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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


viernes 19 de junio de 2009

La gente te pregunta



La gente te pregunta. La última. Que de todos los escritores vivos o difuntos con quién me gustaría tener una larga conversación. Me pellizqué el mentón, incliné la cabeza y pensé. Hay varios. Uno es san Juan Evangelista. Hablar con él en Patmos, mientras el sol iba dorando el mar y el cielo parecía una hoguera. Que me contara del Señor y de su Madre María, la mirada recogida en un bucle de fuego. Otro con el que me gustaría departir es con san Agustín de Hipona. Pero no de teología o filosofía. Más bien de nada en particular. De esto y de lo otro. Se me ocurre: la familia y los hijos, la amistad, los libros, qué hago yo escribiendo poesía de cuando en cuando (el motivo), la inapetencia espiritual, el cansancio de la vida… También me gustaría pegar la hebra con Jorge Manrique, con Ramón Llull, con Leon Bloy, con Giacomo Leopardi, con Giovanni Papini, con Jane Kenyon… Demasiados. De los vivos -en carne y hueso- siento viva curiosidad por charlar con George Steiner. Primero para ver si es verdad tanta sabiduría libresca, y después explicarle mi teoría de la relatividad literaria. Que básicamente trata de la estupidez humana y su vanidad, y del progresivo deterioro del alma. Pues eso, que la gente te pregunta cosas. No hace mucho uno de mis hijos me miró con fijeza y me espetó lo siguiente: -“Papá, ¿tú crees que la literatura le gusta a Dios?”. ¿No es una pregunta genial? Le contesté que al menos habría que realizar algún esfuerzo para que le gustara, pues hoy en día no sopla el viento muy favorable en dicha dirección. Dios tiene mala prensa y no sale nada bien en las estadísticas. Para que vean cómo se las gastan ciertos jóvenes. Pero claro, él lo decía porque estaba más que harto de estudiar toda esa nómina de gentes letradas. El Barroco le llamó la atención. Sobre todo por un par de poemas de Quevedo que leímos. Hizo un matiz con enjundia. “Tiene marcha este Quevedo”. Preguntas, preguntas. -“Oye Guillermo, ¿no te parece Chesterton un escritor un poco plasta por más que digan?, me interroga una joven estudiante de Filología inglesa (puede que fascinada por Joyce). Glup. No es para bebérselo de un solo trago. Hay que paladearlo bien, pensarlo y digerirlo. Para mí sus obras maestras son El hombre que fue Jueves (Alianza), los Relatos del padre Brown (recogidos por Encuentro y Acantilado) y El hombre eterno (Encuentro). Pero nada suyo tiene desperdicio. Le fascinaba a Agatha Christie. Y Kafka no le hacía ascos. La devoción que le profesaba Borges es archiconocida. “¡Qué poco hablas de escritoras!”. Era un correo electrónico procedente de Nueva York. Proseguía: “La literatura está dominada por los hombres, como todo. Como la crítica literaria. Si te preguntara por tus escritores favoritos pasarían horas hasta que llegáramos a una mujer”. Eché cuentas de memoria. Mujeres a las que he leído en el último mes: María Vallejo-Nágera, Faustina Kowalska, Rose Macaulay, Milena Agus, Asa Larsson, Annemarie Schwarzenbach y Debra Adelaida. Y me esperan los cuentos de Eudora Welty (Lumen). En cuanto a favoritas, María Zambrano no son pocas las ocasiones en que me socorre, o Ernestina Champourcin, o la más arriba citada Jane Kenyon. Somos curiosos por naturaleza, nos gusta saber de los demás sus gustos, manías e intríngulis. E ir pasando los ratos. Por mí que no sea. No tengo tiempo de responder a todos. (Me viene de pronto un intenso olor a rosas). “¿Porqué está favor de la vida?” -será porque respiro, saboreo, toco, huelo, miro, amo; será porque estoy vivo y me gusta para los demás lo mismo-. “¿Es cierto que es usted del Opus?”. “¿Cómo se puede ser feliz en el matrimonio y más con hijos?”. Y un tal Rafael me escribe:“Si se lee todos los libros que dice leer, ¿está del todo seguro que es el camino más corto para ser sabio o un hombre prudente? Yo que usted leería menos y saldría más a la calle”. ¿Y si resulta que tiene razón este sagaz lector?

17 comentarios:

Anónimo dijo...

Ese hijo tuyo sabe. Ya lo creo que tiene "marcha" Quevedo. Menudo ritmo el de sus versos. Pocos le superan.

Anónimo dijo...

¡Qué va a tener razón ese lector! Usted siga como hasta ahora, que va muy bien y disfruto y aprendo un montón.
Javi

Olivier de Roncesvalles dijo...

Buenos días Guillermo!

En mi blog, http://blogelejercitonegro.blogspot.com/ , acabo de publicar una entrada dedicada al suyo; como pongo ahí, buscando comentarios sobre El Ejército Negro me encontré su post dedicado a la última parte, por lo que la leí. En lo que terminé, me quedé maravillado por la calidad y la belleza del post. Por ello, no dude en actualizar mi blog de El Ejército Negro con un pequeño homenaje a su crítica en particular y a su blog en general.

Me encantaría pues que se pasara, lo leyerá y nos dijera qué le parece.

Saludos muy cordiales!

Olivier

Anónimo dijo...

Desde donde nace la voz,
la voz plena, sin ortografía ni sintaxis;
la voz plena, sin los etcéteras de la impotencia;
la voz plena, sin los énfasis angustiosos;
la voz plena, desnuda de síes y noes;
la voz plena, que sembramos sobre nuestras camas
cuando somos un solo ser solitario
y no cabría en el universo
nuestra conciencia enorme
de ser vivo y despierto.
Desde esa voz y con esa voz
quiero hablarte para siempre,
simplemente hablarte.
No puedo darle la novedad luminosa
de los telones amanecientes.
No puedo caer en los ríos
para describir en piedra
este taloneo de amargos afanes.
No puedo quedarme en las cosas eternas
porque tengo sangre, tengo pies,
tengo adioses en el pelo
y olvidos en los ojos.
Hay dentro de mí un llamado de caminos.
En cada paso que doy, voy dejando pañuelos mudos.
A mi ausencia en tu ausencia,
¡qué inmenso himno de desconsuelo
empiezo a recordar entre un ayer y un mañana
(no vivido!;
pretendo dejar algo de mi voz,
esa voz plena que tú conoces
cuando a orillas de la noche
olvidamos la cadena de hormigas,
las llaves que resbalan en los pavimentos,
las hojas verdes que mueren a diario
en las calles y en los archivos.
Cuando frente a las estrellas
juntos oponemos,
desde distintas ramas,
un desafío de ser brillante.
Cuando sobre las camas,
desfiguradas por el cansancio
en nubes terrosas que peregrinan,
todo lo vemos y lo sentimos
con la agudeza de almas castradas,
intoxicadas de una ternura sin puerta.
Hermano,
desde donde nace la voz plena,
recíbeme con esta dádiva impotente.
Y en la larga mudez de mi ausencia,
recuerda el desvelo de mi lucha con la palabra.
C N

Anónimo dijo...

La gente es una indiscreta, más le valdría a cada uno llevar sus asuntos y dejar de preguntarse por los de los demás, es sólo mala curiosidad, no he oído todavía , después de un "¿cómo estás?" un "¿en qué te puedo ayudar?", para qué preguntan entonces, para chismorrear, para entretenerse, para consolarse de ver lo mal que lo pasan otros... quién sabe, pero para ayudar no.

Anónimo dijo...

Pues mire, me voy a atrever a decirlo, porque a mí también me aburre Chesterton, como a esa lectora suya. Lo están poniendo tan por las nubes que yo rápidamente compre un libro suyo. Un especie de selección de textos diversos. Será muy inteligente y la pera en bote, pero a mí me carga.

Lo más seguro es que yo no tenga razón y resulta que es un genio. Pues para el que lo quiera leer.

Esopo.

Anónimo dijo...

A mí nadie me pregunta nada. Y bien que lo siento, porque tengo respuestas para todo.

(Que conste: no soy político)

Anónimo dijo...

Este escritorio vale la pena oiga. Acabo de llegar como quien dice. Seguiré leyendo.

Anónimo dijo...

Por qué preguntan.Sería interesante saberlo,puede que sólo sea curiosidad o aburrimiento; o puede que usted les dé la posibilidad del diálogo que no hallan en otro sitio.

Anónimo dijo...

La vida es una oportunidad, aprovéchala.
La vida es belleza, admírala.
La vida es beatitud, saboréala.
La vida es sueño, hazlo realidad.
La vida es un reto, afróntalo.
La vida es un deber, cúmplelo.
La vida es un juego, juégalo.
La vida es preciosa, cuídala.
La vida es riqueza, consérvala.
La vida es amor, gózala.
La vida es un misterio, devélalo.
La vida es promesa, cúmplela.
La vida es tristeza, supérala.
La vida es un himno, cántalo.
La vida es un combate, acéptalo.
La vida es una tragedia, domínala.
La vida es una aventura, arróstrala.
La vida es felicidad, merécela.
La vida es la VIDA, defiéndela.


Teresa de Calcuta

Anónimo dijo...

La agente pregunta porque usted responde.

Anónimo dijo...

¡qué buen post!

Anónimo dijo...

A las dos mAs interesantes no ha dado ninguna respuesta. ¿Por quE serA?

¿Se avergUenza de ser del Opus Dei?

¿Es incapaz de ser feliz en los problemas del matrimonio?

Anónimo dijo...

La Iglesia predica el ecumenismo y favorece una escision que llaman prelatura.Sigue habiendo clases.

Anónimo dijo...

Soy GUILLERMO URBIZU.

Quisiera responder a dos comentarios. Primero a Olivier de Roncesvalles, con su estupendo blogelejercitonegro.blogspot.com. Sólo decirte que te agradezco muchísimo tus palabras y el espacio que me has dedicado con tanto cariño en dicho blog.
Lo importante es que más y más personas lean esa magnífica trilogía de SANTIAGO GARCÍA-CLAIRAC, pues dentro de un tiempo como el nuestro donde lo habitual son las supercherías es de agradecer semejante obra literaria. Gracias Olivier. Me pasaré por tu blog.

Otra cosa. Un anónimo me dice que si me averguenzo de ser del Opus Dei. Pues no, amigo mío, pues no. Esto no es como hacerte socio del club de hípica. Esto es sencillamente que en la vida de las personas en algún momento pasa el Señor a tu lado y puede que te invite a seguirle. Yo dije que sí. Y aquí estoy, luchando por ser santo en medio del cogollo de cada día, incluido Internet y los blogs.
Estoy muy orgulloso de ser miembro del Opus Dei. Y con la gracia de Dios, de ser fiel, un cristiano de la calle que intenta hacer oración de su trabajo, de sus lecturas o de su familia.

En cuanto a los problemas del matrimonio son la sal que da sabor. Mi alegría pasa por la alegría de mi mujer, mi felicidad por la suya. Y viceversa. Yo lo único que quiero es estar con ella, aprender a través de ella la ternura y la misericordia que me regala Dios.

Saludos y feliz fin de semana.

Anónimo dijo...

Yo también le voy a hacer una pregunta.

¿No cree que los escritores hoy en día sñolo se preocupan del dinero y de salir en los medios de comunicación?

Anónimo dijo...

Se escribe y se publica tanto que ya se ha convertido en una vulgaridad.