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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


viernes 11 de septiembre de 2009

Sobre la lectura



La lectura es un acto de amor. Un ir desvelando los requiebros, los matices, la apasionada aventura, la identidad que en su pálpito esconde el hombre. Pero es también un profundo acto crítico, y uno de los más completos análisis de la existencia que conozco. Es decir, una interpretación del ser humano, de su proceder; un reconocimiento de su ser en el tiempo, de su fugacidad y de su anhelo de permanencia. Y sin apenas darnos cuenta ya no podemos vivir sin ella, sin el misterio de una lectura que es cifra de un pensamiento y de una más que íntima locura por aprehender el gozo de dar en la verdad. O en la belleza. Cervantes lo sabía bien. Don Quijote -y él mismo- no podía ser otra cosa que lector impenitente, un hombre que mira las cosas de cara y a las claras, que sueña; trascendiendo la vulgaridad ambiente y su rastro hipócrita. Una realidad que cuesta creer tal y como es. Sólo los necios interpretan la excelencia de una buena educación como debilidad. Nuestra existencia, a su vez, es leída por esos incisivos signos que nos auscultan el alma. El crítico -todo lector- observa con atención el pasmo de un trasmundo que permeabeliza la razón y la eleva más allá de la costumbre. Precisamos de todo ese buen número de páginas para ser, por fin, nosotros mismos. Entre el silencio de la tinta hallamos mil tesoros que de otra forma se nos podrían escapar o pasar desapercibidos. Con el libro debajo del brazo buscamos el rincón más adecuado, esos instantes de soledad que cobijen nuestros sentimientos. La lectura es sobre todo un enamoramiento y un misterio. Abrimos los libros con expectación y nos sumergimos en ellos oteando una perspectiva que trasciende lo ordinario, que lo interpreta y enaltece. Parece mentira, pero ese cúmulo de palabras puede hacer que nuestra vida cambie, tenga una ilusión. El que lo probó lo sabe. No renunciemos a los libros jamás. Escogiéndolos bien en primer lugar, leyéndolos con mimo a continuación, reflexionando sobre ellos y guardándolos siempre con el debido cariño.

11 comentarios:

Una mujer dijo...

La lectura es maravillosa, pero no es para tanto, exageras sobre manera, es una parte muy buena de la vida, pero no es todo.

Saludos

Rafael Lizárraga dijo...

Guillermo, gracias por recordarme por qué me gusta leer... y escribir.

Anónimo dijo...

Ay esos instantes de soledad donde te diviertes, te consuelas, te enamoras, piensas, rezas, intuyes, clamas, cantas... Eso es la lectura. Y usted lo ha escrito.

Anónimo dijo...

La lectura puede ser todo eso y más un día. Y al otro no.

Anónimo dijo...

Usted me preguntó qué es lo bueno de leer El Evangelio en Griego.
Yo respondo que eso es propio de nosotros mover nuestro dedo
A lo largo de las letras que perduran más que esas grabadas en la piedra,
Y que, despaciosamente pronunciando cada sílaba,
Descubrimos la verdadera dignidad de la palabra.
Compelido a ser obsequioso pensaremos esa época
No es más distante que ayer, aunque las cabezas de los Césares
En monedas sean diferentes hoy. Aún hasta esto es la misma eternidad.
Miedo y deseo son lo mismo, aceite y vino
Y pan significan lo mismo. Por tanto la misma veleidad de la multitud
Ávida de milagros como en el pasado. Todavía costumbres,
Fiestas de bodas, drogas, lamentaciones por la muerte
Solamente parecen diferir. Por consiguiente, también, por ejemplo,
Hubo muchos a quienes el texto llama
Daimonizomenoi, esto es, los endemoniados
O, si usted prefiere, lo diabólico (Lo de “los posesos” es el capricho
de un diccionario).
Convulsiones, espumarajos, rechinar de dientes
No se consideraron signos de talento.
lo diabólico no tuvo acceso a la impresión y a las pantallas,
escasamente comprometidas en artes y literatura.
Pero la Parábola Evangélica permanece con fuerza:
que el espíritu dominándolos puede entrar en puercos,
El cual, exasperado por semejante repentino choque
Entre dos naturalezas, la de ellos y la de Lucifer,
Salta dentro del agua y se ahoga (ocurre repetidamente).
Y, así, en cada página, un persistente lector
Va veinte centurias como veinte días
En un mundo que un día vendrá a su fin.

C M

Anónimo dijo...

Cuando era joven, yo a mí me decía:
¡Cómo pasan los días, día a día,
sin nada conseguido o intentado!
Mas, viejo, digo, con el mismo enfado:
¡Cómo, día tras día, todos son
sin nada hecho y sin nada en la intención!
Así, naturalmente, envejecido,
diré con igual voz e igual sentido:
un día vendrá el día en el que no
diré ya nada.
Quien nada fue ni es no dirá nada.

F Pessoa

Anónimo dijo...

¿No pesan demasiado los libros? ¿No ocupan mucho lugar? ¿No exigen demasiado silencio de cara a los demás?

El guerrero del antifaz

Anónimo dijo...

No es fácil escoger un buen libro, sobre todo cuando nos fiamos del criterio de cualquiera y estamos llenos de publicidad que "piensa" por nosotros.

Anónimo dijo...

Hay libros sin los que usted- eso dice-no puede vivir; yo también pensaba que no podía vivir sin muchas cosas ...

Anónimo dijo...

"Aún no estoy preparado para perderte...
No estoy preparado para que me dejes solo.
Aún no estoy preparado para crecer
y aceptar que es natural,
para reconocer que todo
tiene un principio y tiene un final.

Aún no estoy preparado para no tenerte
y sólo recordarte...
Aún no estoy preparado para no poder oírte
o no poder hablarte,
no estoy preparado para que no me abraces
y para no poder abrazarte.

Aún te necesito
y aún no estoy preparado para caminar
por el mundo preguntándome ¿por qué?
No estoy preparado hoy ni nunca lo estaré.

P N

Anónimo dijo...

Si digo pan
y mi poema no convoca
a los hambrientos a la mesa,
es porque la palabra ya no sirve
y la poesía exige otro lenguaje.

Si digo amor
y mi poema no provoca
una tormenta de besos y canciones,
es porque la palabra perdió su magia
y la poesía debe buscar una nueva voz.

Si digo vida
y mi poema no revienta
un alba de luceros y primaveras,
es porque la palabra quedó sin dioses
y la poesía debe estar al servicio del hombre.

Si digo libertad
y mi poema no revoluciona
la conciencia de los sedientos de paz,
es porque la palabra dejó de ser instrumento
y la poesía está obligada a cambiar de poetas.
G R S