración de Dios... Camillas y ambulancias, enfermos con los ojos muy abiertos. Pensaba en mi vida, en la vida, en la síntesis de todo y en la felicidad de todos. Ni un libro, ¡no me había llevado ningún libro! Unos versos de Lope acudieron: “(…) ¿en qué pienso, en que me ocupo, en que me encanto? / Loco debo de ser, pues no soy santo”. Está mejor, dicen, pero… Quiere irse, quiere abrir las cortinas de todas las ventanas de su casa, quiere saborear la brisa y las sonrisas de sus nietos. “Estoy bien, estoy bien, no me duele nada”. La vida. Y le doy la mano.
Publicado por
Guillermo Urbizu
Etiquetas: Apuntes de vida
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13 comentarios:
Llegó con tres heridas:
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida.
Con tres heridas viene:
la de la vida,
la del amor,
la de la muerte.
Con tres heridas yo:
la de la vida,
la de la muerte,
la del amor.
M H
Bendiciones y salud a su papito.
Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.
Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera,
más que duró lo que vio
porque todo ha de pasar
por tal manera.
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos,
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.
J Manrique
Porque vivir se ha puesto al rojo vivo.
(Siempre la sangre, oh Dios, fue colorada.)
Digo vivir, vivir como si nada
hubiese de quedar de lo que escribo.
Porque escribir es viento fugitivo,
y publicar, columna arrinconada.
Digo vivir, vivir a pulso, airada-
mente morir, citar desde el estribo.
Vuelvo a la vida con mi muerte al hombro,
abominando cuanto he escrito: escombro
del hombre aquel que fui cuando callaba.
Ahora vuelvo a mi ser, torno a mi obra
más inmortal: aquella fiesta brava
del vivir y el morir. Lo demás sobra.
Blas de Otero
Rezo por tu padre desde ahora mismo. Espero se recupere pronto. Alfonso.
Lo siento muchísimo, rezaré por él.
Mucho ánimo,no estáis solos.
¡Qué susto! No me olvidaré de su padre en mis oraciones.
Me alegra saber que lo ha superado. Has descrito muy bien lo que se siente en urgencias. Ayer compartimos esa sacudida de preocupación que da tener a un ser querido en el hospital.
Lloraban en la sala de espera los familiares de un enfermo. Dos edificios más y estaba el pabellón de maternidad. Y pensé que allí todo son risas, todo alegría.
¡Qué fragiles somos, Guillermo!.
No te conozco a ti ni a tu padre, aunque siento lo del infarto. Pero lo cuentas todo muy bien.
Acabo de leer lo de su papá. Dios quiera que sólo sea el susto. Rezaremos por ustedes. Nos gusta mucho lo que escribe. Bye.
¿Cómo está su padre? Espero mejore rápido.
Mis oraciones también. Sea siempre la Santa Voluntad de Dios.
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