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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


jueves 25 de junio de 2009

David y su pandilla


(Una pequeña historia para mi hijo Juan y su pandilla de amigos. Lo mejor de todo es que puede que ocurriera tal y como lo cuento).


Era uno de los muchos niños que andaban jugueteando por las callejuelas. El día era tórrido. A David le quemaba la piel. Cuando volviera a casa su madre le reñiría por ir siempre tan sucio. Pero ella repetía las mismas frases una y otra vez, ya estaba acostumbrado.
David callaba y se dejaba hacer. Aunque un tanto pesada era muy buena su madre, y muy guapa. Eso decían sus abuelos, y algunos hombres que se volvían con ojos raros cuando se cruzaban con ellos camino del pozo. ¿Por qué la miraban así? “Vamos David, no hagas caso”. Se llamaba Liora, que significa mi luz.
Todo esto lo pensaba pegado a la sombra de una gran tinaja, tras la enésima carrera, huyendo del viejo Jeremías. “¡Malditos críos, como os coja os voy a arrancar la cabeza del cuerpo!”. Apenas podía contener la risa. Miró al cielo guiñando los ojos. Tosía por el polvo. ¿Dónde se habrían metido los demás?
Un grupo de hombres que no conocía entraban al pueblo por el camino del molino. Iban a pie. Los observó con curiosidad. ¿Qué querrían? Tendría que espiar antes de que se enterara nadie. Dicho y hecho. Estaban distraídos conversando. Todos menos uno, que parecía estar en otro mundo. Se pararon a la entrada de una vieja casa abandonada.
David reptaba por el suelo, se levantaba, corría agachado un trecho corto y se volvía a tirar al suelo. Inmóvil aguzaba el oído. Podían ser forajidos, que en cuanto se hiciera de noche pasaran a cuchillo a medio pueblo en busca de dinero y mujeres. Pensó en su madre. No sería la primera vez que sucediera. Contaban mil barbaridades los más viejos.

Escuchó estas palabras: “Vamos a buscar un poco de agua y comida, esperadnos aquí”. Un golpe en toda la espalda le dio un susto de muerte. Era Aliz, su mejor amigo. “¿Qué pasa?”, cuchicheó. Y detrás de Aliz, como en tromba, llegaron Orel y Mordechai. “¡Psssss!”.
Todos siguieron la mirada de David hasta el grupo de esos hombres desconocidos. Parecían cansados, pero no te podías fiar de nadie en esos tiempos. David cogió una piedra en su mano derecha y se acercó más aún a la posición que ocupaba el que parecía el jefe de la banda. Estaban los cuatro de la pandilla en un nudo de brazos y piernas, tras un murete.
“Hola David”. “¿A quién saludas Maestro?”. “Él ya lo sabe Juan, no te preocupes”. A David el corazón se le había desbocado. ¿Quién era este hombre? ¿Se llamaría David alguno de los que iban con él? No pensaba moverse por nada del mundo. “David, hijo de David y de Liora, ¿no quieres venir a verme?”.
Los que le miraron fueron Aliz, Orel y Mordechai. David estaba pálido y muerto de miedo. Pensaba que lo mejor sería echarse a correr hasta llegar a su casa. Pero le costaba pensar y sus piernas no le obedecían. Aliz se levantó. “Yo soy David, tú ¿quién eres?”. Siempre había admirado el valor de su amigo. Pero se podía estar jugando la vida por él.
“Yo, querido Aliz, me llamo Jesús, y tiene David una gran suerte de que seas su amigo”. Se levantaron del suelo Orel y Mordechai, y los tres fueron a su encuentro. “¿Cómo sabe nuestros nombres?”. El tal Juan se reía. “¿Quién se lo ha dicho?”. “Hace mucho que lo sé, y estaba deseando conoceros”. “No me lo creo, tú eres un bandido”, contestó el imprevisible Orel, que se llevó un buen pisotón de Aliz.
“No te falta parte de razón Orel. Mucha gente habrá que me tome por bandido y cosas peores. ¿Vosotros creéis que lo soy?”. “¡No, no lo eres!”. Era la voz de David, todavía escondido. Ya sabía quién era. Su madre hablaba con su amiga y vecina Tumiel, que le llenaba la cabeza de historias de un hombre de Nazareth que hacía milagros, que era el enviado de Dios... Al fin se levantó.
“Venid, venid, acercaos los cuatro”. “Lo primero de todo -nunca antes habían visto sonreír así- dejad ya tranquilo al pobre Jeremías, pues le quiero mucho y le hacéis sufrir por nada”. Y prosiguió hablándoles como si se tratara de los invitados más escogidos, como si fueran las personas más importantes de todas las tribus de Israel. Ellos, una pandilla de críos despeinados y llenos de polvo.
Pero la historia sólo acababa de empezar.

21 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Quién estuviera allí!

Anónimo dijo...

Eres uno con Dios, porque le amas.
¡Tu pequeñez qué importa y tu miseria,
eres uno con Dios, porque le amas!
Le buscaste en los libros,
le buscaste en los templos,
le buscaste en los astros,
y un día el corazón te dijo, trémulo:
«aquí está», y desde entonces ya sois uno,
ya sois uno los dos, porque le amas.
No podrían separaros
ni el placer de la vida
ni el dolor de la muerte.
En el placer has de mirar su rostro,
en el dolor has de mirar su rostro,
en vida y muerte has de mirar su rostro.
«¡Dios!» dirás en los besos,
dirás «Dios» en los cantos,
dirás «¡Dios!» en los ayes.
Y comprendiendo al fin que es ilusorio
todo pecado (como toda vida),
y que nada de Él puede separarte,
uno con Dios te sentirás por siempre:
uno solo con Dios, porque le amas.

Amado Nervo

Anónimo dijo...

Y te busqué por pueblos,
Y te busqué en las nubes,
Y para hallar tu alma
Muchos lirios abrí, lirios azules.
Y los tristes llorando me dijeron:
¡Oh, qué dolor tan vivo!
¡Que tu alma ha mucho tiempo que vivía
En un lirio amarillo!

Mas dime ,¿cómo ha sido?
¿Yo mi alma en mi pecho no tenía?
Ayer te he conocido,
Y el alma que aquí tengo no es la mía.

José Martí

Anónimo dijo...

¿Cómo sigue?

Anónimo dijo...

Gracias.......Señor.

Anónimo dijo...

Jesus fue un gran obrador de milagros.
Resucitaba a los muertos.
Hay personas que mueren a los treinta años.
Y son enterradas a los ochenta.
Viven una vida postuma, falta de espiritualidad, anodina.
Jesus resucito muchos de esos muertos.
Jesus devolvia la vista a los ciegos.
Hay tanta gente ciega, sus ojos funcionan perfectamente, pero estan
completamente ciegos espiritualmente.
Jesus dio la vista a muchos de esos ciegos.
Jesus curaba a los enfermos.
Hay tantos enfermos con buena salud.
Son personas espiritualmente enfermas.
Jesus sano a muchos de estos enfermos.
Se ven tantos muertos, ciegos y enfermos andando por la calle.
Gente muerta, ciega y enferma espiritualmente.
Cuanto trabajo tendria Jesus si volviera,
y que poco tardarian en volver a crucificarlo.
Los evangelios estan plagados de bellisimas metaforas, y
hay tan poca gente que consigue entenderlas.

HH

Anónimo dijo...

Yo que soy peor que un crío de esos que cuentas voya ver qué me dice Jesús. Que me cuente lo que les contó a David y pandilla. Me sabe mal quedarme a medias.

Anónimo dijo...

Ver en todas las cosas
de un espíritu incógnito las huellas;
contemplar
sin cesar
en las diáfanas noche misteriosas,
la santa desnudez de las estrellas…
¡Esperar!
¡Esperar!
¿Qué? ¡Quién sabe! Tal vez una futura
y no soñada paz… Sereno y fuerte,
correr esa aventura
sublime y portentosa de la muerte.
Mientras, amarlo todo, y no amar nada,
sonreír cuando hay sol y cuando hay brumas;
cuidar de que en el áspera jornada
no se atrofien las alas, ni oleada
de cieno vil ensucie nuestras plumas.
Alma: tal es la orientación mejor,
tal es el instintivo derrotero
que nos muestra un lucero
interior.
Aunque nada sepamos del destino,
la noche a no temerlo nos convida.
Su alfabeto de luz, claro y divino,
nos dice: «Ven a mí: soy el Camino,
la Verdad y la Vida».

Amado Nervo

Anónimo dijo...

Señor:
No quiero nada especial, ni inalcanzable, como ocurre con el pedido de otros niños que se dirigen a Ti cada noche.
Tú que eres bueno y proteges a todos los niños de la tierra, hoy quiero pedirte un gran favor, sin que se enteren mis padres.
¿Podrías transformarme en un TELEVISOR?, para que mis padres me presten atención como a él. Para que me miren con el mismo interés conque mi madre mira su telenovela preferida, o mi padre su programa favorito deportivo.
Quiero hablar como ciertos animadores que cuando lo hacen, toda mi familia se calla para escucharlos con atención y sin interrumpirlos.
Quiero ver a mi madre suspirar por mi, como lo hace cuando ve desfiles de moda; o poder hacer reír a mi padre como lo logran ciertos programas humorísticos, o simplemente que me crean cuando les hablo de mis fantasías, sin exclamar: '¡es cierto!', hoy lo escuché en la tele.
Quiero ser un TELEVISOR, para ser EL REY DE LA CASA, el centro de atención, el que ocupa el mejor lugar, para que todas las miradas se dirijan a mi.
Quiero sentir sobre mi, la preocupación que experimentan mis padres cuando el televisor comienza a fallar y rápidamente llaman al técnico, porque no pueden estar sin el un minuto de sus vidas.
Quiero ser TELEVISOR, para ser el mejor amigo de mis padres, el héroe favorito, el que màs influya en sus vidas, el que les recuerde que soy su hijo y los necesito y el que ojalá les mostrara más la PAZ que la VIOLENCIA.
Por eso Señor te ruego, déjame ser TELEVISOR, solo por un día...

Anónimo dijo...

Me parece que me voy a apuntar a la pandilla de David. Igual con esa forma de ser niño me acerco más al señor.

Guillermo Urbizu dijo...

Enhorabuena a la persona que ha escrito un comentario pidiéndole a Jesús que quiere ser un TELEVISOR, para que le presten sus padres más atención, etc.

El texto me parece genial y quiero llamar la atención sobre él.

Me produce orgullo tener a unos lectores que escriben mejor que yo.

Saludos para todos.

Anónimo dijo...

Gracias. Tu blog vale mucho. No disimulas lo que llevas dentro. Y eso hoy lo es todo.

Anónimo dijo...

Felicidades Guillermo! Es tu santo, no? Espero que estés pasando un buen día!

Anónimo dijo...

Enhorabuena al comentario sobre de querer ser televisión. Enhorabuena a la persona que lo ha escrito. Muy bueno.

Anónimo dijo...

Querido Niño Jesús,
Sé que cuentas conmigo para esto que te pido,pero ¿no crees que deberíamos buscar a alguien más?

Anónimo dijo...

Mi historia junto a Jesús quiero que empiece de una vez por todas. Pero siempre lo dejo para más tarde, para mañana. Un desastre.
Carmelo N.

Anónimo dijo...

Querido Niño Jesús,

¿También Tú te vas de vacaciones a casa de los abuelos?

Anónimo dijo...

Tengo urgencia. Una tremenda necesidad de verte.
Dicen cosas. Dicen que eres un absurdo o que no eres en absoluto.
Que vas de aquí para allá, sin norte, pregonando la ciencia-ficción
de la teología y de la otra mejilla. Desquiciado
de amor en plan ente masoquista. Dicen. Crucificado.
No puede ser un Dios tan impertinente. Raro
hasta la médula de la historia o del chiste laicista.
Dicen que no eres nada. Nadie. Apenas un deseo
abstracto, una chifladura inexistente.
Dicen que no dicen nada. Porque el caso
es que yo tengo verdadera urgencia de verte.
Que digan. Dime. Dame un reojo de tu mirada.
Ven. Voy. Vienes. Lo sabes. Corren rumores,
pero es cierto: sin ti no valgo una mierda metafísica.
Me confieso millones de veces al día. Y te desprecio
a la vuelta de la esquina. En cualquier fantasía. Y me resucitas
con tu cuerpo, sin dar crédito a los humores de mi vida.
Como nuevo. Tu sangre es un buen detergente. Una vitamina
tan colosal que no me reconocen ni los mismos demonios.
Pero dura poco la eternidad. En mí no dura
ni un ápice de algo. Nada. Soy una intermitencia
que pierde la gracia de tu rostro a cambio de sombras.
Soy el cuerpo del delito y soy el principal sospechoso de tu agonía.
Sin rodeos. Aquí me tienes. Postrado en el silencio de mis palabras.
Peco. Pequé contra el cielo y contra ti, y derrocho el amor entre los cerdos.
Espera. Quiero verte. No me dejes. Deja que el poema se arrodille
justo aquí, en este verso que te adora y canta con tan poca destreza su fe.
Y absuelve, oh Dios, mis sueños de la tristeza.

Guillermo Urbizu

Anónimo dijo...

Enhorabuena Guillermo, me ha gustado mucho esta historia de David ¿Has pensado en unos cuantos relatos cortos similares? Anímate, anda, tú puedes.

Rafael Lizárraga dijo...

A veces me da por ponerme tus ojos
al menos intuir lo que miran
esos lentes de cielo
en cada rostro
en cada anhelo.

Si tanto nos amas
seguro tenemos remedio.

Rafael Lizárraga

Anónimo dijo...

Deberías escribir un librito con textos así, recreando la vida de Jesús bajo la mirada de los niños.
Julio