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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


sábado 12 de septiembre de 2009

“Pedro Salinas y su circunstancia”, de Jean Cross Newman



Pedro Salinas es uno de esos escritores y poetas extraordinarios que en el mundo han sido. Yo no sé pasar sin él. Cada día ejerce más y más influencia en mí (todo lo que escribió y dijo me interesa). Tengo libros suyos diseminados por todos los sitios. Poesía y ensayo sobre todo. Aquí Largo lamento. Ahí El defensor (un libro tan magnífico que nunca me canso de leerlo, que nunca deja de sorprenderme). Allá una edición de bolsillo de La voz a ti debida (que como escribió certeramente Bergamín “nos dice, claramente, sencillamente, sin veladura alguna, en verdad, una poesía de verdad”). En la cartera sus reflexiones sobre la poesía de Jorge Manrique. En la mesilla de noche sus Obras Completas en Cátedra. Y sus cartas. ¡Ay sus enjundiosas misivas a su mujer Margarita -"yo en mi amor a ti he hallado esa voz que me permite decir la vida"-, o a Katherine! Me parece que son como el quicio de toda su obra. En sus cartas está todo. Está su alma y su corazón; está la fidelidad y lealtad a sus amigos; está su concepto del amor (que es su verdadero genio); y está su cosmovisión del mundo y de la realidad de su literatura. Cartas donde hace una maravillosa e íntima introspección de la vida, de su vida. Pedro Salinas, una gran intelectual, uno de los mejores de la España del XX; pero sobre todo un poeta universal. Un hombre que se hizo respetar y querer por hombres como Ortega y Unamuno, Azorín y Menéndez Pidal, Juan Ramón y Gabriel Miró. Y tantos más. Fue el hermano mayor y maestro y amigo de una constelación de poetas irrepetibles: Jorge Guillén, Luis Cernuda, Dámaso Alonso, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Vicente Aleixandre… La llamada Generación del 27. Su magisterio era reconocido. Un magisterio que no sólo se constreñía a lo intelectual. Era toda su persona, que uno aprende a querer y a admirar. Y eso es lo que, a falta de una biografía más completa y más definitiva, rastrea Jean Cross Newman en su obra Pedro Salinas y su circunstancia (Páginas de Espuma). Su infancia y juventud en Madrid, París, la cátedra de Sevilla, vuelta a Madrid, Residencia de Estudiantes, Universidad Internacional de Verano de Santander (uno de sus mayores logros), amigos y más amigos, Margarita, su poesía, su dolor por el dolor fratricida de España y por la irracionalidad del hombre, América (estancia en Estados Unidos y Puerto Rico)… Un escritor al que le costaba hablar de su obra, un profesor universitario realmente sabio y con una vocación innata por la enseñanza, un hombre discreto y tímido y muy emotivo, un padre que gozaba como ninguno de sus hijos... A propósito de esto es célebre el retrato que de él hizo Vicente Aleixandre, donde dice: “De aquel montón de niños y hombre surgía un brazo, un brazo extenso, y del brazo surgía una mano, y en la mano, allí en el extremo último, todavía algo: una pluma. Lejana, lejanísima, alcanzaba a una mesa, y allí, casi quimérico, a un papel… Aquel abigarrado montón de niños y hombre estaba escribiendo”. O como cuando años más tarde, sus hijos ya estudiando en Estados unidos, se queja con ironía de que su vástago Jaime juegue a fútbol americano. Le cuenta a Juan Centeno (y yo lo cuento porque a veces te dicen más de una persona este tipo de cosas que mil volatines eruditos): “El mozo o fenómeno titulado Jaime ha caído en la más perversa y traidora de las trampas;… el doncel fue lanzado a un campo de mullida hierba, en el cual veinte y un zagalones más se entregaban frenéticamente a la persecución de un cuero vacío, y desde ese día forma en las filas del equipo de football”. ¿Cómo no sentir cercanía ante un hombre así? Y quiero recomendar esta biografía escrita por Jean Cross porque estoy seguro de su eficacia como puente que lleve al lector, que no haya catado aún la obra de Salinas, a decidirse y maravillarse como pocas veces lo haya hecho con un escritor. Y, como me ocurre a mí desde hace tantos años, ya no podrán prescindir de él.

32 comentarios:

Anónimo dijo...

Mi intención no es añadir más cosas falsamente imprescindibles a mi vida, por el contrario: vivo en el intento de prescindir de todas ellas .

Anónimo dijo...

¿Imprescindible imprescindible?Espérate que piense.

Anónimo dijo...

Los libros de Pedro Salinas, claro, ¡Dios mío!, ¡¡¿ cómo he podido vivir sin ellos?!! Ya sabía yo que le faltaba algo a mi vida, gracias por descubrírmelo.

Ya no duermo hasta mañana que me voy a comprarlos en cuanto amanezca.

Anónimo dijo...

¡Los libros de Pedro Salinas!, ¡claro!, Dios mío, ¡¡¿cómo he podido vivir hasta hoy sin ellos?!!

Anónimo dijo...

Necesito de ti, de tu presencia,
de tu alegre locura enamorada.
No soporto que agobie mi morada
la penumbra sin labios de tu ausencia.

Necesito de ti, de tu clemencia,
de la furia de luz de tu mirada;
esa roja y tremenda llamarada
que me impones, amor, de penitencia.

Necesito tus riendas de cordura
y aunque a veces tu orgullo me tortura
de mi puesto de amante no dimito.

Necesito la miel de tu ternura,
el metal de tu voz, tu calentura.
Necesito de ti, te necesito.

R de León

Anónimo dijo...

Pedro Salinas es el mejor del 27. Su poesía es deslumbrante, de una confidencia y ternura y sentido moral de la vida asombrosas. Yo estoy de acuerdo contigo Guillermo. Salinas es además un prosista de primer orden. Era un autor que decía cosas de interés, capaz con un solo poema de todo lo bueno.
Hay que leerlo.
Sergio.

Anónimo dijo...

Cualquier cosa, yo también estoy de acuerdo, Sergio o Guillermo, hay que leer cualquier cosa : a Salinas o a Pamplinas , el caso es tener un libro en las manos para que no nos molesten, es la mejor manera de mandar al mundo , con mucha educación , eso sí, a hacer gárgaras y quedarnos tranquila y felizmente solos, una delicia.

Anónimo dijo...

a lA VOZ A TI DEBIDA le debo mi afición a la poesía. En un libro que tenía mi padre en su despacho, lo recuerdo bien.
Me cuesta leerla, no me resultan fáciles algunos poetas, pero volver a Salinas es como volver a casa.

Anónimo dijo...

Gracias por este libro. Aunque la vida de un escritor ¿no es su propia obra?
Debería si fueran todas verdaderas.

Anónimo dijo...

¿Quién necesita libros, falsos remedios de todos los males?

Anónimo dijo...

Un café con leche y cianuro es lo que necesito.

Anónimo dijo...

Yo no necesito leer a Salinas ni a su padre.

Anónimo dijo...

Descubrimiento: no necesitamos leer libros, ni nada, ni nadie.

Anónimo dijo...

    
No necesito del jardín,
para nada.
El no viene a mi encuentro
en la noche más áspera.
No necesito del naranjo
para nada.
Siempre su engaño cruel
con esa fruta amarga
ardiéndome en los labios.
Amarga como esta casa
que ha perdido los ecos
.

Si por lo menos fuera
el silencio
de algún zapato
con el cordón desatado
o un pantalón en desorden
tirado sobre la cama.
Si por lo menos eso,
pero ya nada
nada.
S G

Anónimo dijo...

fácil, rápido, limpio.

Guillermo Urbizu dijo...

Los libros, los buenos libros ayudan en determinadas épocas de nuestras vidas. Personalmente me ayudan casi siempre. Digo, los buenos libros. Y los de Pedro Salinas pertenecen a este grupo de confidentes que me escuchan y me socorren.

Imprescindible ya sé que no hay nada en la vida. Pero algunos libritos nos ayudan a acercarnos a los Imprescindible, que no es otra cosa que la felicidad. Para mí el amor de Dios.

Dejémonos de ironías y lean a Salinas. Aunque sólo sea un poco. La amargura no es buena consejera, ni la zoquetería. Abramos el alma para que entré la brisa de la gracia y de la misericordia de Dios, que es Verdad y Belleza.

Estoy de acuerdo con Sergio, Pedro Salinas es el mejor del 27. Tal vez junto con Cernuda. Es mi opinión. (Y no, yo no soy Sergio).

Para los últimos anónimos: necesitamos a los demás más de lo que nos creemos. No despreciemos el misterio y la maravilla de la Poesía.

Saludos y buen fin de semana a todos. Con o sin Salinas.

Anónimo dijo...

Falso , nadie necesita a nadie y mucho menos a un libro.

Anónimo dijo...

Os necesito, Luis Cernuda y Pedro Salinas. Os necesito, Giacomo Leopardi y Emily Dickinson. Os necesito, Jorge Luis Borges (que era el que más veía) y José Miguel Ibáñez Langlois. Os necesito, Thomas Stearns Eliot o Jane Kenyon. Os necesito, Claudio Rodríguez y Luis Rosales. Os necesito, Paul Claudel y Novalis (Georg Friedrich Philipp Freiherr von Hardenberg). Os necesito, Jaime Siles y Antonio Colinas. Y te necesito, Miguel D’Ors.

¡Cuánta gente! Necesita un autobús .

Anónimo dijo...

¿Qué he soñado esta noche?
Era algo alegre. Iba
y venía por el aire.
Pero todo se queda ahí:
en el aire. ¿Qué era?
¿Dónde estaba yo mientras soñaba?
Quizá seguía a las nubes
o a la música de un violín que sonaba.
Era feliz sin nada. Volaba.
¿Qué miraba desde la altura?
¿Quién sostenía mi mirada ?



" Era feliz sin nada." ¿Sueño o revelación ?

Anónimo dijo...

A mí de la generación del 27 me gusta Lorca.

Anónimo dijo...

Esta participacíon de Anónimo es excelente

"¿Qué he soñado esta noche?
Era algo alegre. Iba
y venía por el aire.
Pero todo se queda ahí:
en el aire. ¿Qué era?
¿Dónde estaba yo mientras soñaba?
Quizá seguía a las nubes
o a la música de un violín que sonaba.
Era feliz sin nada. Volaba.
¿Qué miraba desde la altura?
¿Quién sostenía mi mirada ?



" Era feliz sin nada." ¿Sueño o revelación ?



De quién es?

Anónimo dijo...

Pues a mí puestos a elegir la poesia que me va es la de Enrique Ponce.

Un aficionao.

Anónimo dijo...

Yo no le discuto la calidad literaria de nadie y que si lo slibros son pistonudos, pero ahora lo que más me preocupa es la gilipollez y despotismo de los gobernantes de España, y de una buen aparte del mundo.

T.

Anónimo dijo...

"¿Qué he soñado esta noche?
Era algo alegre. Iba
y venía por el aire.
Pero todo se queda ahí:
en el aire. ¿Qué era?
¿Dónde estaba yo mientras soñaba?
Quizá seguía a las nubes
o a la música de un violín que sonaba.
Era feliz sin nada. Volaba.
¿Qué miraba desde la altura?
¿Quién sostenía mi mirada ?

Guillermo Urbizu


Perdonad que no pusiera antes al autor, pensé que os acordaríais. Lo siento.

Anónimo dijo...

Yo no leo poesía y me siento mal por ello, porque leo bastante, sobre todo novelas. Las veces que me he puesto a ello es como si fuera yo de otro mundo. No entendía nada. ¿Cómo puedo hacer para entenderla y aficionarme a ella? Porque siento que debe ser algo bonito. Pero soy un desastre. Si tengo que pensar mucho dejo el libro.

Clara dijo...

También pienso que merece la pena leer a Salinas. A mi me lo descubrió una profesora de lengua y literatura a los 14 años. Desde entonces, lo leo, y sigue siendo mi preferido.
quererse como masas.
por detrás de la no muerte.

Anónimo dijo...

Igual me tomáis por idiota, pero creo que Salinas es un escritor bastante espiritual, muy preocupado por el alma, por el amor, por el sentido eterno de todo lo que contempla. En mis clases estudiamos sus poemas y prosas, y los alumnos lo prefieren a otros poetas y me dicen que lo sienten muy cercano.

Anónimo dijo...

A veces un no niega
más de lo que quería, se hace múltiple.
Se dice: ‘‘no, no iré’’
y se destejen infinitas tramas
tejidas por los síes lentamente,
se niegan las promesas que no nos hizo nadie
sino nosotros mismos, al oído.
Cada minuto breve rehusado
-¿eran quince, eran treinta?-
se dilata en sinfines, se hace siglos,
y un «no, esta noche no»
puede negar la eternidad de noches,
la pura eternidad.
(Qué difícil saber a dónde hiere
un no! Inocentemente
sale de labios puros un no puro;
sin mancha ni querencia
de herir, va por el aire.
Pero el aire está lleno
de esperanzas en vuelo, las encuentra
y las traspasa por las alas tiernas
su inmensa fuerza ciega, sin querer,
y las deja sin vida y va a clavarse
en ese techo azul que nos pintamos
y abre una grieta allí.
O allí rebota
y su herir acerado
vuelve camino atrás y le desgarra
el pecho al mismo pecho que lo dijo.
Un no da miedo. Hay que dejarlo siempre
al borde de los labios y dudarlo.
O decirlo tan suavemente
que le llegue
al que no lo esperaba
con un sonar de «sí»,
aunque no dijo sí quien lo decía.
P S

Anónimo dijo...

Si tan bueno era Salinas ¿Cómo es que tuvo una amante?

Anónimo dijo...

No sé lo que dirá el dueño del blog. Pero ¿Y qué tiene que ver el tocino con la velocidad? Lo de la amante ya lo juzgará Dios. Su poesía es su poesía: una obra de arte. Tú, buen anónimo, ¿estás libre de toda culpa? ¡Qué suerte la tuya!

Anónimo dijo...

El que no ha leído libros como Razón de amor o El Contemplado no sabe lo que se pierde.

Anónimo dijo...

No leo poesía, pero humanamente de esa generación de poetas al que no aguanto (ni muerto) es a Alberti. Sé que no debería, pero es superior a mis fuerzas. Por muy gran poeta que seas no puedes ser un h.p. tan grande.