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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.




miércoles, 16 de septiembre de 2009

Sor Emmanuel



Conozco a una monjita que se llama Sor Emmanuel. Vive desde 1989 en Medjugorje, un pueblecito de Bosnia y Herzegovina donde se aparece la Virgen desde 1981. Sor Emmanuel es parisina y se le nota. Posee una elegancia innata. Y carácter. Esbelta y vivaz. Su vida es Dios. Habla siempre con una sonrisa en los labios, por donde le aflora el alma: pujante, esplendente, bendita. Los ojos -no muy grandes- brillan, son testigos de milagros y abundantes maravillas. Brillan brillos de Dios, de un amor que nos necesita, que nos quiere infinitos. Sor Emmanuel habla de la necesidad de ser felices, habla de la ternura de Dios. Con apasionadas palabras o en recogidos silencios que conmueven hasta las lágrimas. Conversión de los corazones, conversación habitual con el Único que puede sacarnos del desánimo y de la angustia contemporánea: oración se llama esa intimidad con Dios, esa confidencia. Diálogo espiritual, desprendimiento del yo. Y por lo tanto la tan ansiada paz. Creo recordar que fue el 26 de junio de 1981 cuando la Virgen María dijo: “La paz debe reinar entre el hombre y Dios, y entre todos los hombres”. Sor Emmanuel no hace otra cosa que insistir en esto una y otra vez, con energía y urgencia, pero con serenidad y un tremendo cariño. Las almas debemos encontrar por fin esa paz, la precisamos para vivir de verdad. ¿Dónde? En la oración. Todo en nuestras vidas debe de ser oración, un derroche de amor. Y así alcanzaremos la paz en el corazón, la paz en las familias, la paz en los países, y la paz en el mundo. Esta monjita es un instrumento excepcional. Mensajera de la Reina de la Paz. Juan Pablo II bendijo su misión en 1996. Escribe sin parar y viaja por todo el mundo. Su impulso procede de la gracia y de la misericordia divina. ¿De qué nos habla? Del amor de Dios por medio de María. ¿Y nosotros? ¿Qué hago yo mientras tanto? Son ya tres las ocasiones en las que he estado y rezado con Sor Emmanuel, que he escuchado de sus labios la necesidad de conversión que me pide Dios. ¡A mí!, que no está mal para empezar, o para recomenzar. ¡Me conformo con lo mínimo! Al poco tiempo se me olvidan las cosas (o hago como si se me olvidan) y deambulo por mi pereza o desidia o comodidad. Y rezo a mi medida, al capricho de cualquier apetencia. Pero las palabras de Sor Emmanuel siguen en mi corazón y Dios me las recuerda.

12 comentarios:

Guerrera de la LUZ dijo...

Sor Emmanuel tiene el don de relatar los sucesos de Medjugorje, sus libros son una delicia. De cuando estuve con ella en San Jorge, recordaré siempre como fué el momento en el que nos invitó a todos a cogernos fuertemente de la mano de María.

Viva la Reina de la Paz!!

Anónimo dijo...

Lo de este blog es increible, un don de Dios para todos. Yo no sé si tú eres muy consciente de lo que te llevas entre manos querido Guillermo.
Hoy te has lucido y el instrumento has sido tú.

Nacho.

Anónimo dijo...

Todo lo que dice usted es cierto. Yo también he escuchado a esta monjita hablar al corazón. Notas con intensidad el cariño de la Virgen.

Anónimo dijo...

Que Dios la bendiga.

Anónimo dijo...

Le agradezco este artículo por lo que tiene de oración.

Anónimo dijo...

Pues la paz no reina hoy precisamente entre el hombre y Dios. Ese es el gran problema que tenemos. No la crisis económica, ni el calentamiento global, ni la mediocridad de los políticos... Bueno, sí es todo eso y más precisamente producido por esa separación de Dios, que ya no parece contar para nada. Se le insulta o ignora, se quieren borrar todas sus huellas. Con método y odio. Y la sociedad y las almas que la forman cada vez somos más huérfanos y escépticos de todo.

Anónimo dijo...

Voy a romper la pluma. Ya no la necesito.
Lo que mi alma siente yo no lo sé decir.
Persigo la palabra y sólo encuentro un grito
roto, inarticulado, que nadie quiere oír.

¡Dios mío, Tú el Poeta! ¿Por qué no me concedes
la gracia de acertar a decir cosas bellas?
Dame que yo consiga -merced de las mercedes-
interpretar las flores, traducir las estrellas.

Yo escucho sus secretos. Yo entiendo su lenguaje.
No el ser sordo, el ser mudo es mi condenación.
Para mí es como un alma dolorida el paisaje
y el mundo es un sonoro y enfermo corazón.

Llevo dentro, muy dentro, palabras inefables
y el ritmo en mis oídos baila sus armonías,
mientras vagan perdidas, ciegas e inexpresables
yo no sé que interiores, soñadas melodías.

Como un niño que tiende sus bracitos desnudos
a las cosas y quiere hablar y no sabe y llora...
así también ante ellas se abren mis labios mudos
de poeta sin palabras que el gran milagro implora.

Tú, Señor, que a los mudos ordenabas hablar,
y ellos te obedecían. Pues mi alma concibe
bellas frases sin forma, házmelas Tú expresar.
Ordénale ya :"Habla" al poeta que en mí vive.

G D

Anónimo dijo...

Apenas conozco un poco sobre Medjugorge y de Sor Emmanuel nada ¿Por qué no me dais algún título o referencia en la red? Si nos ayuda a rezar, a ser mejores hijos de Dios y a tener paz y esperanza ¡Yo me apunto y lo comparto!

Anónimo dijo...

En la lucha por la santidad hay que tener en cuenta la humildad:
Ante las propias caídas, acojamos aquella hermosa exhortación que nos hacía a todos su Santidad, Juan Pablo I: «Me limito a recomendaros una virtud muy querida del Señor: ha dicho: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”. Corro el riesgo de decir un despropósito. Pero lo digo: el Señor ama tanto la humildad que a veces permite pecados graves. ¿Para qué? Para que quienes los han cometido —estos pecados, digo— después de arrepentirse lleguen a ser humildes. No viene gana de creerse medio santos, medio ángeles, cuando se sabe que se han cometido faltas graves» .

Así pues, por más que caigas una y mil veces, aún gravemente, y siempre en el mismo pecado, ¡jamás dejes de luchar con humildad y serenidad! Ten siempre presente que la victoria final la ha prometido el Señor no a los que nunca pecan, sino a aquellos que a pesar de sus múltiples y repetidas caídas, perseveren hasta el fin en la caridad.

Anónimo dijo...

Sus lectores creo que le debemos estar muy agradecidos. Es de valientes escribir estas cosas y sobre determinadas personas. Son el faro que Dios nos da y no que remo sver ni escuchar. y usted multiplica el mensaje de Sor Emmanuel.
Que Dios le bendiga.

Anónimo dijo...

Yo creo que la Virgen no quiere cuentas conmigo. He leído el texto veinte millones de veces y sigo igual. En el fondo la comprendo.

Anónimo dijo...

Yo creo que la Virgen no quiere cuentas conmigo. He leído el texto veinte millones de veces y sigo igual. En el fondo la comprendo.