“En este momento no te puedo atender, deja tu mensaje por favor”. Y normalmente no digo nada. Me callo sin saber qué decir. Incluso hay ocasiones en las que se me olvida a quién llamaba. No me puede atender. ¿Qué estará haciendo tan importante como para no hacerme caso a mí? ¡A mí! Igual es que no está. Pero no, está, ya lo creo que está. Lo que pasa es que ha visto mi número de teléfono y no quiere hablar conmigo. Sí, eso es. No quiere saber nada de mí y no coge el teléfono. Lo hace aposta, con todas las de la ley. Como si no existiera. Anularme todavía más. Humillarme. Se va a enterar. Voy a llamarle otra vez. “En este momento no te puedo atender, deja…”. ¿Que no me puedes atender? Serás cabrona. Sé que estás ahí, escuchándome. Pero no te voy a dar el gusto de verme desaparecer. ¿Te crees muy lista, verdad? Existo, estoy aquí. ¿Piensas que por no cogerme el teléfono dejo de ser alguien, dejo de vivir? Pues lo soy, y vivo. Y te digo que eres tú la que no eres nadie. Yo soy un buen tipo, capaz de todo si se me da la oportunidad y el tiempo que necesito. Click. Ya está. Tenía que decirlo, tenía que convencerme de que no estoy sólo y de que no he muerto todavía. A veces pienso que la vida es cruel cuando la llamo. Yo la amo, pero nunca se quiere poner al teléfono, nunca me quiere decir nada cuando más la necesito. “En este momento no te puedo atender, deja tu mensaje por favor”…
ERA UN JUEVES
Llegó a trabajar y se sentó en el sillón de su despacho. Observó el calendario sobre la mesa y el rayo de sol que señalaba el punto exacto de su tristeza.





6 comentarios:
fantásticos.
los dos.
un saludo
Me uno a Jara. Muy buenos. A mí me gusta más el hiperbreve. Me da qué pensar... Es como si fuera el principio de mi propio relato, o un moento de mi propia vida de lector. Muy bueno. Ron.
Eres un maestro, Olé.
Eres un gran escritor. Y puede que no lo sepas.
Yo dejo mi mensaje a la vida muchas veces -no sé si en el contestador o en dónde- pero el único que me escucha es Dios. Al menos eso espero. Porque si Dios no me escuchara ya no habría nadie más para hacerlo.
Su blog es bueno.
Sí, fantásticos.
Los tres.
Los dos cuentos y usted.
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