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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


lunes 6 de julio de 2009

Sé pocas cosas



Aparte de libros, ¿sé aconsejar sobre algo más? Es una pregunta que me hago. Y lo primero que me respondo es que no me gusta nada lo de aconsejar a los demás. Eso de meterme en libertad ajena como que no me acaba de convencer. Esto no quiere decir que cada palo aguante su vela y que yo a lo mío y sanseacabó. No. Tampoco se trata de llevar las cosas a su extremo. Pero cuando alguien te pide consejo o te plantea unas determinadas dudas te ves a ti mismo más precario que de ordinario. Piensas lo del refrán: “consejos doy que para mí no tengo”. ¿Quién soy yo para decirle nada a esta persona que es mucho mejor que yo? Y suelo derivar la consulta a otros individuos más doctos e instruidos, en virtudes e inteligencia. Que no, que no es por quitarme a la gente de encima. Mira que se es malpensado. Podría, pero no. Se trata de una especie de pudor que hace que me resista todo lo posible a decirle a alguien lo que tiene que hacer o decir o manifestar. Ha habido quien me ha dicho que soy especialista en literatura, o que tengo cierta facilidad para llegar al corazón. Pamplinas. Soy un simple apasionado de la vida, un enamorado de casi todo lo que está a mí alrededor. Eso sí. Y Dios por encima y por dentro y apuntalando el alma y saliéndome al encuentro. A lo que iba. Que no, que no me agrada aconsejar. E insisto con el interrogante del comienzo: libros aparte, ¿sé aconsejar sobre algo más? Lo pienso y no se me ocurre nada. ¿Sobre la educación de los hijos? Por favor, si yo soy el primero en acabar a gritos y soltar improperios a diestro y siniestro (si me oyeran). Será por aquello de la hartura. ¿Sobre el amor amor? Me parece excesivo que yo ande diciendo vaguedades cuando hay libros tan cabales sobre ello. Y cuando me atrevo, lo único que me sale es mi propia vida, a borbotones. Dudo que sirva, pero es lo único que tengo (y ni eso, porque en realidad no es mía). Siempre he sido bastante reacio a las teorías, a la mera enumeración de reglas, patrones y estadísticas. Vida, principio vital, fe de vida; a ser posible en un tono de amable confidencia, de biografía del alma. ¡Ay, el alma! No hago más que nombrarla y esbozarla sobre la página. Canta el poeta nicaragüense Salomón de la Selva: "¡Señor, se me va el alma! / Fuera de los sentidos, con alas prodigiosas, / abarca en su volar el universo (...)". El mundo son las almas, aunque sólo veamos cuerpos y materia. Y puedo asegurar que las percibo por la calle, en los libros o buceando bajo el agua. Son ellas con las que dialogo y convivo, las que me preguntan y encandilan. ¿La vida? El alma, su meollo. Y llenarla de Dios, de paz, de orquídeas. Pero he acabado yéndome por las ramas. Como suelo.

12 comentarios:

Anónimo dijo...

Sigue yéndote por las ramas, creo que no vas mal encaminado.

Anónimo dijo...

En las ramas cantan las aves más armoniosas, no lo olvides.

Anónimo dijo...

Pero esa armonia nace del alma.

Anónimo dijo...

Por eso el que sabe de verdad es el que tiene encuenta el alma.

Anónimo dijo...

Y si encima escribes bien...

Anónimo dijo...

Ninguno somos ejemplos de nada. Pero tú escribes de cojón.

Anónimo dijo...

Ahora es noviembre. Un mes tranquilo. Llueve.
Acaso sea para mí la vida
este solo llover y esta dormida
parte del mundo eternamente leve.

Las sombras del camino que se aleja,
la iglesia y el zarzal, las telarañas
y este pensar en ínsulas extrañas
tan sólo por libar, como la abeja.

Dulce es la vida así, la miel amarga.
Es casi equivocarse estar seguro.
El arte es breve, mas la muerte larga.

Quizá me he confundido de pasado,
de presente tal vez y de futuro.
Quizá ya sólo sea lo soñado.

Andrés Trapiello

Guerrera de la LUZ dijo...

Pues también de vez en cuando tenemos que servir a los demás en eso, pero siempre pidiéndole primero luces al Espíritu Santo, porque hay un Don, que es el Don de Consejo, hay que pedirlo muchas veces; consiste en escuchar atentamente y con mucho cariño, meternos en la piel de quien acude en nuestra ayuda, y simplemente prestar nuestros labios al Espíritu Santo para que sea El quien aconseje a esa persona.

Es muy bonito lo que has escrito y también me encanta como escribes, seguro que estás haciendo mucho bien.

Un saludo.

Anónimo dijo...

EL DÍA MÁS BELLO : hoy
LA COSA MÁS FÁCIL: equivocarse
EL OBSTÁCULO MÁS GRANDE : el miedo
EL MAYOR ERROR : abandonarse
LA RAIZ DE TODOS LOS MALES: el egoismo
LA PEOR DERROTA : el desaliento
LOS MEJORES MAESTROS: los niños
LA PRIMERA NECESIDAD : comunicarse
LA MAYOR FELICIDAD : ser útil
EL MISTERIO MÁS GRANDE : la muerte
EL PEOR DEFECTO : el malhumor
EL SER MÁS PELIGROSO : el mentiroso
EL SENTIMIENTO MÁS RUIN : el rencor
EL REGALO MÁS BELLO : el perdón
LO MÁS IMPERESCINDIBLE . el hogar
LA SENSACIÓN MÁS GRATA : la paz interior
EL ARMA MÁS EFICAZ : la sonrisa
EL MEJOR REMEDIO : el optimismo
LA MAYOR SATISFACCIÓN : el deber cumplido
LO MÁS HERMOSO DE TODO : el amor

Anónimo dijo...

Puedes escribir sobre lo que te dé la gana. Los libros siempre salen por todas partes y eso me agrada. Sin libros no hay vida. Soy una enferma de los libros.

Lucía

Anónimo dijo...

el alma, su meollo. Pues tiene toda la razon. Sin alma se queda todo en una friolera.

Anónimo dijo...

Cuando me piden consejo y veo que dudo prefiero no decir nada. Es una tremenda responsabilidad.