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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


sábado 21 de marzo de 2009

El talante anticatólico


Cansino y recurrente. Y deprimente. De cuando en cuando parece necesario incendiar Roma. ¿La culpa? De los cristianos, of course. Es ya una macabra tradición en el devenir histórico, una costumbre para ciertos políticos cafres. Nerón puso las bases, y Diocleciano y tantos más perfeccionaron el asunto. Hasta llegar a la apoteosis de la Revolución francesa o de la II República española. O al “padrecito” Stalin. Odio y planificación diabólica. Los seguidores de Cristo siguen perseguidos en China, en Corea del Norte, en Cuba, en no pocos países africanos, y en absolutamente todos aquellos regidos por el Corán. Hablo de personas concretas que ahora mismo están siendo encarceladas, torturadas o asesinadas por sus creencias.

Por supuesto en nuestro aburguesado y correcto mundo occidental, es todo más sutil. Pero no menos real, ni trágico. Vean España. El socialismo español no acaba de desprenderse de un acendrado prejuicio anticatólico, apuntalado por el espectro de un rancio y absurdo discurso guerracivilista de salón. Cuando quieren despistar la atención pública de su propia nulidad política, incapaz de proyectos sociales atractivos, etcétera, suelen acudir solícitos a los mismos argumentos carnaza.

El repertorio es ya todo un clásico. Zascandilean y hurgan en temas morales que saben escuecen a esos millones de españoles que todavía van a misa y se toman en serio a Cristo. Divorcio exprés, ampliación del aborto, manipulación genética, la incipiente eutanasia y lo homosexual como el no va más del sexo y de la ternura para nuestros hijos. ¿La familia? Algo pasado de moda. Cuando sin ir más lejos está sosteniendo el día a día de unos cuantos millones de parados. Y no hablo de la educación, o de la asignatura de Religión, o del feroz anticlericalismo (ya ven estos días, la Iglesia española no puede defender la vida de los niños no nacidos, y se le ridiculiza por ello).

Algunos selectos medios de comunicación toman parte activa en esta festiva ceremonia de la confusión y de la inquina. Y lo hacen a conciencia. Los católicos somos vilipendiados una vez y otra. El pretexto puede ser cualquier cosa. Un libro, una película, un escándalo. Algo con el suficiente morbo para movilizar a las hienas de siempre, que olisquean también el negocio. Porque lo anticatólico tiene su margen de beneficios.

De lo que se trata es de mancillar nuestra fe y de insultar nuestra inteligencia, intentando relativizar y trivializar los valores cristianos. Todo vale. Y sin darnos cuenta vamos cediendo en pequeños detalles -o no tan pequeños-, vamos apostatando de nuestra fe por la vía de un cómodo consentimiento (“tampoco es para tanto”, se puede pensar) y de un silencio que haría estremecer al mismo Judas. Por quedar bien, por no significarnos, por vergüenza o incluso por miedo. Es como si las cosas de Dios ya no fueran con nosotros.

Los católicos somos personas de nuestro tiempo y como tales tenemos que actuar. Somos mayores de edad y laicos, exactamente igual que los demás. Sin amaneramientos de sacristía, complejos o ñoñerías de colorín. Nuestro sitio está en la vanguardia de la paz y de la justicia, y solidarios de los de verdad. No es sólo cuestión de los obispos o del Papa (que se queja de que tiene el enemigo en casa). Es, sobre todo, cuestión de una contrastada vida de piedad, y de nuestro testimonio profesional y familiar en cristiano. Con valor y coherencia. Con el valor de la coherencia. Y contra esto no hay anticatolicismo que valga. Por ácido que sea.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Extraordinario artículo que acabo de imprimir para repartir a mis amigos. Chapó!

Carlos. dijo...

Los católicos tenemos el deber, la ilusión de cambiar el mundo. Empezando por nuestro alrededor. Llevando la luminaria de la Cruz de Cristo ahí donde nos encontremos. El apostolado no es una tarea de algunos, es la labor principal de todo cristiano. Dice San Pablo: “Si evangelizo, no es para mí un motivo de gloria, pues es un deber que me incumbe”. Tal vez, son bastantes quienes piensan que hablar de Jesús correspondía a los primeros cristianos o que concierne sólo a los sacerdotes. Es esta una visión inconclusa del catolicismo. Llevar la actualidad del Evangelio corresponde a todo hombre bautizado. Quizá, ahora fuera bueno plantearnos qué podemos afinar de nuestros planes apostólicos. Y también, recordar que el ejemplo es la mejor manera de llegar al corazón de quienes nos rodean. Una palabra de más o de menos, una mirada, un gesto, una postura, una obra,… que a primera vista parecen insignificantes, pueden hacer mucho. Una vez me dijeron: “De que tú y yo nos comportemos como Dios quiere -no lo olvides- dependen muchas cosas grandes”. Si llenamos nuestras acciones de Amor, es seguro que podemos cambiar el alma de muchas personas para siempre.

Convenzámonos que en nuestras manos está el futuro de la humanidad, de que aunque la Felicidad completa sólo la encontraremos en el Cielo… debemos empezar a construir el Reino de Dios aquí, en la tierra. Y de esta manera, seremos felices. Jesús promete el ciento por uno ya en esta vida terrena.

beatriz dijo...

Lo acabo de mandar a mis contactos del email. IMPRESIONANTE. Me entusiasma pensar que, a pesar de que pretenden hacernos creer lo contrario, todavía hay gente que confía en Quien más nos ama. Gente que lucha por sus ideales, sin hacer algo fuera de lo común, sino haciendo extraordinariamente bien las acciones ordinarias de la vida corriente.

Este año conmemoramos el bimilenario del nacimiento de San Pablo, sin embargo, celebramos cada día varias fechas memorables dentro de la Iglesia. ¿Por qué entonces, el Papa Benedicto XVI, ha decidido proclamar el año Paulino? Cavilo que va más allá del aniversario. Conociendo un poco la vida del Santo, vemos que existen miles de Saulos de Tarso en nuestros días. Me refiero a aquellos que se empeñan en instaurar la teoría del laicismo. Los que mueven el ámbito de las ideas y nos inculcan que ser infiel es algo divertido y normal, nos dan ánimos para ser orgullosos y soberbios y nos impulsan por caminos de materialismo. Me refiero a aquellos que definen al hombre como único dueño de su vida y la de otros (los mismos que patrocinan el aborto y la eutanasia). A aquellos que sólo adoran a los dioses del dinero, el placer, la fama y el triunfo profesional.

Delante de este prototipo de hombre que rebosa en nuestra sociedad, parece difícil mantener viva la esperanza de conseguir el bien común que todos buscamos. Confiemos un poco más en Dios, capaz de ablandar el alma dura de quienes, como Saulo de Tarso, se ahogan en el mar del individualismo.

El año paulino, además de recordarnos el poder de la Gracia Divina, quiere, sobre todo, que sigamos el ejemplo de San Pablo. Todos somos un poco fariseos, todos necesitamos una conversión. Caernos del caballo y empezar a tomarnos nuestra vida cristiana más en serio para, así, vencer a la muerte y vivir Eternamente. Y no sólo eso. Tenemos el deber de transmitir la actualidad del Evangelio a quienes nos rodean. ¿Se burlarán? ¿Se reirán? ¡Qué se burlen! ¡Qué se rían! San Pablo, como otros muchos santos, sufrió el martirio por Dios. Los primeros cristianos fueron llevados a los leones por hablar de su Fe. Cuántas y cuántas personas a lo largo de la historia han sabido morir antes que negar su Credo. ¡No seamos absurdos! Existen dificultades, no lo niego, pero superémoslas. Dejemos de lado el qué dirán, venzamos los respetos humanos y enseñemos La Palabra de Jesús. No se trata de subirnos en un banco en medio de la calle, coger un megáfono y leer el Nuevo Testamento. No. Consiste, primero de todo, en ser coherentes con nuestras creencias. De nada sirve declamar sobre el Amor si no se ama a los de nuestro alrededor. De nada sirve hablar de Salvación si nos empeñamos en desesperanzarnos ante las dificultades de la vida.
No olvidemos que la mejor manera, y la más eficaz, de predicar es el ejemplo. Demostremos que uno no es de verdad feliz si no está cerca del Señor. Mostrémonos alegres, castos, afables, humildes, trabajadores, audaces, honrados, generosos, sinceros. Batallemos por conseguir todas las virtudes. Combatamos nuestros defectos. Mucha gente precisa beber del chispazo de nuestra Felicidad. No seamos egoístas. Compartamos lo más valioso que poseemos, compartamos nuestra Fe.

Debemos recordar, que sin la Gracia del Todopoderoso no somos nadie; por eso frecuentar los Sacramentos Reiterables (eucaristía y penitencia) da la gasolina que nos permite soportar con buena cara las penalidades de este mundo. No perdamos la ilusión y luchemos por ser santos. De esta forma, cuando nos llegue el momento de dar el salto de eterna dimensión, descansaremos para siempre en el regazo de Dios Nuestro Señor.

Un saludo,
BJC.

Anónimo dijo...

No sé si todos los católicos españoles son mayores de edad formativa. -Hay una carencia de vida de piedad y de estudio doctrinal evidente.

Anónimo dijo...

Claudicamos porque nos falta fe y compromiso. Con esconder el alma debajo del brazo no hacemos nada, y presumiendo de religión por la boca y no por las obras. Esa es la cuestión.

Anónimo dijo...

El socialismo español se pinte como se pinte y se ponga en el cartel las rosas que se ponga no actúa de buena fe. En su seno abunda el sectarismo y el odio. Pablo.

Anónimo dijo...

Lo acabo de reenviar a todos mis contactos.

Anónimo dijo...

Estoy hasta los h... de que atropellen lo más hermoso como si fuera lo más normal. Que maten como si dieran la vida. Que mientan como si dijeran verdades. Estoy hasta los h... de tanto zoquete incompetente.

Anónimo dijo...

Te entrego, Señor, mi vida; hazla fecunda.
Te entrego, Señor, mi voluntad; hazla idéntica a la tuya.
Toma mis manos; hazlas acogedoras.
Toma mi corazón; hazlo ardiente.
Toma mis pies; hazlos incansables.
Toma mis ojos; hazlos transparentes.
Toma mis horas grises; hazlas novedad.
Toma mi niñez; hazla sencilla.
Toma mis cansancios; hazlos tuyos.
Toma mis veredas; hazlas tu camino.
Toma mis mentiras; hazlas verdad.
Toma mis muertes; hazlas vida.

Toma mi pobreza; hazla tu riqueza.
Toma mi obediencia; hazla tu gozo.
Toma mi nada; hazla lo que quieras.
Toma mi familia hazla tuya.
Toma mis amigos; hazlos tuyos.
Toma mis pecados, mis faltas de amor,
mis permanentes desilusiones. Transfórmalo todo.
Toma mis cruces y déjame volar.
Toma mis flores marchitas y déjame ser libre.
Hazme nuevo en la donación, alegría en la entrega,
gozo desbordante al dar la vida, al gastarme en tu servicio.