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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


miércoles 27 de mayo de 2009

“Cine con historia”, de José Luis Celada



Es obvio decir que el cine es una parte muy importante de nuestras vidas. Desde niños es el arte que, con gran diferencia, más frecuentamos. Hay en nosotros pautas de comportamiento, sueños, gustos y referentes estéticos que son exclusivos del cine. Son cientos y cientos las películas que cada uno ha visto y vuelto a ver. Díalogos que recitamos de memoria, gestos, alusiones… Personajes que tomamos como modelos, o personajes de los que nos enamoramos perdidamente. Personajes que nos hacen reír en este mundo tan agobiante o personajes que nos hacen llorar de ternura. Con el cine exploramos nuestra vida interior y el espacio exterior, indagamos en nuestros miedos y aprendemos a querer o a saber lo que es el dolor. En algunas películas es como si ya formáramos parte del guión. Y la ficción se inmiscuye en nuestra realidad y se va difuminando en nuestras vidas. El cine nos deja en la retina -¿o es en el alma?- imágenes que ya no se olvidan, que permanecen siempre con nosotros. Fotogramas en los que nos proyectamos. Un beso, un sencillo beso, tal vez; una mujer leyendo al trasluz; o un hombre solo perdido en un inmenso desierto de nieve. Y los colores -también en blanco y negro-, y la meditación de los paisajes. ¡Tantas cosas que nos hacen revivir e insistir en la búsqueda del sentido del vivir! El cine es también diversión, es cierto, y nos entretiene en su resplandor y en sus correrías. Pero sobre todo es el engranaje de las pasiones humanas, y viceversa. Y van pasando los años y las películas… y nos seguimos sentando ante la pantalla buscando puede que la certeza de nuestra vida, ese instante de felicidad que nos conmueva, esa escena... Sí, ¡tantas cosas!

La persona que más me ha enseñado sobre cine sin duda fue Pedro Antonio Urbina. Con él fui a ver películas en Madrid, y me pedía mi opinión para escribir luego su crónica. Aprendí a degustar el cine, a valorarlo, a reflexionarlo. Pedro Antonio… Jamás podré olvidar aquellos paseos, y tantas y tantas conversaciones y cartas. Películas y libros, libros y películas. Y esa sensibilidad suya tan acusada, y su erudición sobre la belleza. Era una de esas pocas personas que te transmitía paz, y con esa generosidad tan suya, tan amable, tan de Dios. Y luego conocí al inquieto Quique Mora, de vocación tan cinéfila; y a Jerónimo José Martín, que lo sabe todo sobre el séptimo arte y que logra hacerte partícipe de su pasión con una profundidad y una amenidad sencillamente geniales. Y no me puedo olvidar de mi personal homenaje a José Luis Garci. Sus propias películas, sus libros, sus programas de televisión (cercenados por la envidia y la mediocridad sectaria). Y su revista Nickel Odeón, que resulta a día de hoy un verdadero tesoro bibliográfico para cinéfilos. Con Garci te enamoras del cine. Sin remisión.

Pero el caso es que yo quería hablar de un libro que llegó a mis manos hace unos días. Cine con historia, de José Luis Celada (PPC). Estaba preguntando el examen de lengua a mi hijo más pequeño, a la vez que me leía un breve ensayo sobre un poeta. Entre las preposiciones y los verbos fui curioseando el libro en cuestión. Como un campeón me salté el prólogo y la introducción y comencé a hojearlo. Y se me apoderó. Hasta el final. Y al concluir me leí hasta el dichoso prólogo y la dichosa introducción. Celada ha logrado cautivarme. Su libro es un ejercicio de conocimiento cinematográfico y de nostalgia. Desde 1958 hasta 2008 nos ofrece de cada año los principales óscares de Hollywood, una breve semblanza de los acontecimientos históricos más trascendentes y la reseña de una película que no sé si tiene mucho o nada que ver con el año en cuestión. Todo puede ser. Desde luego uno empieza a tomar nota de películas que tiene todavía por ver, de hechos históricos que desconocía o había olvidado por completo. ¿Por qué desde 1958? Por la sencilla razón de que se cumplen los 50 años de la revista católica Vida nueva, que es donde José Luis Celada trabaja y escribe entre otras cosas sus perspicaces críticas de cine. Es decir, nos encontramos ante una doble celebración del autor. A la revista y al cine que tanto le ha dado a él (y al lector). Un doble agradecimiento. Y abres el libro al azar. 1992. Mejor película: Sin perdón, de Clint Eastwood. Y la mejor actriz Emma Thompson (siempre la he querido), por esa película tan entrañable que es Regreso a Howards End, basada en la novela de E.M. Forster (donde alguna vez acudo para pasear por los alrededores de la casa de la mano de la melodía compuesta por Richard Robbins). Y en ese año murió el poeta Luis Rosales… y nació mi primer hijo (eso no lo pone, pero sucedió, y soy capaz de ponerme de lo más tierno como no deje de pensar en ello). Y la reseña es de la película Una historia verdadera. La reconciliación de dos hermanos. Una historia que nos hace mejores y que nos rehumaniza y hace ver la importancia del cariño y del perdón en medio de la soberbia que nos atenaza.

Y así es el libro de José Luis Celada, sin desperdicio. Como él bien dice: “Quizá la vida sea finalmente eso: un ganarle batallas al drama a base de humor y calor humano, un aprender el vocabulario de los corazones, sin prisas…”. Sí, tal vez sea eso lo principal del cine y de la Historia.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

El cine ocupa una gran parte de mi vida. Lo amo. Pero el que se hace hoy en día carece de imaginación y genio. Salvo 4 excepciones. Y ya no digamos nada del español, el no va más de lo cutre, de lo aburrido.

Anónimo dijo...

¿De qué silencio eres tú silencio?

¿De qué silencio eres tú silencio?
¿De qué voz, qué clamor, qué quién responde?
Abismo del azul, ¿qué hacemos en tu seno,
hijos de la palabra como somos?
¿Qué tienes tú que ver, di, con nosotros?
¿Cómo si eres ajeno, así nos tientas?
¿Habría sed de no haber agua cierta?
¿O quién vistióme de piedad los ojos?
¿Puedo poseer, pequeña, don inmenso
que faltase a los cielos y a las aguas?
Y él ¿podría morir, sobreviviendo
menor que él, todo el fulgor del cielo,
quedar la tierna luz indiferente
al fuego que, irradiando, ha suscitado?

Anónimo dijo...

Prefiero ver cine que ocuparme en leer sobre cine, aunque supongo que este libro será muy bueno.

Anónimo dijo...

Se ve que disfrutas con los libros. Lo bueno -supongo que es bueno- es que lo contagias. Sea el tema que sea, sea novela , poesía o tratado sobre las nubes. Yo me los compraría todos. Pero tengo que escoger entre los que tú escoges.

Un saludo. Pablo.

Anónimo dijo...

Ahora, cuando todo el mundo en mi casa está viendo el fútbol, yo me escondo a leer este blog de Urbizu.