Me ha sido dado conocer a un buen número de poetas. Es un regalo del cielo, no tengo duda. Algunos de ellos, además, son mis amigos (miel sobre hojuelas). Otros ni tan siquiera saben que son poetas. Pero lo son. De corazón, y cuando se tercia por escrito, o en un abrazo. Gente buena, sin más historias. Saben de silencios y belleza, y no hace falta que escriban los poemas. Los ven. Y a veces me los cuentan, sin darse importancia, con sencillez. ¡Qué personas todas ellas! Poetas de alma entera, que se entregan. Y los hay que no despertaron mucho interés en mí al principio, hasta que di con unos versos y lo entendí todo. O aquellos apenas leídos y que de pronto conoces en persona. Y oye, pues que te cae bien el tipo, aunque piense tan distinto de ti. Eso me ocurrió con José Agustín Goytisolo (1928-1999). Entre la densidad del humo de sus cigarrillos había un hombre que sufría. Toda su obra es una elegía que adopta en ocasiones otras formas y otros tonos. Lo vi una sola vez. Cené con él y con otras personas. Hablamos de poetas y de su poesía. Me dijo en un aparte (tomé nota de ello un poco más tarde): “Guillermo, apenas nos conocemos, pero te voy a decir una cosa: para ser poeta no siempre es necesario escribir palabras, lo primero es aprender a tener paciencia con la vida”. Escuchaba. Su mirada estaba cansada. O era la vida lo que le cansaba. Nos miraba desde detrás del hielo del whisky que bebía. Con ternura y cierta ironía. Desde entonces su obra fue para mí otra cosa. Cada canción y cada balada las leo a la luz de esas palabras que me dijo. Su poesía: un lenguaje rico, sí, y la solidaridad con las almas, y una música que entretiene la espera y, sobre todo, esa manera de amar que busca el significado de todo lo demás, aunque duela. No juzgo a la persona: leo. Y en su obra gana por goleada lo bueno. Cuando murió lo sentí mucho. Recé por él con naturalidad y agradecimiento, y busqué enseguida en mi biblioteca todos sus libros. Casi todos editados o reeditados por Lumen. Fui de libro en libro y de poema en poema. Salmos al viento, Claridad, Palabras para Julia, A veces gran amor… Y ahora me los encuentro todos ellos reunidos, por fin, en un solo volumen. En una edición magnífica a cargo de Carme Riera y Ramón García Mateos -también en Lumen-, que incluye todas las variantes de los poemas. Tenía razón José Agustín: “lo primero es aprender a tener paciencia con la vida”. O eso, o la amargura. Y semejante lucha exige aplomo. Y poesía. Y en eso estamos todos los hombres. O deberíamos. Aunque tantas veces nos derrote el dolor o la pena.Bienvenidos
Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.
viernes 13 de marzo de 2009
"Poesía completa", de José Agustín Goytisolo
Me ha sido dado conocer a un buen número de poetas. Es un regalo del cielo, no tengo duda. Algunos de ellos, además, son mis amigos (miel sobre hojuelas). Otros ni tan siquiera saben que son poetas. Pero lo son. De corazón, y cuando se tercia por escrito, o en un abrazo. Gente buena, sin más historias. Saben de silencios y belleza, y no hace falta que escriban los poemas. Los ven. Y a veces me los cuentan, sin darse importancia, con sencillez. ¡Qué personas todas ellas! Poetas de alma entera, que se entregan. Y los hay que no despertaron mucho interés en mí al principio, hasta que di con unos versos y lo entendí todo. O aquellos apenas leídos y que de pronto conoces en persona. Y oye, pues que te cae bien el tipo, aunque piense tan distinto de ti. Eso me ocurrió con José Agustín Goytisolo (1928-1999). Entre la densidad del humo de sus cigarrillos había un hombre que sufría. Toda su obra es una elegía que adopta en ocasiones otras formas y otros tonos. Lo vi una sola vez. Cené con él y con otras personas. Hablamos de poetas y de su poesía. Me dijo en un aparte (tomé nota de ello un poco más tarde): “Guillermo, apenas nos conocemos, pero te voy a decir una cosa: para ser poeta no siempre es necesario escribir palabras, lo primero es aprender a tener paciencia con la vida”. Escuchaba. Su mirada estaba cansada. O era la vida lo que le cansaba. Nos miraba desde detrás del hielo del whisky que bebía. Con ternura y cierta ironía. Desde entonces su obra fue para mí otra cosa. Cada canción y cada balada las leo a la luz de esas palabras que me dijo. Su poesía: un lenguaje rico, sí, y la solidaridad con las almas, y una música que entretiene la espera y, sobre todo, esa manera de amar que busca el significado de todo lo demás, aunque duela. No juzgo a la persona: leo. Y en su obra gana por goleada lo bueno. Cuando murió lo sentí mucho. Recé por él con naturalidad y agradecimiento, y busqué enseguida en mi biblioteca todos sus libros. Casi todos editados o reeditados por Lumen. Fui de libro en libro y de poema en poema. Salmos al viento, Claridad, Palabras para Julia, A veces gran amor… Y ahora me los encuentro todos ellos reunidos, por fin, en un solo volumen. En una edición magnífica a cargo de Carme Riera y Ramón García Mateos -también en Lumen-, que incluye todas las variantes de los poemas. Tenía razón José Agustín: “lo primero es aprender a tener paciencia con la vida”. O eso, o la amargura. Y semejante lucha exige aplomo. Y poesía. Y en eso estamos todos los hombres. O deberíamos. Aunque tantas veces nos derrote el dolor o la pena.
Publicado por
Guillermo Urbizu
Etiquetas: Reseñas de libros
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11 comentarios:
No he leído nunca a este poeta del que habla. Es que ni me suena. Pero me ha gustado ver su admiración y agradecimiento pese a que no pensaran igual, supongo que en cuestiones ideológicas. Eso está muy bien, porque me fijo que los novelistas y escritores en general se tienen o no se tienen en cuenta dependiendo de lo que piensen, ya sea en cuestiones religiosas, políticas u otras. Si es de los tuyos adelante, si no ni agua. Tanto predicar tolerancia y respeto a la libertad para luego dejarlo todo en agua de borrajas. Hay pocos intelectuales de verdad. Perdone la molestia.
Alex
Esta reseña literaria va al grano de la filología que más importa, la del alma. Te lo he escuhado tantas veces Guillermo, que no me he podido reprimir y aquí lo dejo escrito.
Creo que he comprendido un poco lo que es la poesía con lo que dice al final del artículo, que es un final precioso.
Me precio de leer todo lo que puedo. Precisamente el leer la página web de Enrique Vila-Matas me trajo a tu blog, ya que él te recomienda. Hay cosas que me gustan más que otras. Por ejemplo el texto del 4 de marzo es sobresaliente.
Pero lo que quería comentar es sobre la obra de los hermanos Goytisolo, porque los tengo bastante leídos. El mejor es para mi gusto el poeta del que tu hablas hoy. Pero aún así me parece un poeta de los medianos. Si nos quedamos en los de su edad no tiene comparación con un Claudio Rodríguez, sin ir más lejos. Pero sí pienso que tiene poemas excelentes. Más que de poesía completa lo veo como poeta de antología, sinceramente.
Y en cuanto a sus hermanos te digo que el académico Luis Goytisolo es un plomo. Sus novelas son aburridas, sin chicha, impostadas, planas. ¿Cuántas novelas venderá este hombre? Nada que ver con García Hortelano o Eduardo Mendoza o Juan Marsé o alguna escogida de Francisco Umbral.
El otro hermano, Juan Goytisolo, tiene más mordiente literaria, pero dejas sus libros a mitad, si llegas. A excepción de sus escritos autobiográficos "Coto vedado", "Reinos de Taifas" y "Memorias" que logré leer con gusto.
Saludos.
Lo compro, lo compro.
Que sepas que los Goytisolo eran y son una pandilla de rojos de no te menees. Con una obra que es pura basura. Parece mentira que hables bien de semejante capullo.
Respecto al último comentario. Quiero que sepa usted que lo he publicado para que se le caiga la cara de vergüenza. Usted no tiene ni idea de la obra de J. A. Goytisolo. Ni la más remota. Insultar es lo más fácil. Y prejuzgar. Yo no soy precisamente de la escuela ideológica de J.A.G., y a la vista está. Pero eso no me impide valorar lo bueno que hay en su obra.
Respecto a su persona usted dice que era un capullo. Mírese al espejo por Dios antes de hablar de los demás, sobre todo si están muertos.
Prefiero la poesía de Gil de Biedma o Ángel González, puestos a elegir entre los líricos de la izquierda de la antepenúltima generación.
Nadie sabe lo que son los prejuicios hasta que no los sufre.Les puedo asegurar que no es nada agradable encontrarse juzgado y condenado por alguien que no te ha visto en la vida y que se dedica a darle a la sin hueso destrozándote por puro aburrimiento,sin darle importancia y sin preocuparle saber si hace daño o no.
No voy a decir aquí que me voy a leer este libro porque no tengo intención (ni tiempo,ni...),pero que este señor se merece todos mis respetos es un hecho, una cosa no quita la otra.Y como resulta que está muerto y sé que lo mejor que puedo hacer por él es rezar, pues rezo.
Hay alguien a quien quiero y soy incapaz de leer,se trata de Antonio Gala,no he acabado ni uno solo de sus libros,no me gusta.Luego está su Tronera diaria en El Mundo,ésa la leo, la recorto, la guardo y la mayoría de las veces me duele. Pero eso no quita que le quiera,puede que incluso por eso le quiera más,no sé,creo que hay mucho dolor ahí.
Tengo un amigo que dice que Dios nos llena los bolsillos de mensajes para los demás(me imagino mis bolsillos llenos de papelitos mezclados con envueltas de chicles,billetes de metro y alguna que otra lista de la compra),para que los vayamos dando a lo largo de nuestra vida,muchas veces aun sin darnos cuenta( la mayoría pienso yo que no soy consciente de ir de Miguel Strogoff, ni mucho menos de mensajero al estilo del Arcángel Gabriel)y a personas con las que más que coincidencias puede que te unan las diferencias.
Él dice que reconoce estos mensajes porque siempre llegan en momentos especiales , van directos al corazón y quien te los trae (que no sabe que es justo lo que necesitabas),entra directamente en esa lista de personas imprescindibles si quieres explicarte tu vida .
Me hace responsable de alguno de ellos.
Yo digo que está loco,pero el otro día me encontré con una persona a la que casi ni recordaba que se me abrazó al verme,con evidentes muestras de alegría, dándome las gracias por algo muy antiguo,más que olvidado,y que decía cambió su vida.Debió ser uno de esos mensajes que te deja Dios en los bolsillos y tú das sin darte cuenta,como lo de tener paciencia con la vida.
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