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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


viernes 3 de julio de 2009

“Cuentos completos”, de Eudora Welty



El cuento es un género literario que va muy bien para cualquier estación. Se adecua perfectamente a las más diversas circunstancias del vivir. Sobre todo hoy en día, que hemos perdido el don de la parsimonia, de hacer las cosas despacio y a conciencia, con esa demora que aprecia palmo a palmo y detalle a detalle lo que estamos leyendo, o mirando o respirando... La vida se nos escapa entre risas estúpidas y prisas inauditas. Corremos y nos apresuramos en un esprín delirante, y vamos perdiendo el resuello del alma. Quizá sin darnos cuenta, tan embebidos estamos. ¿En que? No apreciamos lo que sucede -el temblor de las hojas o el de las olas, o el de esos labios que te quieren-, no distinguimos apenas la mansedumbre de la naturaleza, de asuntos tan infinitos como unos ojos o unas nubes. Carecemos de fijeza e interés por las cosas sencillas (esas flores o esa partida de ajedrez con tus hijos o un paseo). Nos apresuramos, miramos el reloj -exhaustos-, corremos más todavía, y no acabamos de llegar a la felicidad que anhelamos. Los problemas no remiten, se acentúan. Nos precipitamos en un cúmulo de naderías y alucinaciones. Uf, uf, que no llegamos, que tenemos más y más prisa, que nos obcecamos. Uf, uf, no podemos más… Y comenzamos -puede ser, puede ser- a hacernos preguntas, a interrogarnos sobre las precarias condiciones de nuestras vidas. Y estando en ésas tal vez pensemos que nos conviene reconquistar el alma. Y la buena literatura puede ayudarnos a ello, puede ser un peldaño. Pero hasta los libros se nos hacen muy largos, demasiado para tantas cosas como tenemos pendientes. ¡Son tantas las gestiones imprevisibles del hombre postmoderno! ¿Entonces? Dos opciones claras: poesía o cuentos. Quedarnos con dos versos de ese poema, o con la idea de ese cuento que se lee en diez minutos, o en veinte. Es conveniente recomenzar con distancias cortas. El cuento es un género literario muy adecuado para estos tiempos. La extensión es accesible, y si es bueno no nos olvidamos fácilmente de él y de sus consecuencias. Y queremos más. Y un cuento nos llevará a otros, sin perder el hilo. Atrévanse con los Cuentos completos de la norteamericana Eudora Welty (1909-2001) editados por Lumen. Sorbo a sorbo el lector va degustando la magistral pericia con la que la escritora -de la que se cumplen 100 años de su nacimiento- nos va mostrando la naturaleza más íntima de las personas. Ése es su fuerte. Toma un personaje cualquiera y lo convierte en alguien único y especial, a partir del cual nos deja entrever también no poco de sus propias inquietudes. Su estilo es casi puntillista y lleno de perspectivas -no en balde fue fotógrafa- y muy metafórico, en una prosa llena de lirismo, de instantes y párrafos sumamente poéticos y evocadores. Y desmenuza la existencia de esos seres sobre los que escribe en un cúmulo de emociones, experiencias cotidianas y relaciones personales. Como a Balzac (estoy leyendo su Ferragus, en Minúscula) le interesa la condición humana, todo ese embrollo de sentimientos, virtudes, sueños y defectos que somos los hombres. Todo ello va tejiendo los nudos suficientes y eficientes que tejen el tapiz que es -o debiera ser- la vida y que es -o debiera ser- la literatura: esa constante búsqueda de alegría, de armonía, de consuelo, de amor, de belleza. Eudora Welty es lo que quiere resaltar: la excelencia de lo ordinario, de lo que parece no tener importancia, pero que a la postre es lo que realmente importa y subyuga y apasiona al lector, y hace de la literatura el milagro que resulta en ocasiones ser. Y para ello cuenta historias que se inspiran a su alrededor -todo ese mundo del Sur de los Estados Unidos- que sólo cobran identidad propia en su interior. Ya es un tópico hablar de las tres grandes escritoras del Sur (y de la literatura universal): de Katherine Anne Porter (la descubridora de Welty), de Flannery O’Connor (para mí gusto la mejor), y de Eudora Welty. Las tres están en el catálogo de Lumen gracias a la impagable labor del editor Andreu Jaume, al que los lectores nunca estaremos suficientemente agradecidos. Todos estos cuentos son una ocasión única de comprender mejor la naturaleza humana y el porqué de la grandeza que significa para todos nosotros la literatura.

18 comentarios:

Anónimo dijo...

Esto es mucho más que una crítica literaria, es literatura. Fascinante como nos cuentas los libros y tu percepción de ellos y todo los qu eles rodea. Los vives, se nota que son para ti vida. Yo te doy las gracias porque no he leído a nadie que lo haga así.

Anónimo dijo...

Leí un libro con cuentos de O'Connor. Soberbios. Si es esta mujer la mitad de buena me haré con ellos.

Anónimo dijo...

Me encantaría que, en vez de contarnos todo lo que lee, nos explicara cómo se organiza, de dónde saca el tiempo para leer.

Anónimo dijo...

"...perdido el don de la parsimonia, de hacer las cosas despacio y a conciencia, con esa demora que aprecia palmo a palmo y detalle a detalle lo que estamos leyendo, o mirando o respirando… La vida se nos escapa entre risas estúpidas y prisas inauditas. Corremos y nos apresuramos en un esprín delirante, y vamos perdiendo el resuello del alma. Quizá sin darnos cuenta, tan embebidos estamos…No apreciamos lo que sucede , no distinguimos apenas la mansedumbre de la naturaleza. Carecemos de fijeza e interés por las cosas sencillas. Nos apresuramos, corremos más todavía, y no acabamos de llegar a la felicidad que anhelamos... Nos precipitamos en un cúmulo de naderías y alucinaciones"

A partir de ahora, cuando alguien me pregunte, diré que no leo nada de menos de 800 páginas. "La vida feliz" tampoco.

Anónimo dijo...

Uno suele leerse a sí mismo aunque no quiera, sobre todo cuando escribe.

Anónimo dijo...

Lo bueno si breve...

Anónimo dijo...

Me llama, me llama...

Anónimo dijo...

Me pregunto si tendré que leerme todo lo que dice para comprender mejor la naturaleza humana, mucho me temo que ni por esas,que a los humanos no hay quien nos entienda. Así que voy a ahorrarme el trabajo, mejor me voy a la piscina y me dedico a observar las humanas naturalezas al sol.

Anónimo dijo...

La ocasión lo merecía. Gracias a la extraordinaria ya que ayer estaban en mi ciudad la mayoría de los comercios abiertos, puede hacerme con estos CUentos completos.

La peluquería me cuesta casi el triple. Sin el casi.

Anónimo dijo...

Nombra a Balzac. ¿Le gusta? Hay una biografía sobre él de Stefan Zweig que le recomiendo.
Saludos.

Anónimo dijo...

Afortunados los que todavía pueden comprar libros, porque ni sus estómagos, ni sus bolsillos, ni sus conciencias saben aún lo que es la crisis.

Anónimo dijo...

Me he leído los 3 primeros cuentos en una librería. Es buena esta tía. Pero no tengo un duro ahora. Esperaré alguna ayuda y me haré con él. LUIS.

Anónimo dijo...

Lo mejor de todo el artículo es el comienzo.

Anónimo dijo...

Abrí el libro al azar y leí el cuento titulado "El recital de junio". Luego seguí leyendo hacia atrás. Cuando llegue al principio del libro, seguire desde "El recital de junio" hasta el final. Manías.

Anónimo dijo...

De este blog cada vez me gustan más los comentarios de sus lectores.
Aparte de esto quería decir que el inicio de la reseña sobre Welty es genial. Logra que el que lo lee empiece a preguntarse si no merecerá la pena adquirir un libro que produce todos esos efectos.

Anónimo dijo...

El día 10 me voy de vacaciones. Estoy que no estoy. En una cartera tipo Indiana Jones estoy metiendo los libros que me llevo. Un montón de novelas. Sólo un ensayo, de Guardini. Y estos cuentos de Eudora Welty, que pesan un quintal.

Anónimo dijo...

Si dices que la tal Oconnor es la mejor habrá que verla antes que la Welty. ¿Escribiste algo sobre Oconnor? voy a mirar en tu buscador del blog.
Saludos.

Huna Nónnimo Maz dijo...

Es el primer blog que visito en todos estos años cuyos comentarios son hechos únicamente por anónimos. Y lo mejor es que todos escriben en tonos muy parecidos, y se comentan y hasta elogian unos a otros. Si fuera un poco más desconfiado imaginaría a un hombre que se la pasa acariciando su blog horas enteras, y acicalándolo con comentarios de lectores imaginarios para matr el rato. Pero nah! Seguro que es coincidencia. Y claro, gracias por la mención a Eudora, que tiene setimeinto y sensatez.