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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


martes 11 de agosto de 2009

Carta de un tribuno romano a su mujer, antes de la batalla




Querida Lidia:



Estoy rodeado de relámpagos que alumbran la noche de Hispania. Desde mi lecho de campaña escucho la lluvia y el aullido del lobo. Estoy inquieto y solo. La luna no está y tengo miedo de morir mañana, de que se abran mis entrañas en un certero golpe de lanza o que el vuelo de una flecha se clave en mi garganta. Amada mía, lo reconozco, tengo miedo de ser cobarde; de dar mi último aliento en esta tierra salvaje, en este barro mezclado con sangre. Y en este instante repaso mi vida y siento un vértigo que no sé como explicarte. Me falta tu cálido cuerpo, tus piernas alrededor de mi cintura, y esas manos que empuñen mi espada antes de la batalla. Me falta el valor de tu amor, tu presencia. No sé si mañana estaré vivo o habré ya muerto. Y este pensamiento me llena de horror, de un vacío que no me deja conciliar el sueño. ¿Qué hago yo aquí Lidia? ¿Qué hago en esta tierra inhóspita? Nada me consuela. ¿De qué me sirve ahora la poesía de Horacio o de Virgilio, o el mármol sagrado de Roma? Estoy solo. Rodeado de enemigos que son peores que los lobos. Lidia mía, apenas veo la tinta con la que escribo y la humedad y el frío son como un anticipo del hierro de la muerte. ¡Si mis hombres supieran que tengo miedo! Pienso en nuestra casa y en nuestros hijos. Pienso en la biblioteca y en los amigos. Pero sobre todo pienso en tus hombros desnudos y en tu espalda... Me conforta imaginarte así, dispuesta a entregarme tu ser por completo y a hacer realidad mi vida. Quiero ser digno de ti, luchar hasta el final, ser valiente. Ya está, ya llega la hora. Los centinelas han dado la voz de alarma. Dentro de un rato estaré luchando por ti, que eres lo único que me importa. Y si muero, moriré sólo por ti Lidia, sólo por ti. Te lo prometo.


Besos amada mía.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Querido Marco,

Acabo de recibir tu carta y , como no tengo otras noticias, prefiero pensar que sigues vivo .
Deseo que sigas vivo porque te necesito, no solo echo de menos tus labios sobre mi espalda y tu cintura entre mis piernas; me faltas entero, me falta tu compañía ,tus miradas, tu conversación, tus risas, tus consejos, tu presencia...
Comprendo tus miedos , yo también me pregunto:
¿Qué hago yo aquí ? ¿Qué hago en esta tierra inhóspita ? ¿De qué me sirve ahora la poesía ? Estoy sola. Rodeada de enemigos que son peores que los lobos.

No tengo respuestas, Marco, me consuela pensar que los dioses lo quieren así , pero me pregunto si no será ésta una forma de rendición.
Te espero cada minuto, no mueras todavía , te necesito.

Besos amor.

Anónimo dijo...

Una pasada de carta. Alucinante, de verdad.

Anónimo dijo...

Una carta de amor deliciosa. La batalla supongo que es lo que nos espera cada día.
Raúl.

Anónimo dijo...

La foto no me gusta mucho, pero el texto es maravilloso, hasta un poco picante ¿no?

Y gracias por el poema de ayer.

Manolo.

Angel dijo...

Que maravilla comprobar que tus entradas encienden el fuego de la poesía. Ha sido una gozada leer todos los comentarios que se han hecho. Genial, Fantástico

Anónimo dijo...

Querido Marco:

Se me olvidaba: mucho cuidadito con las hispanas que tienen fama de fogosas, reserva el ardor para la batalla y guarda ese fuego para mí.

Te espero amor mío.

Anónimo dijo...

¿Quién daría hoy en día su vida por la amada o el amado? Puede que sea pesimista y me llevara una sorpresa, pero de entrada eso, soy muy pesimista. Diego C.