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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


jueves 20 de agosto de 2009

Correrías, risas, juegos...



El juego de los niños es nuestro propio juego, la resonancia de las mismas risas. Sus bicicletas es la mía -¡¡mirad, sin manos!!- cuesta abajo y entornando los ojos. La velocidad de la vida no estorba la alegría. Y nos hacemos fotos y tenemos agujetas en las piernas. Los años no se notan en el nogal de siempre. Miramos las piedras con detenimiento y los matices de la luz en los campos. El ayer sigue aquí, muy presente. Es la misma mirada; el deslumbramiento de las hormigas, de las moras y de los caracoles. Estas risas que me pareció escuchar entonces y que ahora son más nítidas… Mi familia. Estas voces que no cesan. El tacto del manillar, el freno de la rueda de atrás que se atasca en el tiempo. Los cardos, los baches del asfalto, el barbecho de la tierra. Y las risas, y los olmos y las cosechas. Y las magdalenas con chocolate. Y las peras -tadavía verdes- del árbol que estaba junto al molino. El murmullo del agua durante la pesca, el dibujo de los zapateros sobre ella, nuestros rostros. Crecen las risas y las carreras y el esplendor de los girasoles. La carne de membrillo que preparaba la abuela. Nos paramos en la estación para poner monedas en las vías e investigar si queda algún vestigio de aquellos viajes antiguos. Pero apenas hay unos papeles y unos vidrios (¡tened cuidado!). Volvemos por otro camino. Más y más risas. La aventura de lo desconocido. Mis hijos. Los mosquitos, los juncos…

11 comentarios:

Anónimo dijo...

de Santiago Azar
. Ayer tú y yo, en un solo beso para la vida,
en el amor que nos conoció a los quince años
y yo pedaleando para un nunca llegar tarde a tu corazón.
Fuimos nosotros los que inventamos el beso en una bicicleta,
la edad de las miradas con un cuaderno en la mano.
Fuimos nosotros, los que sin respirar, nos cansamos de viajar;
y ayer, sólo ayer, las calles dicen: Allí van, son ellos!,
pero fue tan rápido que pedazo a pedazo nos despedimos.
Tú y yo, querida, ahora quizás dónde, dónde volveríamos a rodar,
dónde volveríamos a comandar dos ruedas como a un barco,
dónde volveríamos a conquistar los mundos con un sueño.
Eso no m importa, porque en mi memoria tengo un niño despierto,
llevo a ese revoltoso quinceañero en los dedos del alma,
tengo aún, esos años diminutos como zapatos de liceano.
Entonces, será a las siete, te pasaré a buscar como cochero,
subirás en mi caballo veloz con rayos de aluminio,
dispuesta a saltar a la gloria al besar cada calle,
recostándote en cada parada para retomar las fuerzas.
Entonces, será a las siete, cuando llegue a tu casa,
salgas a recibirme como ansiosa de la nueva carrera.
Entonces, son las siete y recuerdo tu mano en la mía,
riendo del pedaleo en mañana y tarde,
cuando nos amamos en una bicicleta sobre la vida,
cuando se me vienen los quince felices años,
ahora que son más, sin bicicletas ni sueños.

Anónimo dijo...

Cuerpo feliz que fluye entre mis manos,
rostro amado donde contemplo el mundo,
donde graciosos pájaros se copian fugitivos,
volando a la región donde nada se olvida.
Tu forma externa, diamante o rubí duro,
brillo de un sol que entre mis manos deslumbra,
cráter que me convoca con su música íntima,
con esa indescifrable llamada de tus dientes.
Muero porque me arrojo, porque quiero morir,
porque quiero vivir en el fuego, porque este aire de fuera
no es mío, sino el caliente aliento
que si me acerco quema y dora mis labios desde un fondo.
Deja, deja que mire, teñido del amor,
enrojecido el rostro por tu purpúrea vida,
deja que mire el hondo clamor de tus entrañas
donde muero y renuncio a vivir para siempre.
Quiero amor o la muerte, quiero morir del todo,
quiero ser tú, tu sangre, esa lava rugiente
que regando encerrada bellos miembros extremos
siente así los hermosos límites de la vida.
Este beso en tus labios como una lenta espina,
como un mar que voló hecho un espejo,
como el brillo de un ala,
es todavía unas manos, un repasar de tu crujiente pelo,
un crepitar de la luz vengadora,
luz o espada mortal que sobre mi cuello amenaza,
pero que nunca podrá destruir la unidad de este mundo.

Anónimo dijo...

Quiero ir!!!!!

Anónimo dijo...

Pues ve, nadie te lo impide.

Anónimo dijo...

que no hay lugares ni viajes ni caminos maravillosos, sino caminantes maravillados.

Anónimo dijo...

No sé a qué horas escribe, la verdad.

t.l. dijo...

"no hay lugares ni viajes ni caminos maravillosos, sino caminantes maravillados"

Tienes toda la razón, no perdamos la capacidad de asombro.

Anónimo dijo...

Esto es un poema; me llama la atención su ritmo y la naturalidad de las imágenes. P.R.

Anónimo dijo...

He terminado de leer lo de hoy y lo de ayer completamente maravillado. Tómelo como quiera.

Anónimo dijo...

La felicidad no es una estación a la que se llega, sino una forma de viajar.

HH

Anónimo dijo...

Esos bichos del agua tan feos no podían tener otro nombre.